Estoy en mi habitación, observando por una pequeña abertura de la ventana y me doy cuenta de que ahora hay 3 tipos cuidando cada uno de mis movimientos, justo como me dijo Mich que haría Stefano una vez que se enterase de mi ubicación, según lo que me dijo cuando una mujer capta su atención nada lo detiene hasta tenerla en su cama y ahora al parecer quiere agregar mi nombre a la larga lista de sus tantas amantes y no negaré que mi cuerpo se enciende ante esto, pero es mi objetivo y debo deshacerme de él cuanto antes.
Tomo mi bolso con las pocas pertenencias que he traído, dejo el pago por mi habitación y bajo hasta la parte trasera de la casa que da a un pequeño callejón, el cual, a decir verdad, no espero que este desierto y justo cuando salgo veo que un tipo se acerca hasta mí con la firme intención de llevarme con él.
—Mi jefe ha pedido que la lleve con él, desea platicar con usted, le sugiero que no se resista. —Me ordena, dado que está solo y es un objetivo fácil, algo que deduzco debido a que sus movimientos son un tanto lentos, lo golpeo en la rodilla haciendo que pierda el equilibrio, cuando intenta levantarse, lo tomo por el brazo aplicándole una llave, por lo que este comienzo a lloriquear pidiéndome que lo suelte—. Por favor suélteme… se lo suplico ¡ahh! ¡Duele!
—Por Dios pensé que tu jefe tendría mejores hombres, pero bueno ahora que estamos hablando como gente civilizada, infórmale a tu jefe que cuando yo deseé pasar una noche con él se lo haré saber y que es cuando yo lo decida no cuando él me lo ordene. —Enfatizo mientras rebusco en su pantalón, saco su billetera y veo su identificación—. Bueno Bill, me tendré que llevar tu auto, como comprenderás es bastante peligroso para una chica indefensa como yo andar deambulando por la calle, mientras unos matones me están siguiendo, dale mis saludos a tu jefe de mi parte. —Tomo su dinero y luego lo dejo inconsciente.
En cuanto me subo al auto acelero rápidamente y me pierdo entre las calles, manejo alrededor de unos 20 minutos y luego abandono el auto en un callejón, ya que me expongo a que me encuentre más fácilmente si este cuenta con GPS. Como al parecer debe de creer que me hospedaré en un lugar como el de antes, decido buscar un hotel más elegante, el cual puedo pagar gracias al dinero que tomé de mi querido amigo Bill con el cual, por cierto, tuve una charla bastante agradable.
Llego hasta el Imperiale Palace y de más está decir que es magnífico en toda la extensión de la palabra, cosa que le agradezco a Bill sin su dinero no sería posible darme este lujo (bien no es que sea tacaña y no tenga dinero, pero prefiero gastarlo cuando regrese a Rusia), subo hasta mi habitación y quedo fascinada debido a que tiene un toque un tanto colonial y al mismo tiempo un tanto moderno, pero lo que en verdad me encanto es su terraza desde donde se puede apreciar la bahía, y también que en caso de que alguien me encuentre puedo huir fácilmente de aquí, no es que me agrade lanzarme desde el balcón pero si no me queda alternativa debo hacerlo.
Decido meterme al jacuzzi en un intento por relajarme, en el cual agrego unas cuantas gotas de aceite de Satsuma un cítrico japonés según la descripción del frasco, estoy disfrutando de su delicioso aroma cuando recuerdo la información que me dio Mich; mañana por la tarde Stefano acudirá a un evento al aire libre, al parecer es un juego de golf, por lo que es la oportunidad que estaba buscando para poder lograr mi objetivo y como siempre estoy segura de que no fallaré, no por algo soy la mejor asesina a sueldo de toda Rusia.
Salgo de la tina y después de cambiarme, me dedico a observar desde el balcón por si es posible que alguien me siguió hasta aquí, sin embargo, todo parece indicar que por el momento no han dado con mi nuevo paradero, aun así, no puedo bajar la guardia con tanta facilidad es algo que he aprendido a lo largo de todos estos años y que mis entrenadores me recordaban sutilmente durante cada “entrenamiento”.
Como estoy un poco aburrida, decido salir nuevamente, para conocer un poco más los alrededores, cuando llevo por lo menos una media hora caminando, logró escuchar como unos tipos preguntan a los transeúntes sobre si me han visto dando santo y seña de mi descripción, me ajusto la capucha de mi cazadora y me coloco mis lentes negros.
—No entiendo como Bill la dejó escapar, es sólo una chica, no puede ser más fuerte que él. —Comenta uno de ellos.
—Lo sé, pero el jefe está bastante molesto, sabes que le enfurece cuando una chica se le escapa, aunque bueno también disfruta cazarlas. —Sonrío ante sus palabras, ya que el pobre ingenuo está tratando de cazar a la cazadora, algo que le será realmente imposible teniendo en cuenta mi habilidad, me alejo de donde están esos tipos y regreso hasta el hotel, una vez en mi habitación atranco la puerta por si en plena madrugada estos tipos dan conmigo no deseo salir en bragas por la terraza y dar tremendo espectáculo si puedo evitarlo, coloco mi arma en la mesita de noche y trato de conciliar el sueño.
Al día siguiente quedó de verme con Mich quien ha comenzado a trabajar conmigo, por decirlo de cierta forma ya que está en ambos bandos, mientras lo espero en un callejón, prendo un cigarrillo y cuando estoy por terminarlo al fin aparece, por su cara sé que se muere de miedo al tener que estar cerca de mi nuevamente.
—¿Trajiste todo? —Pregunto soltando mi cigarrillo y apagándolo con la punta de mi zapato.
—Si, aquí está todo, es un uniforme para que parezca que es empleada del club, además de una credencial con su nombre y una peluca para que nadie pueda reconocerla. —Solo asiento y miro la ropa, así como las otras cosas que menciona.
—Buen trabajo Mich, creo que ahora si estamos a mano y recuerda que nadie debe de enterarse de esto o algo muy malo podría pasarles a tus hermanos, viste lo que le hice a Bill así que sabes que puedo ser aún peor de cruel. —Este solo asiente, para después literal salir corriendo de allí, pobre la verdad es que no pienso desquitarme con sus hermanitos, sólo es una forma de tenerlo controlado.
Me apresuró hasta el club y una vez allí, pasó al vestidor de empleados para cambiarme de ropa, en cuanto me miró al espejo me parece que será un poco complicado que alguien me reconozca con la cabellera rojiza y corta que en este momento luzco, miro mi reloj y sé que Stefano ya debe de estar aquí, salgo y me pierdo entre los empleados, muchos de los cuales están como moscas sobre un pastel tratando de acercarse a ese hombre ya que las propinas que deja son realmente buenas, según lo que escuché de unas chicas hace un momento, las cuales parloteaban alegremente sobre ese sexi y varonil hombre, aunque también me parece que muchas de ellas esperan convertirse en amantes de este tipo.
Comienza su juego de golf, contra un hombre bajo, delgado y calvo, el cual está custodiado por al menos cinco hombres sin contar los ocho que protegen a Stefano, los observo sin perder detalle y por la forma en que se mueven deduzco que es una reunión de negocios, llegado cierto momento regreso al edifico y prendo unos papeles de la basura con la firme intención de que parezca un incendio y la gente comience a correr como loca, cuando las alarmas contra incendio comienzan a sonar, me apresuró a salir para justo ver cómo todos corren de un lado para otro, tomó mi posición cerca de unos pequeños arbustos ya que en cualquier momento Stefano estará lo suficientemente cerca para acabar con su miserable vida.
En un descuido por parte de sus hombres Stefano queda desprotegido, levanto mi arma y apunto con ella a mi objetivo, sin embargo, este se gira y cuando me observa la expresión de su rostro pasa de desconcierto a furia total, él también levanta su arma y cuando pienso que va a dispararme, escucho como cae alguien detrás de mí, yo por mi parte observo como uno de sus hombres se gira y apunta directo a su cabeza, lo cual no tiene lógica se supone que deben de protegerlo, sin pensarlo dos veces le disparó a ese hombre sin pensar en las consecuencias que esto me pueda causar.
Comienzo por correr ya que Stefano me ha descubierto y no tiene caso intentar asesinarlo en este momento, pero no he avanzado ni un metro cuando alguien me envuelve en sus brazos y me tumba en el pasto, gracias a que pone su mano sobre mi cabeza está no golpea el piso, pero nuestras cabezas están tan juntas que siento su respiración acelerada en mi cuello.
—Ahora me debes la vida gatita. —Murmura en mi oído, una vez que mi respiración se regula debido a la sorpresa, intento ponerme en pie, pero este me lo impide—. Debes de pagarme por ello y sé que es lo que quiero de ti.
—Tú también me debes la vida imbécil, te salvé de ese tipo que según cuidaba de ti, así que ese favor lo cobraré ahora mismo y es que me sueltes.
—Resulta que yo te salvé dos veces, la primera fue cuando disparé mi arma, ese tipo apuntaba directamente a tu cabeza y hace un momento, tenías un láser apuntando a tu corazón. —Lo miro por unos instantes sin saber que decir—. Si no me crees mira hacia allá. —Veo como su dedo apunta hacia lo alto del club donde ya hay algunos de sus hombres, revisando el perímetro y veo que levantan los cuerpos de por lo menos dos hombres.
—¿Cómo sé que no me mientes y que en realidad tú eras el objetivo? —Pregunto mientras sigo intentando apartarlo sin éxito alguno.
—No te muevas gatita, no quieres despertar algo mucho peor. —Susurra sobre mis labios y aunque muero de ganas por probarlos, muevo mi cara hacia un lado, este toma mi cara y la gira para después comenzar a besarme con tal desesperación que en cuestión de segundos siento como me falta el oxígeno, cuando está completamente saciado de mí, se separa solo lo suficiente para dar una ligera mordida en mi labio inferior y por Dios que ese beso me ha dejado temblando de pies a cabeza sin contar el tremendo lío que es mi entrepierna en este momento.
Se levanta y sin soltarme en ningún momento hace lo mismo conmigo.
—Vamos gatita debes de pagarme tu deuda. —Comenta aferrando su mano a mi cintura, como sé que solo tengo unos cuantos segundos de ventaja, giro su brazo y se lo tuerzo haciendo que me suelte en el instante presa del dolor que le he causado, luego comienzo a correr y disparó detrás de mí sin importarme a quien pueda herir, algo que imitan sus hombres, pero que gracias a la orden de Stefano se detienen en el acto.
—No disparen maldita sea. —Grita furioso.
—Pero jefe, ella está disparando.
—La quiero viva y sin ningún rasguño, ¿Me entendieron? —Alcanzo a escuchar a lo lejos, antes de perderme en la gran extensión del club, como sé que es peligroso regresar por mi ropa sigo corriendo hasta que encuentro una puerta que al parecer solo utiliza el personal de servicio, le doy un disparo limpio volando el cerrojo al instante y salgo por esta, corro por unos cuantos minutos más, hasta llegar a un pequeño bazar donde compró algo de ropa para que los hombres de Stefano no me encuentren tan fácilmente.
Me quedo en ese bazar y como he tapado mi cabeza con una pañoleta puedo deambular tranquilamente observando todo a mi alrededor, después de un rato veo como hay varios hombres buscando entre los callejones y sé que es ese maldito hombre que no descansará hasta dar conmigo, pasó a lado de ellos, pero como no me prestan atención escapó delante de sus narices, sonriendo ante su ineptitud.