Capítulo 5
Aspen vestida de mujer.
PADMÉ CRAFT.
Al llegar a la casa solo estaba la señora Louisa porque el señor Williams tuvo que ir al trabajo, les comenté que había conocido a sus nietos y ella pareció complacida diciéndome que eran buenos niños que también iban a la iglesia, aparenté que no me dolía el abdomen, pero me preocupaba que el dolor fuera algo que me hubiera afectado algún órgano porque tenía un fuerte dolor de vientre, así que después de comer dije que iba a dormir, sin embargo cuando me levanté, Louisa ahogó una exclamación y dijo:
—Aspen, estás sangrando —su tono de voz me dejó pasmada.
¿Sangre?
¿Yo?
¡¿Estaba herida?!
Fruncí el ceño y observé como sus ojos iban a mi entrepierna, mi pantalón era de color azul oscuro, sin embargo la mancha oscura era evidente, rápidamente pensé en las fechas y se suponía que me bajaría en una semana, de seguro el agite de hoy me lo adelantó.
Mierda.
Mi periodo.
—Ah, no es que... —piensa rápido, di algo— tenía diarrea.
¿Es en serio Padmé?
Ella hizo una mueca de asco y agregué en tono apenado:
—Voy a cambiarme, mil disculpas.
Salí de ahí rápidamente y subí a mi habitación para encerrarme y por fin me quité toda la armadura que tenía debajo de la ropa.
Qué bien se sentía respirar.
Qué bien se sentía no usar ropa ni nada que apretara mis pechos.
Y que bien se sentía no tener una salchicha de pavo hecha papilla dentro de mis bragas. Bueno, una salchicha de pavo empapada de mi sangre, como si fuera una especia de salsa como aderezo.
Uhg.
El chaleco de músculos de gomaespuma se había roto, al igual que la salchicha que me había puesto estaba hecha papilla, y para empeorar la situación el dolor de vientre era porque me había bajado Miguel; el que viene cada mes... ¿o era Andrés? Como sea, estaba botando sangre por la v****a cuando se suponía que era un hombre, definitivamente algo antinatural.
Puta vida.
Iba a buscar mis tampones, pero luego recordé que los había botado porque no quería que en el aeropuerto vieran que tenía unos tampones, podía ser sospechoso y puede que me las hubieran confiscado creyendo que en realidad era marihuana montando todo un show o algo así, tal vez exageré por ver tanto ese programa de alerta en el aeropuerto, pero prefería siempre ser prevenida.
Pase una mano por mi cara sin saber qué hacer.
Piensa Padmé, piensa...
No podía pedirle tampones a la señora Louisa porque sería bastante anormal, más aún cuando ella fue la que vio la mancha en mi pantalón, la única opción era salir a comprarlas, me intenté colocar el chaleco de músculos pero se abrió más el lado donde se había roto y se descolocaba de donde debía estar, mis músculos falsos se volvieron inservibles.
Puta vida x2.
Tendría que ir como Padmé, era la única opción, y lo admitía, me emocionaba la idea de ser mujer otra vez, de ser la verdadera yo al menos un momento sin esa horrible faja apretando mis pechos evitándome respirar.
Me coloqué mucho papel higiénico para que no se me volviera a pasar el periodo mientras iba a comprar las toallas sanitarias y me coloqué el único vestido que traje en casos de una emergencia —como ésta— que tuviera que volver a ser Padmé, se suponía que bajo ninguna circunstancia iba a ser ella en esta ciudad, pero las circunstancias lo ameritaban. Me maquillé para crear alguna diferencia entre Aspen y yo, sin embargo mi cabello rubio y corto me delataba, no había visto a nadie en esta ciudad con mi corte, sentía que alguien podía reconocerme y creer que de hecho era Aspen vestida de mujer.
Qué ironía.
Saqué la peluca que había traído en mi maleta, también la había traído en caso de emergencia, como ahora, era una grave emergencia. Me miré en el espejo acomodando mi cabello n***o y largo, y el escote en V que me resaltaba la figura, ahora me sentía como la verdadera yo, o al menos un poco como la yo antigua porque siempre fui rubia, al menos era muy diferente a Aspen.
Iba a abrir la puerta de mi habitación, pero me detuve.
¿Cómo coños iba a salir sin que la señora Louisa me viera?
Al ser religiosos no iban a aprobar que una chica bajara de la habitación que era de Aspen, me echarían a patadas porque creería que estábamos follando o algo así, aunque esa chica fuera yo misma, ellos no lo sabían ni mucho menos podían enterarse.
Miré hacia atrás a la ventana y tomé una profunda respiración.
Era la única forma de salir.
Me acerqué a la ventana y la abrí dejando que la fresca brisa entrara desordenando mi cabello artificial, observé la distancia del suelo, no parecía mucha, así que con algo de torpeza me subí al marco y sin pensarlo dos veces salté antes de que mis zapatos deportivos resbalaran, ahogué una exclamación cuando caí sobre los arbustos de trasero raspándome los codos con las ramas, creo que la distancia sí era muy significativa porque me dolió como el demonio.
Ya Padmé, deja de lamentarte y compórtate como la mujer fuerte que eres.
Me levanté sacudiéndome un poco y arreglé mi peluca saliendo de los arbustos rápidamente mirando alrededor asegurándome de que nadie me viera, pero el vecindario parecía ser de esos donde solo viven ancianos que no salen ni a tomar el sol. Bien, ahora sí podía moverme con libertad sin ningún Jerry estorbándome.
Bueno, ahora que iba a la tienda más cercana, tenía que aprovechar de comprar otro Jerry preferiblemente de goma o gomaespuma y otros músculos, esto de ser un farsante era más difícil de lo que pensé.
ELIOT STEVENS
Estacioné mi auto en el estacionamiento del centro comercial, tenía que ir al supermercado porque luego de que mi hermana y yo llegamos a casa del instituto, mi mamá nos dijo que no había huevos y que fuera a comprarlos, ahora estaba molesto porque no me envió un mensaje antes y ahora tenía que ir bastante hambriento a comprar los huevos para el almuerzo para su especial ensalada.
Entré al supermercado tomando un cartón de huevos y caminé hacia la caja para poder pagar el producto, cuando de repente una chica se interpuso en mi camino y se metió antes que yo en la cola para pagar.
—Claro, como no, pase usted, princesita de azúcar...—dije entre dientes, odiaba que estando apurado y hambriento ella se interpusiera para pagar antes que yo lo que parecía ser una caja de toallas sanitarias.
Bueno, no sabía qué era peor, mi mal humor por estar hambriento o ella siendo cascarrabias por eso, mi hermana Elmira se volvía todo un dolor de culo cuando menstruaba.
—Yo estaba primero —dijo con un eje de superioridad apenas mirándome de reojo, pero de súbito ella volteó su cabeza hacia mí pareciendo ligeramente sorprendida, como si me reconociera, probablemente había visto mis videos en internet.
Fruncí débilmente el ceño, por el reflejo que vi de su rostro era una chica muy atractiva, sus ojos eran de un cautivador azul muy llamativo, el vestido n***o hacía ver su piel más pálida y suave porque el vestido le encajaba en la cintura y caía por sus caderas resaltado un buen culo redondo, unas piernas gruesas donde definitivamente resaltaba que hacía ejercicio, estaba como para adorarla y orar antes de comer.
—Perdón, ¿te conozco, princesita de azúcar? —Indagué, ella se limitó a negar con la cabeza y volvió a darme la espalda, como si la hubiera intimidado, me agradaba que las chicas se hicieran las difíciles—. Claro que no te conozco, de seguro que si te hubiera conocido antes no te hubiera olvidado.
Esa frase nunca fallaba, siempre las chicas se reían y comenzaba el coqueteo intenso que terminaba en una propuesta de ir al carro o quedar en su casa, pero en cambio ella me ignoró, pero eso de alguna manera me dejaba intrigado, no recordaba la última vez que una chica me ignorara luego de que me viera y descubriera mi buen físico.
Porque nunca ninguna chica lo había hecho antes y no estaba dispuesto a que esa princesita de azúcar lo hiciera.