Estaba sentada junto a una mesa en el restaurante, cerca a la oficina, tomando un café, revisando los diarios de la mañana, tratando de encontrar noticias sobre la minera Azuleja y nuestra denuncias de contaminación. Había pasado, incluso, varias notas de prensa a todos los medios, del litigio que habíamos entablado en contra de sus directivos, pero ningún medio consignó, siquiera, una línea y eso me disgustaba sobremanera. Por el contrario, habían avisos grandes, incluso a página entera de la minera, porfiando que hacían un trabajo en bien del país, que cuidaban el medio ambiente y que se preocupaban por el bienestar de la comunidad de Villa Flores, con fotografías de niños saludables alegres y saltando. -Hasta dónde puede alcanzar el poder del dinero-, renegué golpeando mis rodillas. L

