¿Y ahora? ¿De quién es cada cerdito? Cuando llegué a la oficina con el cerdo en brazos, Yolanda me reclamó furiosa. -¿Dónde diablos vas a poner a ese animalito?-, me dijo con los brazos cruzados y tamborileando el piso con los pies. -No sé-, le dije divertida. -¿Estás segura que es el cerdito extraviado?-, se asombró Jimmy. Había estado peinando toda la zona, día y noche, en busca de la mascota, sin resultados positivos que ya estaba desalentado. Pensó, incluso que yo había comprado al animalito en una tienda de mascotas. -Eso es lo que debemos probar-, remarqué convencida. -Pero un cerdito no es como un perro que reconoce a sus amos-, me dijo Yolanda aún molesta. -Tengo una amiga veterinaria, ella me dará luces-, le subrayé. Jimmy y Yolanda acondicionaron un espacio en el hall dond

