- Samantha Jones
La recepcionista grita mi nombre y me levanto del cómodo sofá en donde me encontraba sentada junto a Josh y caminamos hacia el consultorio de la Doctora Roberts. Una mujer rubia con una bata blanca y zapatos de tacón azules nos recibe con una gran sonrisa y nos invita a pasar. Me pide que me recueste en la camilla y levante mi blusa para poder realizar la ecografía. Sucede el procedimiento de siempre y la Doctora me entrega unas fotografías de la ecografía tridimensional.
No nos toma mucho tiempo regresar a casa mientras observo detalladamente cada fotografía, contemplando a mi bebé. A penas y puedo distinguir sus brazos o su rostro, pero me emociona poder verlo.
Josh se mantuvo en silencio todo el tiempo que estuvimos con la Doctora y en transcurso de regreso a casa, pero me he mantenido tan concentrada en las fotografías que a penas y noté que Josh no actuaba como siempre.
Al entrar a casa noto una pequeña caja sobre la isla de la cocina que no recordaba haberla visto antes de salir, por lo que regreso a ver a Josh para encontrar respuestas, pero noto algo extraño en su mirada.
- ¿Sucede algo, Josh?
Su mirada se centra en mí y camina hacia la caja antes de responder.
- ¿Recuerdas que mamá llamó antes de entrar al consultorio de la ginecóloga?
- Si, ¿pasó algo? ¿ella está bien?
- Resulta que una de mis hermanas le dijo que estaba viviendo contigo y que estabas embarazada.
- ¿Una de tus hermanas le dijo a tu mamá que estaba embarazada de ti?
- Si, mamá me llamó furiosa a reclamarme que porque no le había dicho que iba a ser abuela. Traté de explicarle que el bebé no era mío, pero algo me detuvo y no pude hacerlo.
- ¿A qué te refieres con que no pudiste hacerlo y como es que una de tus hermanas supo que vivía contigo?
- No lo sé, creo que una de ellas vino a visitarme ayer y quizá nos vio entrando a casa. Y no pude decirle a mamá la verdad porque me di cuenta de que no podía explicarle nada. Le pude haber dicho que el bebé no era mío, pero ella preguntaría que entonces porque estabas viviendo conmigo y pues ella todavía pensaba que éramos novios hace unos meses así que pensaría que me engañaste con alguien. Y tendría que explicarle que en realidad nunca fuimos novios y ella se enojaría conmigo y tendría que explicarle que el padre del bebé murió hace cuatro meses y que no me quisiste decir como sucedió.
Cada palabra de Josh me llega al corazón y noto que toda la información que he ocultado obligó a Josh a mentir para que su mamá no piense que soy una zorra que lo engañé y ahora me estoy aprovechando de él o de que soy una mentirosa al igual que su hijo.
- Josh… yo no sé qué decir.
Josh desvía la mirada hacia la caja y la toma con una mano mientras la abre con la otra. Parece que ya se había abierto antes por lo que en un par de segundo Josh saca el contenido de la caja y aparece un pequeño balón de soccer con pentágonos de color azul y n***o.
- Parecías muy segura de que tu bebé sería niño así que compré un balón por internet hace una semana y lo entregaron hoy, justo antes de salir.
Su obsequio me conmueva tanto que me rompe el corazón saber que estoy cometiendo el mismo error de nuevo, mentir a las personas que quiero.
Camino hacia Josh y toma el balón con mi mano izquierda mientras toma la caja, con la derecha y guardo el balón en ella. Dejo la caja sobre la isla de la cocina y me pongo de pie frente a Josh.
No puedo decir la verdad, no me siento preparada para la avalancha de insultos que me merezco por ser una mentirosa. Sé que debo irme lejos, donde deje de lastimar a las personas en mi vida.
- Sí comenzara a contarte toda mi vida, no acabaría ni en una semana.
Sus ojos me observan curiosos, trata de mirar mi alma y descubrir mis secretos, pero estoy tan acostumbrada a mentir que sé cómo ocultar mi pasado.
Rodeo a Josh y camino hacia el gran sillón de color café de la sala de estar. El sentimiento de culpa cada vez es más grande, pero no puedo dejarme vencer.
- Soy una persona horrible que lo único que hace es mentirte.
Esa frase sale de mi corazón sin ni siquiera haberla pensado, pero ya no hay vuelta atrás, quizá y pueda decir la verdad sin entrar en detalles.
Bajo la mirada hacia el piso y siento todo el peso de las mentiras en mis hombros. Josh se sienta a mi lado y espera pacientemente a que continúe hablando.
- He mentido, engañado, traicionado y por mi culpa, mi papá murió hace tanto tiempo. Siempre pensé que las personas me juzgarían por ser quien era. Pude ser feliz y preferí huir para mantenerme a salvo con la idea egoísta de que nadie debía conocer mi pasado jamás.
Me pongo de pie y regreso a ver a Josh quien mantiene su mirada fija en mí.
- No quiero seguir mintiéndote, pero debo hacerlo. No soy quien tú crees. He pasado demasiado tiempo pensando en la mejor forma de decirte la verdad, pero concluí que no debía hacerlo.
Suspiro y bajo la mirada de nuevo. El peso de la culpa ya no me deja vivir en paz, pero la humanidad no está lista para la verdad.
- Me iré de aquí en la mañana, sé que no quieres vivir con una mentirosa. Viví durante muchos años en el infierno y no planeo arrastrarte conmigo.
Me alejo rápidamente sin darle la oportunidad a Josh de responder. Subo las escaleras y me encierro en mi habitación dispuesta a hacer las maletas.
Una pequeña lágrima resbala involuntariamente por mi mejilla. La retiro con la manga de mi abrigo y me tomo un minuto para respirar y continuar con mi tarea de empacar.
No me tomas más de diez minutos empacar la poca ropa que tengo junto a la ropa de mi bebé, que había comprado con Josh.
Durante un par de horas me remuevo incómoda sobre el colchón tratando de conciliar el sueño. Observo la hora en mi celular cada cinco minutos pensando que el tiempo, de pronto, pasa más lento de lo normal.
Finalmente, el sueño me vence en menos de un minuto y mis ojos se cierran esperando el inicio de un nuevo día donde deberé despedirme de Josh.
Siento los rayos de sol sobre mi rostro y la incomodidad me obliga a abrir lentamente los ojos para dar la bienvenida a un nuevo día. Abro primero el ojo derecho y observo una pierna muy cerca de mí. Al abrir el otro ojo, me encuentro con un puño junto a la pierna, los nudillos se encuentran completamente blancos y parece sostener algo que no puedo apreciar debido a que el objeto se encuentra oculto tras el puño.
Levanto la mirada y me encuentro con el rostro de Josh completamente blanco y con un evidente enojo en los ojos. Me mira con ira y quizá con desprecio, lo cual me alerta y de un salto retiro las cobijas que me cubrían y me coloco al otro lado de la cama tratando de alejarme de Josh.
- Eres una estafadora.
Escupe cada palabra con todo el desprecio que sé que merezco, pero no sé el motivo.
Josh levanta su puño y finalmente puedo observar que el objeto que sostenía era el mango de un cuchillo de cocina. Por un segundo me causa gracia observar a Josh amenazándome con un simple cuchillo, pero al ver el miedo en sus ojos me doy cuenta de que lo estaba subestimando.
- Estuve toda la noche investigando sobre ti.
Pienso en todos los resultados que de seguro tuvo su investigación, pero sé que nada de lo que Josh haya encontrado debe ser acerca de mi verdadero yo.
- Apareciste hace tres años de la nada. Compraste una galería de arte en Miami, pero nadie sabe de dónde sacaste el dinero. No tienes ninguna red social, pero hace cinco años una mujer publicó en f*******: una foto en un restaurante donde estaba almorzando contigo. La foto la encontré por casualidad, ya que el mismo restaurante la usó para promocionar el lugar.
Trato de pensar en los miles de restaurantes en los que he estado y los cientos de personas que de seguro me habían tomado fotos a pesar de que siempre decía que odiaba las fotografías de mí misma.
- Pasé varias horas en internet para poder encontrar a la mujer que había tomado la foto y finalmente la encontré. Respondió a mis mensajes hace media hora y solo me supo decir que un día desapareciste después de vender la cafetería que tenías en Londres. No supo más de ti e incluso alertó a la policía de tu desaparición, pero solo pudieron descubrir que habías aparecido de la nada diez años antes.
De acuerdo, ahora sé de qué fotografía y mujer se trata. Se trata de Sofy, una amable mujer que vivía frente a mí y que hizo todo lo posible por ser mi amiga. En un principio trataba de ignorarla, pero me sentía mal por ella y al final nos hicimos amigas durante los diez años que viví en Londres.
- La mujer dijo que te había conocido cuanto tenías veintidós años, lo que significa que probablemente deberías tener alrededor de treinta y cinco años en este momento. Es obvio que no pareces de esa edad, lo cual me lleva a la siguiente pregunta: ¿Tienes el secreto de la juventud eterna o como haces para mantener una apariencia de veinteañera?
Mi cerebro comienza a trabajar para idear una buena mentira, pero solo puedo pensar en lo estúpida que fui al cometer el mismo error de hacer amigos, dos veces seguidas.
Josh se acerca peligrosamente a mí y por un segundo dejo que mis instintos se liberen y mi parte racional se bloquee.
- ¡Impetus! – Grito y empujo la palma de mi mano derecha en dirección al cuchillo.
El objeto sale volando de la mano de Josh, lo que provoca que él retroceda de un salto debido al miedo. Observa fijamente su mano como tratando de explicar lo que acaba de pasar, pero al estar tan confundido, regresa su mirada a mi rostro y noto el temblor en todo su cuerpo.
Me percato rápidamente de mis acciones y oculto mis manos en mi espalda como si esa fuera la solución para todo.
Camino lentamente hacia Josh, pero este retrocede de espaldas a la pared con un evidente miedo hacia mí.
- No me temas por favor. Jamás te haría daño.
Josh parece tratar de tranquilizarse mientras se debate entre huir y quedarse a escuchar mi explicación.
- No te voy a hacer daño, lo prometo. No debí haber hecho eso. Prometí a Ananiel que no usaría la magia nunca más si quiero ser perdonada por mis pecados.
- ¿Ananiel?
Mi mente no trabaja como me gustaría que lo hiciera y noto que he soltado una de mis verdades.
- Josh, dije que me iría hoy y así lo haré. Pero te ruego que no se lo digas a nadie. Las personas no pueden saber de mi magia o vendrán por mí y mi hijo resultará herido.
Sé que usar a mi hijo para convencer a Josh de no hablar está mal, pero no puedo permitir que alguien sepa sobre mi existencia.
- Josh, no soy mala persona. No te quiero mentir en eso, hace mucho tiempo me convertí en un ser despreciable que merecía una vida de tragedias, pero ya no soy esa persona, lo prometo.
- No eres una persona.
Sus palabras me hieren, pero sé a qué se refiere y tiene razón, no soy una persona o bueno… antes no lo era.
- Tienes razón no soy una persona, soy una bruja, hechicera o como quieras llamarme, pero sabes que no te haría daño.
- No estoy tan seguro de eso.
Cuando me encuentro cerca de Josh lo miro directamente a los ojos y reconozco el miedo a lo desconocido en mi mirada.
- Tengo varios hechizos que podría hacerte para que olvides lo que acaba de pasar, pero eso podría enfermarte. Hechizar a un humano es peligroso porque sus cuerpos no están diseñados para soportar la magia. Podría hacerte olvidar con unas palabras y un movimiento de mis manos, pero no quiero lastimarte Josh, jamás lo haría.
Trato de ser completamente honesta con Josh al decir esas palabras, pero parece que nada lo tranquiliza así que opto por hacer algo más.
- Me iré de aquí ahora y no volverás a verme nunca más. Solo te pido que jamás le digas a alguien lo que pasó hoy porque todo se volverá una locura y solo habrá dos opciones: Las personas te tacharán de loco o las pocas personas que te crean me buscarán para averiguar si lo que dices es cierto.
Josh parece entender mis palabras y asiente con la cabeza.
- En serio agradezco todo lo que hiciste por mí y me gustaría darte un regalo a cambio de toda tu ayuda.
Camino hacia el baño y sé que prometí que no volvería a hacerlo, pero me arriesgo una vez más y junto mis manos extendidas a la altura de mis hombros.
- rreɣa'lar – digo y la luz en mis manos me indica que está hecho.
Encuentro a Josh en la misma posición en la que se encontraba antes de entrar al baño y le extiendo mi mano para entregarle la llave.
Su rostro se muestra confundido y proceso a explicarle lo que estaba entregándole.
- Son las llaves de la galería en Miami. Cambiaré la propiedad a tu nombre en cuanto salga de esta casa. Sé que siempre amaste el arte y quiero entregarte la galería como obsequio.
Josh parece sorprendido, pero antes de que diga algo, camino hacia el armario donde había dejado únicamente las prendas de vestir que usaría hoy y de inmediato entro al baño para poder cambiarme de ropa y salir de esta casa.
Una vez que me encuentro lista, salgo del baño encontrándome en la habitación a solas y sin tiempo que perder tomo las dos maletas junto a la puerta que preparé anoche y camino silenciosamente a las escaleras para después ir a la salida y sin mirar atrás cerrar la puerta a mi espalda y salir a la calle sin ningún plan ni a donde ir.