El Barón de Ziend y su amigo Arthur habían bebido mucho y subieron muy tomados a la habitación del Barón, una vez llegaron allí la muchacha y su hermana estaban allí temblando imaginando lo peor. La menor de ellas lloraba y la mayor le pedía calmarse. ¡Hazle caso a tu hermana! Venimos a divertirnos y tú no vas a arruinar mi diversión o la de mi amigo, ¿Verdad Arthur? ¡El Barón tiene razón! Así qué cállate muchacha y quítate la ropa... ¡Yo quiero ya! Mirándolo el Barón Reginald de Ziend le dijo a su amigo Arthur... Si ella no quiere yo te presto la mía... Pero solo hoy Arthur, sólo por hoy... ¿Oiste muchacha lo que me hiciste hacer? Por tu culpa tu hermana tendrá que hacerlo dos veces... Y tú te vas a quedar aquí... ¡Tienes que aprender como complacer a un hombre! ¡Vamos amig

