Fue un matrimonio sencillo, con pocos invitados. Por supuesto estuvo Angélica y junto a Yolanda fueron mis damas de honor. Mis padres no dejaban de llorar y Melissa estaba tan embelesada con su novio que, creo, ni disfrutó del pastel ni se peleó por el bouquet. Yo, contra todo pronóstico, estaba súper tranquila y lo único que me preocupaba era que todo salga bien. Lucí bien hermosa, además, con mi vestido blanco, muy entallado, una larguísima cola, un velo precioso y una kiara elegante, es decir fui la novia más linda del mundo. Jimmy lució un terno elegante y me sorprendió verlo tan serio, entumecido, asustado y hasta temeroso, completamente azorado. Eso sí, bien peinadito, su mirada brillante y la sonrisa amplia, blanca, varonil y cautivante. Temblaba, además. -Oye, te vas a casar, no
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