Esperé temeroso durante el resto del día a su llegada pero mi único contacto humano fueron los mensajes de los chicos diciendo que sentían que me fuese a perder la noche de fiesta, que me recuperase pronto y que intentarían dejar a alguna groupi sin usar para mí, bla bla bla. No les culpo por no preocuparse más por mí, me lo he buscado yo solo a base de años encerrándome en mí mismo pero ¿qué iba a hacer?, a fin de cuentas todos ellos tienen veintitrés años y comparten gustos, yo a mis diecinueve sólo tengo la música en común con ellos.
Irónicamente, en la prensa se me catalogaba como el más rompe corazones y juerguista del grupo; el pilar que mantenía a la banda unida. Nada más lejos de la realidad pero no era más que publicidad, una fachada fácil de vender, una falsificación del verdadero rey del desmadre: Sergio.
Cansado de esperar dando vueltas por toda la habitación, me fui por fin aliviado a la cama. Seguro que al estar de fiesta se habían encontrado con varias groupies más que dispuestas a pasar la noche con ellos, por una vez me alegraba de que nos siguieran a todas partes y tuviesen las piernas abiertas las veinticuatro horas.
No podía desaprovechar esta oportunidad, tal vez hoy era la noche en que finalmente podría dormir del tirón. Llevaba todo el día en bóxers porque el mínimo contacto con la ropa me dolía, así que para dormir no iba a ser menos, me eché boca abajo en la cama y apagué la lamparilla; había algo distinto en el ambiente que me hizo sonreír, suspiré pensando en lo bien que sentaba el silencio... Hasta que por la maldita ley de Murphy mi burbuja de fantasía reventó, el ruido de unas llaves se hizo presente al otro lado de la puerta. No, no podía ser cierto, en algún momento averiguaría cómo había conseguido las llaves de mi habitación pero ahora lo más importante era parecer dormido, quizá de esa forma si ya había estado con alguna chica no tendría la necesidad de desfogarse conmigo.
La puerta se abrió y se escucharon pasos pesados y descoordinados, ya se había vuelto a pasar bebiendo como todas las veces que salía. Llegó hasta la cama a trompicones, me destapó y se dejó caer hasta el suelo.
- Lo siento, no quería hacerte daño, tú me obligaste.- Arrastraba las palabras al hablar acentuando notablemente las eses y erres. Me acarició suavemente el pelo y bajó lentamente hasta la espalda; al contacto de sus yemas contra mi piel no pude evitar gruñir por el escozor.- Esto no habría pasado si me quisieras.- Me volteó con dificultad provocándome otro torrente de dolor.
Era evidente que el alcohol le estaba pasando factura a su cuerpo, la falta de equilibrio y fuerza le delataban, e incluso por imposible que pareciera, creo que seguía pensando que yo estaba durmiendo. Comenzó a acariciarme con delicadeza desde la sien hasta mi abdomen, metió su mano por debajo del bóxer y no tardé en empalmarme, joder ¿que cojones me pasaba en la puta cabeza? Me llegó un fuerte olor a alcohol cuando se aproximó para besarme ¿qué debía hacer?, ¿seguir haciéndome el dormido hasta que descubriera que estaba despierto? o ¿hacer como que me había despertado y que todo empeorara?, a mi parecer ambos caminos tenían el mismo final y yo ya no podía contener los gemidos de excitación, estaba realmente caliente.
- Mmm, ¿Sergio? ¿Qué haces aqu...?- Abrí poco a poco los ojos cuando sentí el contacto de uno de sus dedos sobre mis labios.
- Shh ¿Por qué lo hiciste? ¿Acaso no me quieres?- Aumentó la presión y la velocidad de su mano.
- N-no lo sé, s-sí, sigue.- No podía concentrarme en contestar nada lógico, en mi mente sólo existía su mano moviéndose rítmicamente. Lo agarré por la nuca y lo atraje desesperadamente hacia mí, lo bese en el instante en que salía otro gemido de mi boca.
Para estar tan borracho reaccionó rápido a mi beso y siguió dejando un reguero de ellos por todo mi cuerpo hasta llegar a mi m*****o, el cual se puso a lamer. No me lo podía creer, esta sensación era totalmente nueva, por primera vez podía sentir el calor de su boca, la suavidad de sus labios deslizándose, su lengua jugueteando de arriba a abajo... no podía más, mi cuerpo se tensó y solté otro gemido antes de estallar; de repente tenía mucho sueño, me sentía relajado y sin importarme por una vez qué haría Sergio, me dormí.