Los cinco se acercaron a la mesa como lobos abalanzándose a su presa. Todos ellos con un cuerpo de infarto, pero cansados, la contemplaban como si no quisieran que nadie interrumpiera el sueño de esa mujer.
—¿Qué hacemos? —preguntó Owen sentándose a su lado para apartarle un mechón de pelo—. No puede quedarse aquí.
—Además —prosiguió Euen—, la postura no es la más adecuada.
—Vino con Jerôme. Ahora en serio, ¿lo habéis visto? A lo mejor sabe algo de ella.
—Yo lo vi salir hace tres cuartos de hora —contestó Uriel—. Iba con otras mujeres y bastante ebrio. Dudo que se acordara de ella. Mirad si tiene alguna documentación.
—Encantados —dijeron al unísono Euen y Owen con sendas sonrisas.
—Si la despertáis haréis dos semanas de escenario.
Las manos de los dos se detuvieron a milímetros de Ex.
—¡No jodas, Uriel! —exclamó Owen.
Se quedó callado observándola mientras los dos buscaban algún documento.
—Nada. Salvo que lo lleve en su ropa interior, no tiene nada —comentó Euen—. Si quieres seguimos registrando, seguro que mi hermano y yo somos capaces de hacerlo sin despertarla.
—Sí... —coincidió Owen empezando a subirle la camiseta por la espalda.
—¡Estaos quietos! —exclamó Axel agarrándolos del cuello para alejarlos de Ex.
—Ya es demasiado tarde —comentó Ithan—. Cerremos y llevémosla arriba. Llamo mañana a Jerôme y asunto arreglado.
—Habrá que hacerlo así —gruñó Uriel aproximándose a Ex.
La empujó hacia atrás atrapándola con su brazo mientras le pasaba otro por debajo de las piernas.
La levantó sin esfuerzo, acomodándola a su pecho.
Por su parte, Ex gimió hacia el calor que transmitía, agarrándose con la mano libre a su pecho.
—¿Dónde va a dormir? —preguntó Axel—. Sólo hay cinco cuartos.
—Uriel —lanzó Owen—. Él fue grosero con ella. Se queda su habitación.
—¿Qué hizo? —inquirió Axel.
—La mandó a su casa —contestó Euen.
Todos lo miraron con el ceño fruncido.
—Dejadme en paz —masculló el aludido echando a andar hacia la escalera—. Cerrad ahí, la acostaré mientras.
—¡No te aproveches tú solo! —gritó Owen.
Uriel tomó aire antes de prorrumpir algún insulto y exhaló lentamente. Pasó la puerta con el cartel de «Privado» colgado, ahora abierta después de haberse ido todas, y subió la escalera hacia el apartamento que los cinco compartían en la parte de arriba. Cada uno tenía su espacio, y el salón, la cocina y el gimnasio eran de uso compartido. Sólo dos habitaciones tenían baño, casi tan grande como la propia estancia, la mayoría con usos más allá de un aseo normal; las restantes debían compartir un tercer cuarto de baño que estaba en el pasillo.
Al terminar la escalera enfiló por el pasillo hasta la entrada del apartamento. Maniobró como pudo e introdujo el número de acceso para abrir la puerta sin soltar a Ex. La cerradura electrónica había sido cosa de Axel después de los incidentes ocurridos tras la inauguración del club, cuando las mujeres subían y los esperaban allí como si fuera algo normal. Al menos ahora tenían dificultades para llegar: la cerradura de la puerta de abajo las paraba y había una alarma en todo el pasillo que se accionaba si la persona no introducía el código o se marchaba en menos de dos minutos.
El pitido confirmó la apertura de la puerta. Llegó hasta la manija y la aporreó para abrirla, pateando después para acceder al piso. Entró procurando no golpear a Ex con nada y las luces se encendieron automáticamente. Axel y sus juegos electrónicos. Era bueno, había que reconocerlo.
Se fijó en el sofá del salón, lleno de revistas y videojuegos. La tele encendida. Iba a matar a esos gemelos. Si habían sido los últimos en bajar, ¿por qué no apagaban y ordenaban todo? Negó con la cabeza andando hacia el pasillo donde estaba su habitación, al fondo. Abrió con el codo la manija y entró.
Sin fijarse en nada más, depositó a Ex con cuidado en la cama apartando las mantas para taparla con ellas. Se arrodilló a su lado cogiéndole una pierna y quitándole las botas. En el momento en que sus pies le rozaron las manos, siseó ante el contacto. Estaba helada. Observó su cara, aún dormida y sin ningún signo de que fuera a despertar. Acunó con las palmas el pie de ella frotando con suavidad para hacerla entrar en calor. Los ruiditos que Ex hacía empezaron a tensarle el cuerpo más de lo que lo tenía, pero siguió dedicándole atenciones hasta que lo notó caliente. Sólo entonces empujó el pie bajo las mantas para proferirle la misma delicadeza al otro, igual de frío.
Cuando terminó la tapó con cuidado y buscó otra manta más. Estaba echándosela encima cuando la cabeza de Axel apareció por la puerta.
—¿Interrumpo?
Uriel gruñó.
—Vale, tío. No sé qué te pasa pero estás de un humor... ¿Acaso la conoces?
—No. Ella no es de las que suelen entrar en esta clase de clubes.
—No, ya. Brilla con luz propia. Hasta en el escenario me he dado cuenta de su presencia. ¿Cómo crees que la conoce Jerôme? La mayoría de las mujeres son del pueblo o amigas de otras, pero ésta... — Silbó recorriéndola de arriba abajo—. Se la ve tan pequeña y solitaria en tu cama... ¿Te importa si duermo aquí? Usa tú mi cama, yo me quedo.
—Vete a tu puñetera habitación —soltó Uriel cogiendo la ropa del armario y encerrándose en el baño.
—¡Aguafiestas! —gritó Axel a la puerta cerrada.
Ex se removió ante el grito y Axel acudió a su lado susurrándole con suavidad para impedir que despertara. Le rozó el cabello y se lo alejó de la cara para seguir el contorno del mentón, el pequeño hueco en su barbilla y los labios sonrojados, tan llamativos incluso sin maquillaje. Los recorrió varias veces dejando que el aire le rozara las yemas.
—Axel. —Uriel lo sacó de su ensoñación. Se volvió hacia él y vio que llevaba un pantalón de chándal n***o. Le caía el pelo suelto y mojado por los hombros y no llevaba nada más—. ¿Qué haces?
—Nada —contestó retirando la mano—. Ithan ha dicho que ha sobrado comida. ¿Quieres algo?
—No me apetece.
Axel se levantó hacia la puerta.
—Asegúrate de que mañana Ithan llama a Jerôme.
—¿Qué demonios te pasa con esta mujer, Uriel?
—Es demasiado inocente para estar en un sitio como éste.
—A lo mejor ella misma quiso entrar.
Uriel lo fulminó con la mirada. Axel levantó las manos y lo dejó solo en la habitación. Contempló la puerta esperando a alguno de los otros, pero al menos allí lo respetaban. Sólo Axel se atrevía a llamar y entrar en su terreno, el resto no pasaba del llamar y vociferar a través de la puerta.
Se movió hasta llegar al pequeño bulto en la cama. Axel tenía razón, era demasiado pequeña, pero ni loco iba a meterse con ella. Ya tenía problemas con su control sabiendo que estaba allí como para tensar más las cosas.
Tampoco tenía ganas de salir; por los ruidos que oía de fuera, a saber lo que sus compañeros estaban haciendo. Avanzó hacia una silla y la arrastró frente a la cama. Se sentó con los codos sobre los muslos, inclinado sobre ella, vigilando sus movimientos.
Los rasgos de Ex se endurecieron como si notara su inspección, la boca entreabierta respirando con rapidez. Se giró hacia el otro lado de la cama escapando de su mirada escrutadora pero sin contar con el frío de las sábanas. Un quejido salió de sus labios y retrocedió de nuevo hacia el calor. Uriel suspiró levantándose para arroparla; podría calentarla en cuestión de minutos, pero eso, con ella, no serían sólo minutos. Esa mujer le había llegado muy dentro desde su encuentro, cuando hablaba con Ithan. Poseía algo que lo llamaba a seguirla, a mantener sus ojos pendientes de lo que hiciera. Demasiado tímida para entrar en un lugar así, seguro empujada por Jerôme, pero... ¿de qué podía conocer a esa mujer? Rozó sin querer su mejilla, ella buscando más contacto, él obligándose a retroceder antes de cometer una locura.
Esa chiquilla no era para él, para ninguno de ellos. Se dio la vuelta hacia el baño y cerró la puerta. La bañera sería mejor cama que mantenerse al lado de esa tentación y acabar sucumbiendo.