Todo a mi alrededor se vuelve borroso en el momento en que siento la primera patada, pero después de la segunda me doblego de dolor y mis piernas fallan. Caigo al suelo y un grito de dolor sale de mi garganta.
- ¡Malakh!
A penas escucho el grito de Baraquiel, sin embargo, distinguir sus pies frente a mi rostro y no es complicado deducir que algo malo está ocurriendo.
Sostengo mi vientre con fuerza tratando de amortiguar las próximas tres patadas, no obstante, parece no funcionar y recojo mis piernas con mis brazos mientras me mantengo en el piso.
Siento los brazos de Baraquiel alrededor de mi cuerpo mientras soy levantada del suelo y trato de cesar mis gritos cubriendo mi boca con mis manos. No sé cuánto tiempo pasa hasta que finalmente las patadas se detienen y todo a mi alrededor vuelve a aclararse.
- ¿Ya se detuvo?
Baraquiel todavía me sostiene entre sus brazos y noto que nos encontramos en el segundo piso, justo en la puerta a mi habitación.
- Creo que sí. – Respondo débilmente.
Baraquiel empuja la puerta con el pie y me lleva hasta la cama para que pueda recostarme.
- ¿Qué fue eso?
- No lo sé, solo empecé a sentir un dolor indescriptible después de las patadas de Naber.
Puedo observar el rostro de confusión de Baraquiel, lo que me provoca miedo a la vez que intriga.
Parece que Baraquiel tiene algo por decir, pero de un segundo al otro se aleja de mí y se coloca en posición de defensa. Regresa a ver hacia la puerta por donde veo ingresar un cuerpo masculino a rápida velocidad.
Baraquiel está a punto de lanzarse hacia el invitado cuando nota que se trata de Ananiel y se detiene inmediatamente.
- ¿Por qué entras así? Estuve a punto de golpearte.
Ananiel lo ignora y pasa a su lado corriendo hasta llegar a mí.
- ¿Estás bien?
Asiento con la cabeza y Ananiel parece relajarse mientras Baraquiel camina hacia él con una expresión de ira.
- ¿Qué fue eso?
- Parece que el bebé lo presintió.
- ¿Presentir qué?
Ananiel dirige su mirada hacía mi rostro y puedo notar la preocupación en su mirada. Regresa su atención a Baraquiel después de unos cuantos segundos y empiezan a entablar una conversación.
- Unos enviados se acercaron demasiado a la casa. Al parecer el bebé sintió la presencia de los enviados y trato de alertarnos.
- No es posible, también hubiese sentido la presencia de los enviados y no sucedió.
- No estaban tan cerca como para que puedas detectarlos.
- ¿Entonces cómo pudo hacerlo un bebé?
- Sabíamos que es más fuerte que cualquier otro descendiente de ángeles desde que su presencia fue perceptible desde hace meses. Al parecer todavía no conocemos el alcance de su poder.
Acaricio mi estómago y no puedo evitar sentirme orgullosa de Naber, aunque al mismo tiempo el miedo a lo que pueda llegar a pasarle se mantiene intacto.
- ¿Cómo sabías que el bebé trataba de alertarnos?
- No lo sabía, pero apenas escuché los gritos de Malakh quise venir y salvarla, sin embargo, en el camino me topé con tres enviados a unos kilómetros de aquí y me detuve a exterminarlos. No puedo saber si el bebé quería alertarnos, aunque me hizo venir en el momento exacto en el que tres enviados se acercaban peligrosamente a esta casa.
Baraquiel parece analizar la situación y obtiene una conclusión.
- Y extrañamente se detuvo segundos antes de que llegaras.
- Quizá dejo de sentir la presencia de los enviados y se detuvo.
Ananiel se acerca a la ventana junto a mi cama y Baraquiel imita su acción.
- El momento se está acercando preocupantemente rápido y los enviados empiezan a acercarse cada vez más.
- La presencia de Naber los atrae. – Habla Baraquiel.
Sé que sus palabras son verdaderas, pero no puedo pensar en una manera de ocultar su presencia.
- Tengo un plan, aunque puede llegar a ser peligroso para Malakh.
Mis ojos se abren ante la sorpresa y ambos hombres giran sus cuellos en mi dirección para observar mi reacción.
- ¿De qué se trata? – Pregunta Baraquiel a Ananiel, manteniendo la mirada en mi rostro.
- Puedo darle paz al bebé, aunque deberé usar el suficiente poder para que funcione en él, debido a que todavía se encuentra dentro de Malakh todo ese poder la afectará a ella y Malakh no es tan poderosa como su hijo.
Trato de no sentirme ofendida mientras me llaman “débil” a la vez que hablan de mí como si no estuviese frente a ellos.
- Dejen de hablar de mí. Sí debo sufrir para ocultar la presencia de mi hijo, tengan por seguro que lo haré.
Ananiel vuelve a observar a Baraquiel ignorándome por completo.
- Estará adormilada todo el tiempo y demasiado débil. Tendré que venir todos los días para generarle paz al bebé y se mantenga relajado por veinticuatro horas. Sí le diese paz por más tiempo de seguro Malakh no podría levantarse de la cama, esa cantidad de poder sería demasiado para ella.
- Me encargaré de mantenerla hidratada y le traeré la comida necesaria para que no deba levantarse y bajar las escaleras.
Ananiel todavía parece preocupado, pero después de las palabras de Baraquiel, camina hacia mí y procede a colocar sus manos sobre mi vientre.
- No podemos permitir que lo encuentren antes de su nacimiento, lo entiendes, ¿verdad?
Asiento con la cabeza para darle a entender que comprendo el motivo por el cual debemos hacer esto.
- Será cansado realizar cualquier actividad, hasta caminar, por lo que prometo usar mis poderes en ti solamente hasta que los enviados se olviden de este lugar y te busquen en otra parte.
- Hazlo. – Ordeno.
Ananiel asiente con la cabeza y cierra los ojos para concentrarse mientras observo sus manos brillar ligeramente.
Pasa alrededor de un minuto en el que Ananiel mantiene sus manos sobre mi vientre y justo en el momento en que sus manos se alejan de mi cuerpo un repentino cansancio invade mi cuerpo.
Mis parpados se cierran involuntariamente y todo a mi alrededor se oscurece.
Una ráfaga de viento golpea mi rostro y abro los ojos encontrándome con una escena espeluznante.
Parece una habitación con una cama hecha de paja justo en el medio. Una única lámpara cuelga del techo iluminando escasamente la habitación. Hay varios cuadros colgando de las paredes con escenas de hombres siendo torturados y golpeados.
- Mi angelito.
Escucha una voz ronca a mis espaldas y giro mi cuerpo para tener una visión clara del hombre quien me habla, pero me encuentro con una silueta difusa a varios metros de distancia. No me hace falta analizar la situación con detenimiento para descifrar lo que ocurre.
- Tú. – Hablo mientras observo en su dirección con repugnancia.
Devil no se mueve ni un centímetro y procede a continuar hablando.
- ¿Por qué te ocultas de mí, angelito? Pensé que me extrañarías.
Ignora sus palabras y trato de buscar una solución para despertar de esa horrible pesadilla.
- Estoy tan cerca de encontrarte que puedo oler tu fragancia.
No puedo evitar sentir repulsión por su comentario y parece que Devil nota mi incomodidad, ya que empieza a reírse.
- Dime donde te ocultas, Malakh.
Noto un ligero dolor en mi cabeza y de inmediato noto lo que trata de hacer.
- Deja de tratar de meterte en mi cabeza.
Camino hacia él con toda la intensión de retarlo y golpearlo, pero noto mientras más me acerco más lejano parece que se encuentra.
- ¿Por qué no quieres que te encuentre? Supuse que me extrañabas después de haber revivido. Estuviste tan cerca de Hortus Dei y a pesar de eso volviste a mí.
- Eres un idiota si crees que volví por ti.
- ¿No? ¿Entonces por qué volviste, Malakh?
Me siento tan estúpida por estar a punto de caer en sus juegos mentales y me recuerdo mantener mi mente cerrada a él.
Bajo mi mirada hacía mi vientre y me percato que ha desaparecido por completo y ahora solo observo el cuerpo que he mantenido por siglos.
Trato de no demostrar mi sorpresa y recuerdo que esto únicamente se trata de un sueño y es la manifestación de los pensamientos de Devil dirigidos hacia mí y, ya que él desconoce de mi embarazo, no puedo imaginarme con un vientre abultado y un niño creciendo en mi interior.
- ¿Qué ocultas?
Levanto mi mirada de inmediato y vuelvo a ignorar sus palabras mientras observo detenidamente todo a mi alrededor buscando una salida.
- Sabes que tarde o temprano te encontraré, ¿por qué te empeñas en retrasarme?
- Porque jamás te ayudaré en tus planes y nada me hará cambiar de opinión.
- ¿Ni siquiera si te ofrezco vivir por el resto de tu vida con el idiota al que asesiné en el templo?
Todo mi cuerpo se paraliza al escuchar esas palabras y el rostro de Hizzand llega a mi mente.
- ¿Qué?
- Cuando yo domine el Hortus Dei y la tierra seré tan poderoso como Deus. Podría dejarte vivir con Hizzand en el Hortus Dei en paz, mientras me vuelvo todopoderoso.
Un nudo se forma en mi garganta al recordar la muerte de Hizzand y la tristeza que me invadió ese momento.
- Podrías tener al amor de tu vida y una vida feliz si tan solo me dices tu ubicación, Malakh.
Trago saliva al imaginar mi vida junto a Hizzand mientras el hombre más despreciable que ha pisado la tierra se convierte en el jefe de todo.
- Deja de preocuparte por todos los humanos o mis hermanos. Los humanos solamente han tratado de asesinarte una y otra vez mientras que mis hermanos solo cumplen órdenes de Deus, sí ellos pudieran decidir te asesinarían en un segundo para que dejes de ser un potencial problema para ellos.
El rostro de Ananiel y Baraquiel se hacen presentes en mi mente y empiezo a creer que Devil tiene razón.
- Así que Baraquiel también te oculta.
Mis ojos se abren ante la sorpresa y me percato que continúo abriendo mi mente y permitiendo que Devil conozca mis pensamientos.
- Todavía no comprendo el afán de mis hermanos por resguardarte. Nunca se habían preocupado tanto por ocultarte de mí, pero ahora… ahora parece que es su prioridad. ¿A qué se debe eso, Malakh?
Me imagino cortándole el cuello a Devil una y otra vez para evitar pensar en la razón por que debo mantenerme alejada de él.
- No ocultes tus pensamientos, angelito. Pronto sabré la razón.
Escuchar su risa me causa irritación y recuerdo todos los hechizos que podría decir para sacarlo de mis pensamientos. Estoy a punto de pronunciar un hechizo cuando todo empieza a iluminarse lentamente.
Las paredes desaparecen al igual que Devil y en su lugar empiezan a aparecer cientos de árboles a mi alrededor y el piso se llena de césped y pequeñas ramas que han caído de los árboles.
- Tranquila, mi amor.
Mi corazón se detiene por un segundo al escuchar esa voz y busco con la mirada su propietario.
- Viviremos juntos en el Hortus Dei por toda la eternidad, solo debes tener paciencia y cuidar de nuestro hijo.
- Hizzand…
Mis ojos se llenan de lágrimas en el momento en el que siento su aliento en mi oído para después sentir sus brazos rodeando mi cintura desde mi espalda.
- No importa cuánto tiempo pase, continuaré esperándote, Malakh.
Sus manos acarician lentamente mi abultado vientre mientras trato de controlar mis lágrimas.
- Te extraño…
- También te extraño, Malakh. Relájate, todo estará bien.
Trato de darme la vuelta para observar su rostro, pero en ese momento todo vuelve a la oscuridad por un par de segundos y de pronto todo empieza a brillar.
Abro los ojos y busco con la mirada a Hizzand, aunque nada más me encuentro los muebles de mi habitación y a Baraquiel parado junto a mi cama observándome con una mirada de preocupación.