Negocios. Carolina Navarro POV

833 Words
Odio cuando Jota me pide que le acompañe a ciertas reuniones, no me gusta ser su “seguro de vida” como él dice. Yo no sirvo para estar enfrente de gente con tanto poder y tan malvados que roban y matan como él. Desde que Bea me contó que Reich se ha tenido que esconder estoy más susceptible a los negocios de Jota. Él fue quien hizo posible que ella conociera a toda esa gente. Antes no les prestaba atención, pero ahora veo que no son un simple negocio de suministro de bebidas a fiestas y ya en un par de ocasiones he sentido miedo, pero no soy capaz de decir que no, que se acabó. Siento como si nadie más en este mundo me fuera a querer. Me miro al espejo y me veo fea y gorda y por mucho que trate de adelgazar siempre tengo tripa, brazos grandes y cara de pan. Nadie más me puede querer así, incluso él mira a las chicas más jóvenes y cuerpos de revista. Hoy Jota me ha pedido que me arregle y le acompañe al Hotel de Aeropuerto. Me lo ha dicho con tan poco tiempo de adelanto que me tiene que esperar media hora hasta que estoy lista. Jota esta hoy guapo, con su pelo moreno peinado hacía atrás y vestido con pantalón sastre y una camisa blanca. Tengo suerte de estar con él y me siento feliz a su lado, aunque está dándome mucho la tabarra porque llegamos tarde, por mi culpa a su reunió. - Tampoco pedí que te arreglaras tanto, un vestido bonito y unos tacones hubieran bastado. - Mi respuesta es un gruñido bajo. - Bueno, cuando estemos en la reunión, ya lo sabes, no hables y no prestes mucha atención a lo que pasa, así estará todo bien. - Asiento con la cabeza, sin prestarle más atención de la necesaria, mientras conduce por la nacional dos. Siempre me dice lo mismo y siempre termino enterándome de más de lo que quiero, pero hoy vamos a un sitio elegante, bien vestidos ambos y pienso disfrutarlo. No fiestas de adolescentes, ni tratos en partes traseras de negocios, hoy tomaremos el aperitivo en un buen Hotel. Un mozo del hotel se ha llevado nuestro coche para aparcarlos y entramos por las puertas giratorias hacía la parte del vestíbulo donde los camareros del hotel van y vienen con bandejas llenas. Jota me coge de la mano y nos movemos entre los sillones del vestíbulo y soy feliz de que me lleve así. Parece haber localizado su objetivo y vamos directos a un hombre que está sentado leyendo el periódico con una copa en su mesa. Jota va estirando su mano según se acerca y el hombre levanta la mirada. - Señor McMana. - Jota llama la atención del hombre pero enseguida me mira a mí. Es bastante guapo a pesar de que puede que tenga más de cincuenta años. Sus ojos azul intenso miran directamente a los míos como si quisiera ver en ellos los peores de mis pecados. Le sonrío, para ver si deja de mirar, pero no lo hace, al contrarío baja la mirada y hace una radiografía completa de mi ser. No le ha debido agradar, pues muy borde y seco nos hace un simple gesto para que nos sentemos en los sillones de enfrente al suyo. - ¿Quieres algo? - Pregunta, volviendo a mirar hacía mi. Niego y Jota, al que ahora el señor McMana mira pide al camarero. - Un Gintonic sin florituras, por favor. - Jota a pedido lo mismo que nuestro interlocutor, se lo he visto hacer varias veces, es un buen negociante y parece que esta vez le ha servido, porque el Irlandés que tenemos delante esta haciendo proposiciones de negocio muy interesares. Miro a Jota y veo que está prosperando en la vida, el negocio que va a tener con este hombre es mucho más ventajoso que el que tenía con los italianos, es pan comido y con solo una hora los dos llegan a un acuerdo. - Bueno, si eso es todo, lo dejamos ya, Señor McMana. - Con eso entiendo que tenemos que levantarnos. Él también lo hace y ahora es el momento de sellar el acuerdo con un apretón de manos y ya podremos irnos, pero tras darse la mano el hombre me pone su mano estirada delante de mí. ¿Espera que yo también le de la mano? - Encantado...- Si. Y no solo quiere darme la mano, pretende saber mi nombre. El miedo hace que lance la mano y le apriete más fuerte de lo que hubiera deseado, pero no digo nada. - Carolina, Señor McMana, ella es novia y me ayuda con el negocio. - Jota habla por mi y yo le fulmino con la mirada. Eso es todo. Nos alejamos del hombre y comienzo a reprochar a Jota haber dicho mi nombre y que eramos novios, yo no quiero tener que esconderme como Raquel.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD