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Lizbeth era agradable pero bastante sinvergüenza, su manera de coquetear con Grayson me pena ajena por el nivel de descaro. Incluso las encargadas del servicio doméstico susurraban. Yo no decía nada al respecto, si ella transformaba en su amante: bien, así seguramente querría darme el divorcio más rápido y eso era lo que yo más deseaba. A pesar de todo continuó con la habitualidad de dejarme flores, con una nota que yo ya tenía la costumbre de coleccionar. Era algo que me gustaba. Estaba desayunando y leyendo la nota que Grayson había puesto en los girasoles que había dejado para ese día: «Eres muy linda, G.V», los cuales el fontanero había visto con cara de añoranza por lo cual al preguntarle descubrí que a su esposa le encantaban por cuanto accedí obsequiarlos cuando Lizbeth entró.

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