Candidatos

2111 Words
Elena Mis lágrimas caen sin control. Cómo puedo, me abrazo buscando un consuelo, a la vez, me aferro a mi misma para no salir corriendo y cometer una locura. Las palabras de mi tío se repiten una y otra vez en mi cabeza provocando dolor. El rostro imperturbable de mi madre, me revuelve el estómago. La postura de mi hermano, como si yo fuera una exagerada por no aceptar, me genera violencia. Todos los sentimientos se juntan para hacerme estallar. —¡Está loco!— Betiana grita una vez que termino de explicar. —No puedes casarte con ese tipo. No te dejaré. Mi llanto acongojado se vuelve más fuerte solo por recordar las palabras exactas de mi tío. "Cásate, vive con él un tiempo y serás libre de divorciarte e independizarte" Eso es imposible. No soportaría ni un solo día compartiendo la cama con ese hombre horrendo. —Prefiero morir— susurro entre sollozos. Nunca en la vida fui tan sincera. —Si de verdad me obliga, voy a suicidarme. —No digas estupideces— Betiana me apunta de manera acusadora con un dedo. —No puede obligarte, tonta. ¿A caso vivimos en los años veinte?— Exhaló furiosa. —No es justo que te quiera cobrar la crianza de esta manera tan neandertal. Y es verdad. Cuando mi padre murió, él se hizo cargo de las cuentas que dejó, las cuales eran muchas. Aparte se encargó de mandarnos a mi hermano y a mí a una buena escuela. Antes creía que lo hacía para honrar la memoria de su hermano muerto. Ahora sé que esperaba recibir algo a cambio. Acabo de cumplir Diecinueve. Estoy a pocas semanas de ingresar a la universidad y a él se le ocurre querer casarme con un hombre mayor, solo porque que le debe dinero. Y no es como si no tuviera lo suficiente como para pagarle, pero ¿por qué hacerlo? ¿Por qué usar su fortuna cuando tiene una sobrina virgen? —Tengo una solución— confieso. Betiana me mira esperanzada. —le pediré a Thiago que se case conmigo — los ojos de mi amiga se abren exagerados. —Él me hará el favor. Si nos casamos sin que nadie se entere, mi tío ya no podrá insistir. —No— suena rotunda. —Thiago es un ser nefasto. No hay diferencia entre él y el otro viejo. —Al menos Thiago no es desagradable. La rubia se toma del puente de la nariz, completamente en desacuerdo. —Eli, no seas ingenua. No negaremos que Thiago es lindo de ver, pero él no va a querer divorciarse sin antes tenerte en su cama. A caso ¿te ves perdiendo tu virginidad con él después de lo que te hizo?— niego. No había pensado en eso. —a demás él tiene tu edad. Lo que tú necesitas es un hombre con poder, con contactos. Uno que pueda enfrentar a tu tío de ser necesario. —ajá— me burlo. El llanto ya pasó, pero todavía me duele el pecho. La desesperación me hace querer cometer cualquier locura. —No es tan fácil. —tal vez si— aseguró señalando su computadora con los ojos. —deberías ver eso. Con desconfianza, comienzo a leer la página abierta. "Encuentre a su pareja ideal" dice el título adornado con corazones. "Edad aproximada, preferencia física, intelectual" y así continua una lista con preguntas y opciones para encontrar a la pareja ideal. Esto está mal. Niego frenéticamente. Cuando dije que haría "cualquier cosa" hablaba de todo, menos de esto. —¿¡Estás loca!?— me exaspero. —¡Eso es prostitución! Mi amiga niega buscando sujetar mis manos que agito desesperadamente. —No es lo que crees. No es un lugar en donde se busquen prostitutas. La mayoría de los hombres que entran aquí en busca de mujeres, lo hacen para ocultar su verdadera sexualidad. Aunque no lo creas, muchos hombres adinerados no salen del closet. Me tomo un momento para leer bien. Es como cualquier página o aplicación para encontrar pareja, solo que allí en lugar de hacer Match, se firma un contrato. Las cláusulas van desde noviazgo, compromiso falso, hasta casamiento. todo bajo un régimen estricto de confidencialidad. Puedo pedir una indemnización si la otra parte no cumple parte del trato y viceversa. —¿cómo sabes de esta página?— tengo que preguntar. Ella me mira como si la respuesta fuera obvia. —No te hagas la inocente. Estoy metida en esto hace un año— jadeo sorprendida. —Solo que yo lo hago por dinero, esa es mi condición. —¿te casaste?— creo que grité horrorizada. —No, tarada. Nada más les sirvo de tapadera para hombres que no quieren salir del closet. Es divertido, te llevan a lugares lindos, te hacen regalos y lo mejor... puedes conservar tu virginidad. —pero...— es demasiado perfecto para ser real. Salvo por un detalle. —No me quiero casar con un desconocido. —Terminarás casada con un desconocido— Me recordó. —Solo llena el formulario, subes una foto en dónde se te vea el rostro y te aparecerán candidatos que busquen lo mismo que tú. Mi celular suena. Me alarmo al ver que se trata de mi madre porque sé lo quiere. De ese seguro ese hombre horrendo ya fue de visita, otra vez... —mierda. Siento que voy a arrepentirme, pero no tengo opción, debo arriesgarme. Ignoro la llamada, lleno el formulario en dónde se me pregunta hasta la talla de sostén, indico lo que busco y elijo una foto decente en dónde se me ve de la cintura para arriba. Acepto confidencialidad con la página y solo me queda esperar por los candidatos. Que sea lo que dios quiera. *** Esa noche, mi madre había preparado una cena especial para invitar al horrendo sujeto con quién planeaban emparejarme. Martin Constantino. Dueño de dos hoteles de lujo en esta ciudad y de otros más en el resto del país. Rico, obviamente. Pero también mujeriego, maleducado y desagradable. El hombre había venido una vez a visitar a mi tío y odié la buena educación que se me inculcó de pequeña, porque él la confundió con coqueteo. Desde ese momento, se obsesionó conmigo y no se detuvo hasta llegar este día, en dónde mi madre y tío le dieron el visto bueno para cortejarme. Para la ocasión me pusieron un vestido de cóctel color rojo. Con un tajo exageradamente largo que nace en la cadera y baja dejando ver más de mi muslo de lo que quisiera. Incluso juraría que se puede ver mi v****a. Tan apretado en el vientre que me cuesta respirar y el esfuerzo que hago para tomar aire solo sirve para inflar mi pecho escotado. Demasiado vulgar para mi gusto considerando que es solo una cena. Pero bueno... es obvio que lo único que buscan es venderme como carne de mercado. Para cuándo el sujeto llega, Mi tío y mi madre ya me habían lavado el cerebro, amenazado, hasta rogado para que lo tratara bien, algo imposible de hacer. Este hombre es un enfermo. Me mira como si pudiera follarme con la mirada y es tan asqueroso que podría vomitar. Así que, a pesar de sentir sus ojos durante toda la cena, me negué a levantar la mirada. Algo dentro de mí se rehusaba a darle una pizca de esperanza. —Recuerda que es asquerosamente rico— comentó mi tío mientras me pasaba una copa de vino, sonriendo como si no estuviera arruinando mi vida. Contengo las lágrimas que luchan por abandonarme y enfrento mi destino. Es mi madre quien se levanta de su silla y le indica al caballero que puede retirarse conmigo a la sala pequeña en dónde se supone que tendríamos más intimidad. Decir que me obligaron a entrar al sitio es poco. Literalmente me empujaron e incluso podría jurar que cerraron con llave. Suspiro. Me siento perdida, sin salida. —Déjame decirte que de cerca eres aún más hermosa— puedo ver la baba cayendo por sus comisuras mientras se acerca agitando el hielo de su vaso. —¿Sabías que tengo diecinueve?— comento esperando que ese detalle detuviera sus pensamientos impuros. Error. —Eso es lo mejor de todo— confiesa y ya lo tengo pegado a mi cuerpo. Me siento en la contradicción de que hacer. Si me siento en el sillón, estaría dándole permiso a qué arrincone entre los almohadones. Si me quedo de pie, corro el riesgo de que me apoyé contra la pared más cercana. Volar, no puedo. Entonces no me queda otra que caminar en círculos disimuladamente con la ilusión de que se canse y mantenga distancia. —Le dije a tu tío que no me gusta perder el tiempo. Quiero casarme contigo a más tardar el fin de semana— me tenso. El hombre sonríe con mi reacción. —tengo mis contactos y puedo agilizar los trámites. Incluso si te urge, podríamos casarnos mañana. —¡No!— exhalo. Todo me da vueltas y quiero vomitar. —Necesito más tiempo. Mi tono fue la súplica más desgarradora que jamás había oído. Si con eso no entiende que todo esto me aterra, en verdad debería considerar que estoy loca. —Entiendo— se me forma un nudo en el estómago cuando noto que está junto a mí. Su mano gorda y llena de risos oscuros se posan en mi cadera. —Para las mujeres esto es importante. Quieres que todo salga bien y la perfección lleva tiempo. Pero necesito un adelanto, yo no puedo esperar más. Sus ojos están clavados en mis tetas y cuando su mano sube para tocarlas, mi cabeza revienta. —No me toques— dije con un odio que me sorprendió. Pero él no escuchó. Ahuecó su mano en uno de mis senos y lo presionó con fuerza para demostrarme que ya no tenía derecho a opinar. —Quiero que esto sea por las buenas. Pero eso no significa que no esté dispuesto a usar la fuerza. Me paralizo. Está dejando en evidencia que podría violarme si me opongo. ¿Ahora, aquí? Lo dudo mucho. No con mi tío y mi madre detrás de la puerta. —te recuerdo que la deuda es con mi tío— suelto con valentía. Levanto el mentón y golpeo su mano para que me suelte. Lo hace y mi seguridad crece un poco. —Si de verdad quieres casarte conmigo, será bajo mis condiciones y cuando yo quiera. —¿De verdad?— arrugó el ceño. La diversión bañando sus facciones. —Me deben mucho dinero. Cinco millones...— su sonrisa maléfica crece cuando se acerca. Pero está vez no me toca. —Podría enviar a tu tío, a tu madre, incluso al idiota de tu hermano a prisión. ¿Estarías bien con eso? Me hundo de hombros. Claro que me importa. No merecen mi compasión, pero yo no soy como ellos. —Si se lo merecen, que vayan a la cárcel. Pero tú también podrías acompañarlos si intentas tomarme sin mi consentimiento. Me siento orgullosa de mi misma. Aunque sé que con este hombre es en vano, pero debo luchar. Mi instinto de supervivencia se niega a darse por vencida tan fácil. —Elena— Mi nombre se siente sucio en sus labios. —Mi pequeña y rebelde, Elena— Se acerca. Su mano vuelve a mi cintura, me rodea con un brazo y presiona para dejar mi vientre pegado al suyo. Agradezco tener tacones porque con ellos le llevo varios centímetros y prefiero sentir su panza abultada a su polla restregarse contra mí. —Ansío con educarte. Verás que cuando estemos casados perderás esa prepotencia tan grande que tienes. Fue una amenaza. Y mentiría si dijera que no me afectó. Su boca se pegó a la mía y se me revolvió hasta el alma con su beso forzado. *** Esa noche no podía dormir. Después de que Martin se fue el miedo se alojó en mi sistema y se rehusaba a abandonarme. Pensé en mi padre, en lo mucho que hubiera odiado esta situación. Él no habría permitido que algo como esto sucediera. Entre las lágrimas y el dolor hondo que tenía en el pecho, sentí que ya nada tenía sentido. No tenía ni un centavo a mi nombre por lo que huir sonaba a disparate. Seguramente me encontrarían en la primer esquina. Lo único que podía hacer, era terminar con mi vida. Prefería eso a entregarme a ese hombre. Entonces, dios escuchó mis plegarias y la salvación llegó en forma de notificación. Era un mail con mi primer lista de candidatos.
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