Capítulo 3

2635 Words
Cuando parece que todo terminó y no tienes a donde ir puede que aparezcan ángeles que quieran tomar tu mano para levantarte del oscuro pozo en el que te metiste por voluntad propia. -         Malakh, ¿nos quedaremos aquí todo el día? Puedo ver las ramas de los árboles moviéndose de un lado al otro al ritmo marcado por el viento de lo que parece ser el comienzo del invierno. Uso una de mis maletas como almohada bajo mi cabeza mientras dejo que el tiempo corra frente a mis ojos. No tengo prisa por levantarme del césped y comenzar a buscar un lugar donde vivir, solo quiero quedarme todo el tiempo que pueda en este lugar disfrutando de la paz que me trae observar las nubes en constante movimiento en el cielo. -         Un ángel no necesita alimentarse, pero sé que un humano sí, así que será mejor buscar algo de comida. Hace dos horas que Ananiel se recostó a mi lado esperando pacientemente a que decidiera ponerme de pie. Sentí su presencia de inmediato, esa paz y relajación solo puede ser a causa de un ser celestial. Al notar que se recostaba a mi lado decidí que sería buen momento para aprovechar su presencia y relajarme antes de la tormentosa vida que me esperaba. -         Escuché que hay un lugar a unas cuadras de aquí que sirven buena comida. Me rio por su evidente mentira y giro mi cuello a la derecha para poder observarlo a los ojos. Y ahí está de nuevo… esa mirada tan pura y angelical digna de un ser celestial. Puedo ver el mar en sus ojos lo que, por un segundo, me da la idea de ir a la playa. -         No es verdad, no conoces ningún restaurante cerca. Sonríe avergonzadamente al darse cuenta de que descubrí su mentira. Se pone de pie de un solo salto y gira su cuerpo para poder verme de frente. -         Solo quiero que vayamos a almorzar, no desayunaste, debes estar hambrienta. -         ¿Cómo sabes que no desayune? Su mirada responde a mi pregunta y me molesto por un segundo, pero entiendo que solo me vigila para asegurarse de que me encuentre bien. -         Eres un acosador. – Bromeo. -         Tranquila, tampoco es que te espiara en la ducha. No tienes nada de qué preocuparte solo te visito un par de días a la semana para observar tu estado de salud y me voy a seguir haciendo las tareas que me encarga mi padre. -         Dijiste que Hizzand es… - me percato de mi error rápidamente y omito el dolor en mi pecho para seguir hablando. – era nieto de un ángel, ¿eso significa que los ángeles pueden enamorarse? Creí que no tenían pensamientos impuros ni malicia. -         El amor es la base de toda la existencia, no tiene nada de malo enamorarse, pero papá sabe las complicaciones que trae para un ángel, tener un hijo con un humano, así que prohibió las relaciones románticas entre ambos. Trato de ponerme de pie, pero antes de darme cuenta, Ananiel toma mis manos y me ayuda. Pienso que puedo obtener algo de información de Ananiel si lo distraigo un poco. -         ¿Qué dices si vamos por un helado? Niega con la cabeza mientras muestra una mueca de asco. -         ¿No te gusta el helado? ¿Qué dices de una pizza? Ananiel hace una mueca con los labios mientras parece debatir consigo mismo por la decisión de comer una pizza. -         Creo que deberíamos almorzar algo más nutritivo. No puedes comer ese tipo de comida en tu estado. Ruedo mis ojos al notar que me está regañando por mi elección de comidas, pero sé que tiene razón. -         De acuerdo, ¿entonces que crees que deberíamos comer? -         Tú, una ensalada, yo una pizza. Vamos. Toma mi mano para jalarme lejos del parque donde nos encontrábamos, pero logró tomar ambas maletas que reposaban junto a mis pies con la mano libre y Ananiel camina a un rumbo incierto para mí, pero que él parece conocer muy bien. -         ¿A dónde vamos? -         A comer pizza, bueno… tú, una ensalada. Solo me guio por el olor. Finalmente llegamos a un lugar con un gran cartel con los colores de la bandera italiana y en medio el nombre “Carlo” Ananiel no pierde tiempo y en un segundo se acerca al mostrador a pedir una gran pizza de pepperoni y una ensalada con pasta para mí. Mientras lo observo comer comienzo a conversar con él para poder obtener más información sobre los ángeles y cualquier dato interesante que Ananiel pueda saber. -         ¿Creí que dijiste que los ángeles no necesitan alimentarse? -         No necesitamos, pero los sabores son deliciosos, en especial la pizza. Lo observo masticar mientras habla y me parece que estuviera viendo a un niño pequeño frente a mí. -         ¿Deus castigó a tu hermano por involucrarse con una humana? -         No lo llamaría castigo, pero le pidió que decidiera entre dos opciones. Caer a la tierra y estar con su amada o quedarse en el cielo y no volvería nunca más a la tierra. -         ¿Él que decidió? -         Baraquiel quería estar en la tierra y ver crecer a su hijo, así que se despidió de todos nosotros y tuvo una vida feliz hasta que su amada murió de vejez. -         ¿Qué pasó con él? ¿Murió años después? -         Un ángel caído camina por la tierra el resto de la existencia hasta el final de los tiempos. -         ¿Sigue vivo? No puedo ocultar la sorpresa en mi voz y parece que Ananiel se confunde por mi reacción. -         Si, ¿Qué esperabas? ¿Qué volviera al cielo como si nada hubiera pasado? -         Sí, es decir… no, pero al menos creí que se convertiría en humano y moriría finalmente. -         Somos ángeles, creados para cuidar humanos, no podemos simplemente dejar nuestro trabajo por un solo humano y después volver. Entregamos nuestra existencia al cuidado de todos los seres vivos creados por papá, si abandonamos nuestro trabajo podría causar que un humano que estaba destinado a ser el jefe de toda la iglesia se convierta en un criminal. Analizo cada de una de sus palabras y me percato de que tiene razón en lo que habla. No hay un ángel por cada humano, el estimado es de un ángel por cada quince mil humanos, sin contar los animales a cargo de ángeles. -         Papá quiere que reine la paz en cada rincón de la tierra y nos encargó que debemos cuidar de todas sus creaciones hasta el día del fin de nuestra existencia. -         ¿Qué hay de Baraquiel? ¿Has hablado con él después de caer a la tierra? -         En el último milenio solo lo he visto dos veces, él es mi hermano mayor así que a veces lo extraño, pero a él no le gusta que lo busquen, dice que prefiere alejarse de nosotros para no ser una mala influencia para el resto de los hermanos. Empiezo a crear un plan dentro de mi cabeza que podría ser un poco complicado. Sí busco a Baraquiel y lo encuentro podría tener más respuestas sobre el destino que le depara a mi hijo. Sería el único familiar vivo que mi hijo tenga aparte de mí. Lo buscaré y no me daré por vencida. -         ¿Cuál es el destino que le depara a mi hijo? Ananiel para de masticar de inmediato y por su expresión deduzco que busca alguna excusa para cambiar de tema. -         ¿Cuál es la gran guerra en la que deberá luchar? -         Malakh… escucha, sabes que no puedo decirte eso. Si el destino es revelado, cambiará y podría empeorar. -         Ananiel necesito tener, aunque sea, una pista. Debo estar preparada para esa guerra, no voy a dejar que mi hijo muera. -         Malakh para serte sincero, no sé cuál será el destino de tu hijo, solo me dijeron una parte y no puedo revelártela. Me siento frustrada. Decido dejar de intentar obtener información sobre ese tema, por lo que termino de comer mi ensalada y hablo de otro tema para al menos poder tener una pista de donde se encuentra Baraquiel. -         De acuerdo, ya no trataré de saber sobre el destino, pero al menos sígueme contando sobre el abuelo de Hizzand. -         Baraquiel era un gran guerrero, cuando Devil se reveló ante papá, Baraquiel fue quien informó a papá de lo que planeaba hacer Devil. Papá pensaba que Devil solo pasaba por una etapa de rebeldía, pero cuando él quiso tomar el control del Hortus Dei, papá lo desterró y Devil huyó provocando una gran ranura en el espacio tiempo. Papá se encargó de ocultar la ranura y le dio el trabajo de cuidar la entrada a humanos entrenados por ángeles. -         Dijiste que la abuela de Hizzand también era una protegida de Deus, ¿existen más protegidos? -         No puedo hablar mucho al respecto, pero básicamente sí, hay descendientes de varios elegidos por papá para participar en la historia de la humanidad. Ninguno puede saber de la existencia de otro, para que de esa manera no altere el destino. Solo papá sabe cuál es el destino de cada humano en la tierra, muchos humanos cumplen con una función muy pequeña que podría provocar el inicio de la existencia de un humano que cambiará toda la existencia, así que todos son importantes. Trato de recordar todos los sucesos que me pasaron para poder estar aquí hoy en día. Sí mamá no hubiera muerto, mi tío no me hubiera criado y de seguro no hubiera tenido todas sus enseñanzas así que quizá me hubiera sentido tentada por Devil y sus planes. Sí no hubiera conocido a Hizzand no me hubiera enamorado de él y no estaría embarazada. Ananiel tiene razón todas las personas que influyeron en mi vida provocaron que estuviera sentada en este momento frente a un ángel -         Mamá debía morir para que papá me criara, sí no, no estaríamos aquí ahora. -         Así es. -         Debía conocer a Hizzand para enamorarme de él y que quedara embarazada. -         En realidad, eso no estuvo planeado. Hizzand al ser nieto de un ángel, su destino era muy incierto, lo único que era seguro era que estaban destinados a conocerse. -         ¿Deus controla los destinos de todos los humanos? -         No, papá deja que todos tomen sus propias decisiones, así que el destino de todas las personas se actualiza por cada decisión que tomen, pero a veces papá sabe cuándo un humano debería conocer a otro y nos encarga el trabajo de arreglar ciertas situaciones, pero nada es seguro, solo un ochenta y cinco por ciento de las situaciones que arreglamos funcionan según el plan. Ananiel termina su pizza de comer el último trozo de pizza y se levanta del asiento con la intención de irse del restaurante. -         Espera, todavía no pagamos. Ananiel gira su cuerpo y se muestra confundido por mis palabras, pero inmediatamente abre los ojos poro completo al entender de lo que hablo. -         ¡Es verdad! Necesitamos dinero. Parece asustado mientras busca en sus pantalones jeans algo de dinero, el cual dudo que lo encuentre. No creo que un ángel tenga dinero. Busco en una de mis maletas algo de dinero en efectivo y lo dejo sobre la mesa en la que acabábamos de comer. -         Olvidaba que los humanos usan papel para pagar por comida, aunque también he visto que usan un rectángulo de plástico. Me rio por su descripción tan sencilla de una tarjeta de crédito mientras lo sigo hasta salir del restaurante. -         Bien… ¿A dónde iremos ahora? Su pregunta me toma por sorpresa y sin poder darle una respuesta concreta simplemente levanto mis hombros. -         Supongo que debo conseguir un hotel donde dormir hoy. -         Podría llevarte a cualquier lugar que quieras. -         No tengo a donde ir, vivía con Josh y él ahora me teme. -         ¿Qué hay de la casa donde vivías antes de ir a Islandia? -         ¿La casa en Miami? No puedo regresar ahí, la vend… Dejo de hablar de inmediato al percatarme de ese detalle. Es verdad, jamás vendí la casa. Olvidé por completo que debía ponerla en venta. -         Tienes razón, esa casa sigue siendo mía. Pero debe estar sucia. Nadie se ha encargado de su limpieza en meses. -         Bueno, pero al menos tienes donde vivir. Sonrió ante la idea de volver a Miami, solo llevaba un par de años en ese lugar, no tenía muchos amigos y podría utilizar la misma identidad que tenía antes de irme. -         Eres un genio Ananiel, no sé por qué no recordaba que tenía esa casa. -         Bueno, si quieres podemos ir volando, te dejaré frente a la entrada. -         ¿Estás seguro de que podrás volar con una embarazada en tus brazos más dos maletas? -         Puede ser que tengas razón, ¿Entonces cómo vamos a Miami? -         ¿Has escuchado de los aviones o autos? Ananiel sonríe al percatarse de lo que hablo y asiente con la cabeza exageradamente. Juntos tomamos un taxi directo al aeropuerto, en donde consigo un vuelo para dentro de dos horas hacia Miami. Me despido temporalmente de Ananiel, ya que sé que estará en Miami cuando mi vuelo aterrice. Poco después de las ocho de la noche finalmente llego a la puerta de la que fue mi casa hace unos cuantos meses. Esperaba un desastre en el jardín, con césped crecido y lleno de heces de las mascotas de los vecinos, pero me encuentro con un césped perfectamente cortado e incluso regado. Por un momento comienzo a pensar en las posibles situaciones con las que podría encontrarme al entrar a casa, incluso podría haber la posibilidad de encontrarme con personas invadiendo mi casa. Me acerco lentamente hasta la entrada y coloco mi dedo índice en el lector de huella de la cerradura y entro con facilidad. Todas las luces se encuentran apagadas, lo que descarta la idea de tener intrusos. Enciendo las lámparas y poco a poco voy cruzando por el pasillo hasta llegar a las escaleras y subir al segundo piso. Al entrar a mi habitación me percato de lo limpia que se encuentra, pero noto algunos de los objetos movidos o girados, por lo que no hay duda… alguien estuvo en mi casa. El miedo provoca que baje corriendo las escaleras hacia la entrada y me asegure de cerrar la puerta con seguro, hago lo mismo con las ventanas y la puerta trasera. Todo parece estar asegurado, así que subo las escaleras de nuevo y me cercioro de cerras todas las ventanas por el miedo de que puedan subir por las ramas de los árboles plantados alrededor de la casa. Dos minutos después me encuentro dentro del baño tomando una ducha y preparándome para dormir. Al revisar el armario noto que toda la ropa que había dejado se encuentra en el mismo lugar, al igual que los zapatos, carteras y joyas. Todo se encuentra en el mismo lugar a excepción de varios objetos en la mesa de noche y en el baño. Trato de pensar en todas las posibilidades de intrusos que pudieron entrar a casa, pero la única respuesta que viene a mi casa es que podrían haber entrado los enviados a buscarme y al no encontrarme fueron a la galería donde atacaron a Josh. Finalmente me aseguro una vez más de que todas las puertas y ventanas se encuentren cerras y me recuesto en mi cama dispuesta a terminar con el día tan horrible que tuve. Los ojos se me cierran hasta que el sueño me vence y los planes para el día siguiente comienzan a surgir en mi mente.    
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