-La señora Heather McGregor la espera en su despacho-, me dijo su seguridad. Aquel era un enorme edificio, súper elegante y de amplios ventanales. En el primer y segundo piso estaba la joyería "Buena Luz", la más exclusiva del país, con sus amplias vitrinas y estanterías con hermosas y costosísimas joyas. Me entretuve mirando una cadena con un dije de la luna y quede boquiabierta. También un collar de perlas y más allá una esclava divina, hecha con oro. Vi pendientes de todas las formas, hechas con piedras preciosas de todos los tonos y colores. -¿Le gusta alguna?-, preguntó una de las dependientas. -Ay, por supuesto que sí, pero necesitaría ganar diez mil casos seguidos para poder pagarlos-, sonreí. -¿Es usted abogada?-, adivinó de inmediato ella, mirándome a los ojos. -Sí, sonreí, pe

