Un cliente anterior, al que libré de un complicado caso de drogas, donde estaba inmerso y acusado de traficar, logrando demostrar su inocencia, me llamó, así de repente, a la oficina. Estaba preparando la defensa del caso Figueroa y del Grupo Zodiaco, escribiendo los puntos más importantes de mis alegatos cuando tronó mi celular. -¿Aló?-, puse el altavoz. -¿Deborah Mercado?- -La misma que canta y baila-, dije divertida. -Soy Pedraza-, se anunció. Lo recordé de inmediato. Su caso parecía estar perdido, incluso le esperaban muchísimos años de cárcel y la prensa lo calificaba de peligroso narcotraficante, sin embargo, luego de una exhaustiva investigación, logré probar que el único delito de Pedraza era tener amigos equivocados pero sin ninguna relación de negocios ilegales. Se salvó de

