Jugando al amor

1164 Words
Ser despreciada por su esposo fue muy humillante para Amelia, en su corazón juró vengarse de Francis según Amelia ella tenía derecho a serr amada por él ya que era su legitima esposa. Salió muy molesta de la cama de Francis y se metió bajo sus cobijas tratando d dormitr pero nom podía hacerlo, cada vez que miraba a Francis su indignación subía un poco más.. Levantándose de su cama se puso su bata de seda color cielo y salió de la habitación cerrando la puerta con enojo para molestar a Francis. Llegó a la cocina por leche caliente pensando que talves eso la ayudaría a dormir. Al entrar en la cocina vio la luz encendida y el hijo de la coinera del palacio limpiaba el gran horno de ladrillo que se hallaba en el centro de la gran cocina, al verlo Amelia sonrio, el tan joven era muy guapo, nunca se había fijado en él, pero estaba tan molesta que se le ocurrió la mejor forma de calmar su enojo. Se acerco al muchacho sin que él lo esperara y acariciando la mejilla del joven le dijo: ¿Te han dicho que eres muy guapo? El muchacho no sabía que hacer, la señora de la casa lo tenía acorralado entre el horno y su cuerpo. No podía negar que la señora del Marqués era mujer muy bella pero que él se atrevería a propasarse con ella, porque eso podría significar su ejecución y esa idea lo aterraba. Se quedó quieto no sabia qué hacer o cómo responder a la señora Amelia, lo que ella le ofrecia al joven le era algo prohibido. Amelia lo tomó de la mano invitando al muchacho a besarla acercando sus labios a los suyos, pero el joven no se atrevia a hacer lo que la señora le pedia hacer. Amelia jugaba con el muchacho, como el joven no la besaba, ella lo besó a él, se dio gusto con los suaves labos del muchacho, despues dfe saciar sus ganas le dijo al joven: ¡Gracias guapo! ¡Me gustaron tus besos! Me hiciste un gran favor... Y yo se pagar muy bien los favores... Sonriendo salio de la cocina dejando al muchacho aún incrédulo de lo que había pasado con la señora Amelia. Amelia regreso muy contenta a la habitación entró muy silenciosa caminando de puntillas en la habitación para meterse con disimulo en la cama cuando de pronto escuchó a Francis decir: ¡Pobre del idiota que usaste, lo siento por él! ¡Lo compadezco! Diciendo eso se acurruco entre sus cobijas después de mirar a su hijo a quién acababa de alimentar. Amelia se quedó fría al oír lo que le dijo Francis y no podía negárle loque había hecho por que sabía que su marido la conocía muy bien. El pequeño August se quedaría con Amelia cada vez que su amiga a quién ella trajo para obligar a Francis a fingir junto a ella como si fueran una pareja feliz que acababa de ser padres, y ha estar a su lado si alguna visita invitada por Amelia lo obligaba a quedarse junto a ella. Pero apenas le era posible Francis se llevaba a su hijo al lado de Diana su verdadera madre. Todos los días la rutina era igual hasta que la amiga de Amelia se fue del castillo... August volvió con Diana y Francis se encargaría de que Amelia no tocaria a su hijo a menos que fuera necesario. Así pasaban los días en el castillo, durante las noches Francis no dormia en la habitación de Amelia ni cuidar de August ni soportar dormir en a misma habitación de Amelia. El Marqués pasaba las noches junto a Diana y ya que habían pasado ocho semanas del nacimiento de los pequeños hijos del Marqués, podía tomar a Diana por mujer de nuevo. Esa noche Amelia sabía que Diana le daria una noche de amor y pasión a Francis y eso la enfurecia. Ella sabía lo que pasaría en aquella habitación y que Francis amaria mucho más a Diana ¡como nunca lo había hecho en toda su vida! Enojada y dando vueltas como leona enfurecida buscó de nuevo al muchacho, nadie en la casa podria entender las intenciones de la señora Amelia con el muchacho, al verlo llegar le pregunto: ¿Quieres estar conmigo esta noche? Amelia puso a temblar al muchacho al ofrecerle algo así, era una tentación muy fuerte para un joven . Amelia lo sabía y disfrutaba jugar con eso y tal como lo esperó el muchacho sucumbió a sus deseos, Amelia se divertia al enamorar al muchacho, mientras él la besaba, el pobre muchacho disfrutaba de un placer prohibido. Cuéntame ¿Soñaste conmigo? Le preguntaba Amelia Sí soñé y soñé tanto con usted, hasta sentir que me volvía loco de amor. Le respondió el muchacho. Amelia disfrutaba jugando al amor, mientras Francis vivia un maravilloso momento amando a su mujer, Diana. -- Ya no sueñes más, cuando quieras estar conmigo -- ¡Sólo házmelo saber! -- Serán todos los días mi señora -- Le respondió el muchacho -- Porque sueño con usted cada noche y p ando todo el día pensando en usted-- Eso tiene solución -- Lo interrumpió Amelia -- Ahora mismo le pondremos remedio a eso -- Amelia estaba dispuesta a volver a ese muchachito en un sirviente personal, dispuesto a venir a ella con tan sólo chistar sus dedos. Mientras ella se aprovechaba del pobre chico para sus fines egoístas en la habitación de Diana un hombre feliz acariciaba suavemente la piel de su mujer-- ¡Te amo Diana! y soy tan feliz de volver a estar contigo y disfrutar de tus besos, siento que la vida se derrama a mares cuando te amo y que vivo cuando tú me besas, ¡Soy tu siervo mi amor y tu esclavo por siempre! -- Los labios de Francis celebraban los besos de Diana y le pedían más cada vez que estaba con ella. Diana sonreía entre su aliento entrecortado y los suaves suspiros que salían de su garganta, mientras el Marqués se volvía loco de amor por Diana y su amor crecía por ella como un gigante. La noche pasaba entre besos, caricias y lluvia de amor en los brazos de Diana donde sobraba el calor y la ternura, la intensidad y el amor que se profesaban el uno al otro y que los llevaba a unirse en tal profundidad que Francis no deseaba que el momento terminara. Mientras un jovencito inocente era engañado y enamorado por la señora y se volvía adicto a un amor que no le correspondía, enamorandose de una mujer que nunca sería suya. Era un cruel intercambio para el muchacho, él entregaba su corazón mientras Amelia se aprovechaba de su inexperincia. Mientras ella jugaba, Francis conocía cada vez más el tierno carácter de su mujer y apreciaba mucho más el amor que le profesaba Diana, y la felicidad de ser padre de sus hijos.
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