Temporada de putear II

1968 Words
El paseo por Gorlero quedaría para otro día. Eran casi las cinco de la mañana cuando me fui de la pieza del Sereno. Los dos me garcharon como nunca hubiera imaginado, no sé de dónde sacaban fuerzas aquellos veteranos. Pero cada vez que me echaban un polvo, yo, pensando que se me terminaba la fiesta, por si acaso se las empezaba a chupar nuevamente y… quien iba a decir… Otra vez tenía aquellas brutas guascas bien paradas y bien duras. Me garcharon de todas las formas que se les ocurrió y por todos lados, incluso en más de una oportunidad me llenaron el culo y la concha a la vez. Lo que para mí era la primera vez, y fue imponente la forma en que les dí leche. Al final, los tres con unos cuantos vasos de vino, viéndome totalmente emputecida y recaliente, pidiendo más y más. Casi con miedo, el petiso me preguntó si no me animaba a comerme las dos a la vez. Lo habían visto en una película porno y se les antojó probarlo conmigo. Yo les conteste la pura verdad, eso sólo lo había hecho una vez y porque mi novio me descubrió garchando con su mejor amigo y para que me perdonara, me hice coger así. Y que además mi novio y su amigo las tenían bastante chicas, no como sus brutos pedazos En sus caras se mezcló el morbo que sintieron al decirles que tenía novio, y por lo tanto lo estaba re-cagando a guampa, y además que cogía con sus amigos, y por otra parte en sus ojos pude ver la desilusión al recibir mi negativa. Aquellos veteranos me habían garchado tanto rato y tan lindo con sus enormes vergones, y yo estaba aún tan caliente de tan cogida, que en uno de mis arranques de guacha brisca les dije… "bueno vamos a hacer un trato yo me dejo garchar por las dos vergas juntas, y ustedes me prometen que, (como yo me quedo todo el mes), por lo menos un par de veces más, me van a garchar igual que hoy. Pero claro Mamita, respondieron a coro. Yo ya me había vestido, pero, ante aquel trato volví a desnudarme, tiré unos almohadones en el piso y acomodandolos bajo mi cuerpo les ofrecí una pose bastante buena para que me ensartaran la concha con sus dos pijones a la vez. Pero sus vergas eran tan gruesas, que a pesar de tener el orto desjaretado de tanta guasca y de que yo me lo abría bien con mis manos, no lográbamos hacerlas entrar. Varios intentos y nada, a esa altura… ellos me habían dicho más de una vez que sería mejor dejar porque me podían lastimar. Pero yo rabiaba de caliente y era la que más insistía, en eso se me prendió la lamparita miré al petizo y le pregunté si no tenía aceite o manteca, el petiso me respondió que no, que solamente grasa. De la calentura que tenía le grité… ... y que estas esperando para traerla. Sin moverme de mí pose, les pedí que pasaran bastante grasa por sus pijas y que me pusieran bastante a mí también, pidiéndoles que con sus dedos me metieran grasa bien adentro. Gracias a la bendita grasa logré estar como media hora con la concha bien ensartada por aquellas dos brutas vergas, y los viejos se dieron maña para sacarme dos polvos más. Antes de irme se las medí, el petiso tenía 21 centímetros de largo y 5 de circunferencia, y el grandote 20 y 4. Demás está decir que la noche siguiente me hice coger nuevamente por aquellos vergudos veteranos que había encontrado. El grandote me garchó un par de noches más y después se fue a otro trabajo. Voy a pasar raya. Había llegado el Martes, esa misma noche me había hecho garchar por los dos veteranos pijudos. El Miércoles y el Jueves también pasé toda la noche cogiendo con ellos. El viernes, como el grandote se había ido, me cogió el petiso solo. El sábado de tarde, en la playa había dos cuarentones meta mirarme. Estaban bastante buenos y a mí me había gustado pila que me cogieran de a dos, así que les dí entrada y media hora después estaba en los pinares de Solanas, en el auto de los locos, que me dieron v***a como dos horas. Pero nada que ver con las cogidas con los viejos vergudos. Los dos tenían pijas medianas y además eran muy fifi, a mi me había gustado sentirme reputa garchando con viejos sucios en el piso de una pieza de porquería. El sábado de noche le dije al petiso que yo quería que me siguieran garchando de a dos, y que sino no iba a ir más a la pieza y el no me cogería más. El domingo de tarde, pasé por el garaje y golpeé en la pieza, cuando me atendió el petiso, le pregunté de frente y mano si había conseguido algún macho para la noche, porque si no pensaba salir a bailar… ... él y yo sabíamos que eso de bailar era puro disimulo… Yo quería más v***a. Pero no fue necesario salir a bailar… El petiso empezó a traer al sereno de una verdulería que había frente al edificio… Y ahí vino otra primera vez… ...el loco era un n***o, y nunca había garchado con un n***o. Era bien n***o, altísimo y grande, además de bastante gordo, de cincuenta y pico de años. Cuando entre a franelear con el loco, me dió mucho asco, pues tenía un espantoso olor a sudor de varios días. Pero cuando estaba por decirle alguna cosa, el hijo de puta se bajó el pantalón… ...el hedor se seguía sintiendo, pero a mí no me molestó nunca más, el hijo de puta tenía una garcha de 22 centímetros y muy gruesa. Tanto asustaba aquella pija, que el petiso antes de traerlo (en plan de protector, le había aclarado que por el culo no me podría dar). Afirmo lo de los 22 centímetros porque al igual que a los otros más adelante se la medí. Esa noche del domingo fue impresionante. Hasta entonces me creía la gran putita, pero nunca me habían garchado de esa manera. El domingo entré a la pieza a las 10 de la noche y salí a las cinco de la madrugada. ete horas y salvo algunas paradas para tomar algún trago de vino, el resto siempre cogiendo. El lunes fue más, porque me fui casi a las siete… ya de día, recogida y desarmada a pija. Ahora sí sabía lo que era hacerte garchar y no las cogiditas de antes. Buenos machos, buenas vergas, mucho rato y todas las noches… Que divino!!! Ésas dos noches el petiso aprovechó a darme guasca por el orto, y yo no paraba de darle leche. Me sacaba los tales polvos del ojete a la vez que el n***o me hacía ver las estrellas con su cipote en mí cajeta. Dios mio, como me daban y sin lastima ninguna, el n***o me encajaba cada vergazo que me hacía bramar igual que una yegua. Y yo siempre pidiendo más. El martes de noche, cuando llevaban un par de horas garchandome. Al petiso lo llamaron no sé bien porqué y tuvo que dejarnos por una hora solos, (al final fueron casi tres horas solita con el n***o). Creo que esta demás decir que tres o cuatro minutos después de irse el petiso, yo miré al n***o, me levanté sacándome la v***a. De pie le miré aquel pedazo hediondo, me arrodillé y chupé toda aquella carne haciendo arcadas por angurrienta. Pero solo un corto rato pues lo que yo quería era otra cosa. Con su pijón en mi boca lo miré bien regalada, y él que estoy segura tenía muy claro lo que yo deseaba, con una sobradora sonrisa me preguntó… “que pasa nenita, que precisa” Yo apretando bien fuerte el tronco de su guasca, mirando cómo se le hinchaba aquella brutal cabeza y el ojo de mear se le abría mostrando algunas gotas de leche que aún quedaban del polvo anterior, le respondí... “si te queda más leche, la quiero toda en el orto” El hijo de puta burlándose de mí calentura, me dijo.. mirá que te va a doler… ... Sí, me va a doler al principio, pero después me la voy a gozar bien gozada. El hijo de puta no me dió tiempo de ponerme grasa, apenas me encajó una escupida y me empezó a puntear el ojete con su tripón. Yo me había hecho la idea de que luego de tanta guasca culeandome, estaba cumpliéndose una semana en la que, casi la tercera parte del tiempo había estado ensartada. Pero no sería como había calculado, cuando me entró la cabeza, yo de corajuda le paré bien el culo y le dije… *dale, dame v***a… El hijo de puta haciéndome caso, me encajó un guascazo que pensé que me iba a desfondar el orto, me la estaba enterrando hasta el tronco y yo gritaba como loca, parecía que me iba a salir por la boca. Pero igual, yo empecé a agarrar el ritmo y cada vez que se venía un pijazo echaba el culo hacia atrás para comermela toda. Sentía sus huevos rebotando en mis nalgas. Era tremenda garcha, y el n***o aguantaba pila me cogió bien cogido el ojete durante unos cuarenta minutos, sin parar, sacándome cuatro o cinco polvos de novela. Llegó un momento en que cuando después de cada vergazo se echaba para atrás, al sacarme la pija de golpe, aquel socotroco de carne parecía una sopapa y me sacaba la mierda sin yo poder evitarlo. A lo último, siempre en cuatro patas con la cara enterrada en el almohadón que había tirado en el piso y el orto bien ensartado, miré hacia atrás y vi que tenía un charco de mierda entre mis piernas a unos centímetros de mí desfigurada cara de brisca. No dije absolutamente nada, no me quería perder ni un minuto de pija, aguantando la respiración se la seguí gozando, hasta que me llenó el culo con su leche caliente. El n***o mugriento estaba asombrado, se la había comido toda, hasta los huevos. Le había dado unos polvos increíbles que pocas veces se dan con el ojete. .. *sos una yegua garchando, hija de puta… dijo .. viste papi que puta que soy… Y aprovechando que "el pobre petizo" aún no llegaba fui a la carterita y saqué la cinta métrica, por eso antes afirmaba que la hedionda v***a del n***o, aunque cueste creerlo, tenía 22 centímetros de largo y casi 6 de grosor. En todo el tiempo que llevo garchando, muy pocas veces me encontré con vergas de ese tamaño. Cuando me toca una, le hago todos los honores para que me siga cogiendo un buen tiempo. Hay un loco que me viene garchando hace como dos años y nunca le he dado la concha, siempre por el orto, y el loco de la vida, donde va a encontrar una guacha tan puta y con un ojete tragón como el mío. Volviendo a Punta del Éste, estoy segura de que algunos se estarán preguntando por qué dije “el pobre petiso”. Muy simple los primeros siete días de mis vacaciones los había pasado garchando con el petiso, 3 días el y el grandote, después un día el solo y los tres últimos él y el n***o. Me quedaban como veinte días más, pero, con el petiso no pensaba garchar más. Pero, no era que en lugar de pasar las noches en una pieza de cuarta, garchando sin parar. Hubiera resuelto dedicarlas saliendo a bailar y divertirme, que en definitiva es a lo que todo el mundo viene a Punta del Este.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD