Alisté mis cosas en un santiamen, si Grayson pensaba que me iba a asustar con la amenaza de enviarme a un convento estaba muy equivocado, era preferible estar con un grupo de monjas rezando día y noche que conviviendo con él y sus amantes en aquella casa sin alma. El viaje quedó pactado para el día siguiente, Lizbeth habló conmigo tratando de convencerme de que no me fuera: decía que me iba a extrañar demasiado, que a veces convivir sola con Gray-Gray era una actividad temeraria. Contesté que no existía la posibilidad de que yo prefiriera quedarme allí con ellos. No mentiré en realidad ella también me agradaba bastante pero no lo suficiente como para hacerme soportar a aquel marido invivible. Además fuera como fuera Lizbeth esperaba un hijo suyo, aún cuando quizás no hubiese sido concebi

