CAPÍTULO DIECIOCHO A la mañana siguiente, Emily se despertó con dolor de cabeza y una posada hecha un desastre. Bajó al porche para tomar un poco de aire fresco, donde las copas de champán vacías aún estaban esparcidas, con globos y serpentinas que se mecían suavemente con la brisa. Mientras observaba el desastre, Emily sintió que su teléfono vibraba en su bolsillo. El nombre de Amy apareció en la pantalla. Emily respondió a la llamada. —¡Feliz Año Nuevo!—Amy gritó al teléfono, tan fuerte que Emily casi lo deja caer. —Feliz Año Nuevo para ti también—respondió Emily, haciendo un gesto de dolor. —¿Tienes resaca?—sondeó Amy. —¡Claro que sí!—exclamó Emily—. Anoche tuvimos la gran inauguración del bar clandestino. Había mucho jazz y Manhattans e intentos de hacer el Charleston. —Suena fa

