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812 Words
Capítulo 4    No vuelvas a meterte conmigo. PADMÉ CRAFT.                              Tomé una profunda respiración y contesté. —Hola, Dalton—murmuré usando por primera vez en un largo tiempo, mi voz normal—. Dime que tienes algo para mí. —Bueno preciosa, sí, hay algo nuevo —respondió—. Como lo sospechamos desde el principio, Chriss decide quién entra. Sentí como si algo me bajara del estómago y tuve que adentrarme a un callejón para poder apoyarme de la pared. Mierda. —No, por favor, estoy acabando de escupirle en la cara —dije—, por mi culpa lo mandaron a dirección. Lo había enfrentado, le había escupido y lo había metido en problemas. Estaba muy segura de que Chriss me odiaba en este momento. —¿Qué? —dijo incrédulo pero con un eje de diversión— ¿No habíamos quedado en que el primer día solo ibas a analizarlo, intentar ser su amiga y toda la mierda que al parecer no hiciste? —Sí, ya sé —gemí—, pero no sabía que de él dependía el club de chicos. —Bien, ya lo sabes —dijo—, no puedes echarlo a perder ahora que estás allá siendo un hombre. Tomé una profunda respiración y rasqué la parte posterior de mi cabeza descuidadamente para decir: —Ya, está bien. —dudé por un momento y dije: — ¿Cómo está, Padre?  —Igual que siempre —murmuró—, te llamaré cualquier cosa, preciosa. Hice un sonido para que supiera que lo escuché y colgué la llamada. —¡Mierda! —grité pasando una mano por mis ojos sin poder creer lo que Dalton me había dicho, yo estaba aquí para entrar al club de chicos y al parecer la única persona que me dejaría entrar era el mismísimo Chriss, el chico que probablemente me odiaba. Pero yo lo odiaba también, así que probablemente esto sería más difícil de lo que creí.  Iba a salir del callejón para poder ir a mi nueva casa, tenía que comenzar a crear ritmos y escribir rimas para estar más preparada, cuando de repente observé al chico que se interpuso en mi camino, alcé la vista de su cuerpo, era muy alto y tan grueso de músculos como una pared, su ceño débilmente fruncido mientras sus ojos marrones me examinaban con minuciosidad y malicia. Mierda. Era Chriss y lucía bastante enojado. Di un paso atrás sintiendo todo mi cuerpo tensarse, recordando lo que me había dicho Eliot «Aquí dentro del instituto puedes sentirte protegido, pero afuera es donde están los problemas» estaba segura de que Chriss quería hacerme papilla. —Que sorpresa encontrarte en un callejón desolado —dijo con cierto tono irónico—, como si estuvieras esperando para que te dé una golpiza. Mi. Er. Da. —Bro, no quiero pelear —dije mostrándole las palmas de mis manos—, creo que iniciamos con mal pie, escúchame sé que debes estar molesto pero... — ¿Por qué crees que quiero escucharte? —dio un paso hacia mí y yo di varios pasos hacia atrás, ahora que lo veía de frente notaba como su rostro tenía leves cortes y golpes, su nariz ligeramente desviada y una vieja herida que cruzaba su mandíbula ya cicatrizada, de seguro estaba muy acostumbrado a meterse en peleas. Y yo definitivamente sabía pelear, había tomado clases de boxeo, pero nunca me había metido en una pelea real. —Porque te interesa —murmuré—, escuché que tienes un club de chicos, quiero entrar. Su rostro burlón no flaqueó, sino que se tornó más severo haciéndolo condenadamente intimidante, todo de él parecía destilar peligro, como si tuviera a su alrededor un aura negra de maldad. —Me vale mierda, maricón —gruñó y empuñó su mano para darme un golpe en el estómago que me sacó todo el aire que estaba conteniendo, ahogué un quejido lamentoso, nunca me habían golpeado en mi vida con la intención de hacerme daño, mucho menos con tanta fuerza. Él se acercó como si quisiera abrazarme y me dijo al oído: —No vuelvas a meterte conmigo.  Se separó de mí, yo envolví mis brazos a mi alrededor y apreté mis piernas destrozando por completo a Jerry, todavía sintiendo el dolor de su golpe. Él me observó por un rato más en una advertencia silenciosa y salió del callejón. Maldita sea. Creo que entrar a ese club de chicos sería más difícil ahora que la había cagado hasta el fondo, sin embargo, tuve una extraña idea que puede que funcionaría, volverme a como diera lugar su amigo aunque realmente lo odiara, después de todo era una farsante.   Sintiéndome un poco más animada salí del callejón y fui hacia mi casa. Darme por vencida no era opción, mucho menos ahora que tenía una salchicha hecha papilla en mis bragas.  
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