Capítulo 15

2732 Words
La oscuridad invade cada rincón de la habitación. No puedo distinguir nada a mi alrededor, pero puedo notar la pequeña hoja de papel tirada a unos cuantos centímetros de mis pies. Se trata de una hoja blanca doblada a la mitad que llama mi atención por lo que la tomo entre mis manos y la desdoblo. Contiene una frase en letras grandes de color n***o y al terminar de leer la frase, suelto de inmediato el papel y trato de alejarme lo antes posible de aquella hoja. “Te estoy buscando, angelito.” Despierto por el sonido de la alarma de mi celular. Mi respiración se encuentra agitada y busco con nerviosismo mi celular para apagar el sonido que emite la alarma. Toco mi pecho para tratar de regular mi respiración, sin embargo, todavía puedo sentir el miedo recorriendo mi cuerpo. Me levanto de la cama y salgo de la habitación. Camino a través del pasillo hasta llegar a la habitación de Baraquiel, y sin llamar a la puerta entro de inmediato. Baraquiel se asusta por el sonido que provoca la puerta al abrirse abruptamente y salta de la cama para colocarse en posición de pelea. En el momento en que observa que se trata de mí se tranquiliza, no obstante nota mi evidente nerviosismo y se acerca velozmente. -         ¿Qué pasó? Todavía me cuesta trabajo respirar normalmente, por lo que hago mi mejor trabajo para poder articular a la perfección y explicarle lo que acabo de soñar. -         Se presentó en mis sueños. Me está buscando. No hace falta explicarle los detalles a Baraquiel, ya que en el mismo instante en el que termino la oración abre los ojos ante la sorpresa y corre hacía su cama, de donde saca un bolso desde debajo y al abrir el bolso observo que se encuentra lleno de arnas de todo tipo. -         Espera, ¿qué vas a hacer? -         Vendrá por nosotros. Debemos estar listos. -         No vendrá. -         ¿Cómo lo sabes? -         Todavía no sabe el lugar exacto donde estamos. Debemos mantenernos ocultos y esperar a que Ananiel traiga a la bruja. Ya no tenemos tiempo y debemos reforzar el hechizo de la casa. Baraquiel parece estar de acuerdo con mis palabras y vuelve a guardar todas las armas en el bolso, para después ocultar de nuevo el bolso bajo la cama. -         Me encargaré de eso. Iré a traer a la bruja en este momento así deba hacerlo a la fuerza. En cualquier otra situación estaría en desacuerdo con Baraquiel, pero mantenernos en este sitio se ha vuelto peligroso debido a que el hechizo ha empezado a perder poder. Estoy a punto de decirle a Baraquiel que estoy de acuerdo con él y que debe traer a la bruja cuando un gran ruido se escucha por toda la casa proveniente del primer piso. Baraquiel baja corriendo por las escaleras mientras mi abultado vientre solo me permite caminar a paso moderado para no tropezar y caer en las escaleras. Vuelvo a escuchar otro ruido mientras bajo las escaleras, seguido de lo que parece ser el grito de una mujer. Al llegar a la cocina me encuentro con una escena inquietante cuyo protagonista es una mujer de cabello n***o recogido en una trenza que cae por su espalda y llega hasta la altura de sus rodillas. Me sorprende ver un cabello tan largo, pero al darse la vuelta observo el rostro de la mujer y toda mi fascinación se enfoca en su rostro. Tiene una pequeña nariz y carnosos labios con pintalabios de color morado mate. Sus ojos son tan grandes que no puedo evitar compararlos con los de un ciervo, tienen un color café claro que por un pequeño momento parecen dorados. La mujer me observa con una mirada intimidante, por lo que empiezo a acercarme a ella para que note que no tiene ningún efecto sobre mí y que no me siento amenazada por ella. -         Malakh, ella es Helena, la bruja. La voz de Ananiel me distrae de la mujer y centro mi atención en él. -         No quería venir… a pesar de que me obligó a ser su esclavo durante una semana a cambio de aceptar venir. Ananiel parece molesto con Helena, pero ella lo observa con una sonrisa divertida en su rostro mientras parece que se burla de él. -         Así que ella es la famosa Malakh. Noto la burla en su tono, por lo que decido ignorarla. -         ¿Estás seguro de que ella es la indicada para este hechizo? - Pregunto a Baraquiel. -         Por varios siglos fui la preferida de cientos de reyes para ser la hechicera del reino y proteger miles de aldeas. No solo soy la indicada para este trabajo, también soy la única hechicera con el suficiente poder para hacerlo. El tono que usa Helena es arrogante, sin embargo, decido no contestar y observo a Ananiel. -         Llegaste en el momento adecuado. -         Lo sé, no debes contarme nada. Todos los ángeles se encuentran comentando sobre el mensaje que te envió Luzbell. -         ¿Cómo lo saben? -         No solamente te envió un mensaje a ti, también lo hizo conmigo, dijo que no debo meterme en su camino y que te encontrará tarde o temprano. Puedo sentir mi corazón acelerarse de nuevo y el miedo recorriendo cada rincón de mi cuerpo. -         No tienes que preocuparte, sí acude a encontrarte lo sabremos y vendremos a protegerte. Papá me ordenó que lidere al grupo de ángeles que se encargarán de protegerse si Luzbell se acerca a esta casa. No niego que sus palabras me tranquilizan un poco, pero no puedo evitar acariciar mi vientre en señal de protección hacía mi bebé. -         Por su puesto, Deus se preocupa por su protegida y ordena a los ángeles a ser sus niñeras. El miedo es sustituido por la ira y me enfrento a la mujer frente a mí. -         ¿Cuál es tu problema conmigo? -         ¿Problema? Yo no tengo ningún problema contigo, no te sientas tan especial. Levanto mi mano para lanzar un hechizo y empujarla lejos, no obstante, Baraquiel nota mis intenciones y sostiene mi mano para seguido abrazarme con fuerza para que no pueda soltarme de su agarre y de esa manera evitar que le haga daño a Helena. -         Tranquila, Malakh. Recuerda que debes mantenerte serena para no incomodar a Naber y que despierte. Las palabras de Baraquiel me obligan a tranquilizarme al recordar que cada vez que mi bebé despierta significa que su presencia es más notoria y eso puede provocar que algún enviado cerca de la casa llegue a fijarse. -         De acuerdo, sí quieren que haga el hechizo lo haré, pero no quiero que vuelvan a molestarme. -         Quedamos en que también vendrías al momento en que Malakh se ponga de parto y realizarías un hechizo espejo para que los vecinos no noten nada fuera de lo común. -         Eso es un hechizo sencillo, ¿por qué no lo hace la consentida de Deus? La mujer me observa con ira, pero Baraquiel me mantiene junto a su pecho para que no pueda moverme. -         Porque Malakh estará de parto, ¿entiendes eso? Además, que los hechizos espejo solo pueden durar un par de horas. -         De acuerdo, pero después de ese día deben prometer que nunca más me volverán a buscar. -         Lo prometemos. – Respondo por todos. Helena asiente con la cabeza y junto a Ananiel empiezan a preparar todo lo necesario para el hechizo, mientras Baraquiel me obliga a subir las escaleras hasta mi habitación. -         ¿Por qué ella me odia? -         No te odia a ti en específico. Ella odia a todos los seres vivos y todo lo que hace, lo hace únicamente por conveniencia. Los reyes que la contrataron en el pasado al final se cansaron de su arrogancia y la echaron de sus reinos. No puedo culparlos, yo haría lo mismo. Baraquiel me recuesta en la cama y no puedo evitar reír ante la idea de que Baraquiel actúa como mi padre y que me va a contar un cuento antes de dormir. -         Pero parece que a ella le molesta que Deus haya mandado a alguien para cuidar de mí. -         Es una bruja, ella está destinada a ir al infierno por todos los sacrificios que ha hecho. Tiene celos de que eres la única bruja que irá al Hortus Dei. -         No me parece justo que nada más por tener la sangre que tengo sea merecedora de ir junto a mis padres después de morir. -         Malakh, no vas al Hortus Dei por tener la sangre que tienes. Estás destinada a ir a ese lugar porque has batallado por siglos para que Luzbell no te encuentre y no pueda usarte para derrocar a papá. Sin duda papá te agradece que no te hayas dejado tentar con Luzbell y sabe que te has ganado el Hortus Dei por todos los años que te has mantenido huyendo de la maldad de mi hermano. No puedo evitar que una sonrisa triste asome en mi rostro al escuchar esas palabras. -         Luego de morir, ¿te veré de nuevo? Baraquiel agacha la cabeza cómo si tratara de evitar mirarme a los ojos. -         Papá es comprensivo con los humanos, pero de los ángeles espera la perfección. No puedo volver al cielo hasta que me redima ante sus ojos. -         Has estado haciendo lo correcto durante siglos, ¿no crees que ya debería haberte perdonado? -         Cuando un ángel se enamora y cae a la tierra tiene significa que papá nos dio la oportunidad de tener toda una vida junto a la persona que amamos, pero nuestra naturaleza celestial todavía permanece en menor cantidad y no envejecemos, aunque eso no significa que no podemos morir. El problema radica en que solo da una oportunidad, y esa oportunidad la utilicé para vivir junto a la mamá de Naber, no puedo pedirle otra oportunidad para volver al cielo ahora que ella está muerta. Puedo entender el problema de Baraquiel, pero no puedo evitar tener sentimientos encontrados al saber que no podré volver a verlo en mucho tiempo. -         ¿Deus ha perdonado antes a ángeles caídos? -         Si, pero únicamente cinco veces. El primero fue Azazel hace varios siglos. Él no cayó por enamorarse, sino que fue uno de los tres ángeles que apoyaron a Luzbell cuando este último se reveló. Fueron milenios en los que estuvo trabajando para que papá lo perdonara, incluso fue quien nos contó sobre los planes que tenía Luzbell de emplear la entrada sagrada y derrocar a papá. Hace casi dos milenios finalmente fue perdonado y ahora es uno de los mejores soldados de papá. -         Entonces todavía hay esperanza de que pueda perdonarte, ¿verdad? Baraquiel suspira sonoramente y levanta la cabeza para observarme a los ojos. -         Creía que, si cuidaba de ti papá me perdonaría, pero ahora sé que no exclusivamente se trata de cuidar de ti, sino que también del bebé en tu interior. -         Podría hablarle de ti en cuanto llegue al cielo. -         Nadie habla con papá excepto los ángeles más fieles. Tendrías suerte si puedes acercarte a uno de mis hermanos y pedirles que le entreguen el mensaje. -         ¿Por qué no podemos hablar con él? -         Siempre está encargándose de todos en la tierra, no tiene tiempo para lidiar con los humanos que ya han sido recompensados con la felicidad eterna junto a sus seres queridos en el Hortus Dei. Empiezo a sentirme deprimida por sus palabras, pero sé que trataré de hablar con Deus y convencerlo para que Baraquiel sea recompensado por sus acciones. -         Al menos podré ver a Ananiel, ¿verdad? -         Seguro que sí, a él le gusta visitar de vez en cuando a las personas con las que se encariñó durante toda su existencia. -         Podré hablarte a través de él. Baraquiel sonríe, aunque esa sonrisa no llega a sus ojos. -         Baraquiel, está listo. Escuchamos el grito de Ananiel y Baraquiel me cubre con la cobija para después salir de la habitación y empezar con el hechizo. Me levanto de la cama y me acerco hasta la ventana cuyas vistas es hacia el patio t*****o para de esa manera observar a Helena y Baraquiel cuando pasen por ese lugar. Pasan varios minutos hasta que finalmente distingo a Baraquiel sosteniendo un recipiente entre sus manos mientras riega su contenido, de la misma manera en que lo hizo cuando realizamos el hechizo juntos. Helena aparece junto a él y recita el hechizo en voz alta una y otra vez sin perder el ritmo. Noto una pequeña gota de sangre en su nariz, pero parece que eso no le preocupa y continua con el hechizo. Finalmente atraviesan el jardín y los pierdo de vista. Salgo de la habitación con la intención de recibirlos en la entrada y en el momento en que la puerta es abierta noto a Baraquiel sosteniendo el recipiente vacío y a Helena sosteniendo su nariz para no continuar regando sangre. Ananiel se acerca a la pelinegra con un pañuelo y le ayuda a limpiarse la sangre de su nariz mientras que Baraquiel camina hacia la cocina para dejar el recipiente en el lavaplatos. Vuelvo a escuchar la puerta abriéndose y de inmediato toda mi atención se centra en el invitado inesperado. Karla aparece con varias bolsas del supermercado y al levantar la mirada observa a todos los presentes en el pasillo y en la cocina. -         ¿Hola? Parece sorprendida por las visitas dentro de la casa, por lo que rápidamente camino hacia ella y empiezo a pensar en una excusa para justificar a los dos extraños en mi casa. -         Karla, no sabía que vendrías hoy. -         Ya que no pude venir ayer, creí que les gustaría que los sorprendiera con una deliciosa cena, por eso vine comprando ingredientes. -         ¡Karla! Baraquiel corre hacía ella pasando junto a Ananiel y Helena, quienes se mantienen en silencio mientras observan a Karla. -         Déjame ayudarte. Baraquiel toma las bolsas y las lleva hacia la cocina, donde las coloca sobre la isla y vuelve al lugar donde me encuentro junto a Karla. -         ¿Quiénes son ellos? – Pregunta Karla. -         Él es mi amigo del trabajo, José y su novia Rebeca. Nunca dejará de sorprenderme la facilidad con la que Baraquiel puede mentir. Asiento con la cabeza con la intensión de parecer de acuerdo con Baraquiel. -         Es un placer. Ananiel se acerca a Karla y con un saludo de manos se presenta. -         Usted debe ser Karla, Baraquiel me ha contado sobre usted. Esas palabras parecen alegrar a Karla y sonríe alegremente mientras parece orgullosa de que Baraquiel hable de ella con sus conocidos. -         Me gustaría poder decir lo mismo, pero no he escuchado hablar de usted. – Menciona Karla. -         Solo soy un amigo del trabajo de Baraquiel, pasaba por aquí junto a mi novia y pensé que sería buena idea visitarlo. Él me manifestó que aquí era donde vivía ahora así que pensé en sorprenderlo. Karla parece creer en sus palabras y se mantiene serena. -         Ya se está haciendo tarde, pronto será las seis de la tarde. José y su novia tienen un vuelo a las siete así que ya deben irse. La manera en la que Baraquiel trata de echar a Ananiel y Helena me resulta graciosa, pero parece funcionar. -         Así es, nosotros ya nos íbamos. Ananiel toma de la mano a Helena para continuar con la farsa del noviazgo entre ellos y se despide de Baraquiel con un apretón de manos. Se acerca a mí y parece que intenta despedirse con un beso en la mejilla como una persona normal, pero al último instante se arrepiente y retrocede para estirar su mano derecha y despedirse de mí. Hace lo mismo con Karla y finalmente se retiran de la casa todavía con las manos sostenidas fingiendo ser pareja. -         De haber sabido que tendrían visita hubiese traído más ingredientes para preparar una cena para todos. Karla, tan amable como siempre pensando en los demás provoca que me sienta culpable por haberle mentido hace unos segundos. -         No podían quedarse, Karla, tienen un vuelo que tomar. – Dice Baraquiel. Karla camina hacia la cocina y empieza a preparar la cena mientras Baraquiel y yo nos observamos aliviados.
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