-Necesito tu ayuda, Alex-, le dije. -Recién te acuerdas que existo-, la escuché malhumorada. -Ay, no te pongas así, Alex, sabes que eres especial para mí, yo te lo dije-, le reclamé. -No es por eso, Debi, tú fuiste sincera, pero debiste mantener el contacto. Te olvidaste de mí-, insistió furiosa. -Solo ha pasado menos de un año-, le aclaré. -Para mí ha sido una eternidad-, volvió a mascullar su enfado. -Te lo recompenso con un cafecito-, intenté hacerla reír. Ella caviló. -Con tostadas o si no, nada-, alzó la voz. Estallé en carcajadas. -Te aprovechas de las circunstancias-, me divertí. -Es la ley de la vida-, se divirtió, también ella. Llevé un delicioso café ya con azúcar en un termo y compré tostadas en la panadería. Luego fui a su elegante consultorio, en un barrio exclusivo.

