—Sigo pensando que todo ha pasado muy rápido—me dice mi amiga.
Solamente escucho, mirando el balcón dónde se refleja la ventana de la habitación de él. Sus luces están apagadas, y eso me da a saber que aún no ha llegado a su casa. Mi corazón se oprime, pensando en lo mal que lo pudo haber pasado en aquella corrección.
¿Qué hiciste?
Me siento desbastada desde que supe sobre lo de Kaitlyn, no he podido sentar cabeza desde eso. Julia lleva diciéndome de hace horas que era muy rápido para mí sentir algo de atracción a una persona que yo no conocía. Pero, ¿y qué? Quiero hacerlo, quiero conocer más, quiero conocer su verdadera historia.
¿Quién me lo impediría? Nadie. El camino estaba vacío, podía avanzar sin ningún problema, todo y cuándo él estuviera de acuerdo. Una mezcla de frustración y empatía se juntan en mi pecho, y me siento de nuevo en un vacío al que nunca caigo. Pienso, cómo hubiera sido si fuera yo la que estuviera en esa correccional y no él, me siento fatal. De seguro pudo haber tenido muchos problemas allí.
Resoplo, dejando descansar mi cabeza sobre mi brazo. Estoy de lado, mirando todavía su ventana. ¿Cuándo va a llegar? Ya es tarde. Son las siete de la tarde y sigue sin aparecer. ¿Dónde está?
—Estoy hablando contigo—replica Juls—. ¿Acaso has escuchado algo de lo que te dije?
Niego con la cabeza. Escucho a Julia soltando maldiciones, y siento como se acuesta en mi cama por su peso. Comienza a jugar con mi cabello, cómo siempre, haciendo trenzas para soltarlas. Me relajaba que hiciera eso pero no lo admitía.
—Saliendo de tema sobre tu chico... —dice, y mi corazón revolotea al escuchar "tu chico" y a la vez duele al saber que no lo es. Aún—. ¿Qué con tu madre?
—No ha dicho más—digo con voz queda—. Papá está haciendo trámites rápidos del divorcio, está muy seguro que el bebé no es suyo. Hay un cincuenta por ciento de probabilidad que ni siquiera esté embarazada.
—Entiendo—musita, riendo—. Claudia sería capaz de cometer algo así.
Asiento, sin decir nada más.
¿Y si le marco?
Paso una mano por mi rostro, y me siento en la cama. Bajo la atenta mirada de mi amiga, tomo mi vodka junto con la caja de cigarrillos. Con ello, salgo al balcón, deleitándome con el frío y lo caliente del alcohol.
Expulso el humo cuando llega a mis pulmones y le doy otra calada. Tan frío, distante y tenaz. Chistoso, amable, y perfecto cuando se lo propone. Esas son las facetas que he conocido de Aleix, y en ningún momento he podido presenciar algún acto se furia. Recordando aquella vez cuando pisé el balcón por primera vez...
Se veía muy furioso, ahora que lo recuerdo. Ese día si estaba sacado de sus casillas como para romperle la nariz a su propio padre. ¿Él es capaz de llegar a más? ¿En realidad lo es? Mi corazón dice que no. Mi instinto junto también niega a creer eso, y por inercia, sonrío. Aleix tiene un noble corazón debajo de esa máscara fría que usa aparentar. Aleix no es capaz de lastimar a las personas que realmente le importan, en él, he notado indicios de protección, él daría todo por un familiar, novia... ¿quién lo hizo realmente?
¿Quién violó e asesinó a Kaitlyn McCool? Él no fue, no pudo, estoy segura de que la amaba demasiado como para hacer semejante cosa. Hay un culpable más detrás de esto, alguien que lo quiere ver hundido, y me gustaría descifrarlo, pero estaría metiéndome en la boca del lobo. Si le confieso a Aleix que ya sé lo de Kaitlyn, tengo por seguro que se enojará, y mucho.
Muerdo mi labio.
¿Qué hago? Quiero quitarle aquél velo que lo atormenta en todo momento,quiero quitarle aquella máscara fría para ser reemplazada por una sonrisa cálida y feliz. Puedo sentir mi corazón palpitante de alegría tan sólo de proyectarme imágenes de él sonriendo como si no hubieran un mañana.
Un ruido. Un estruendoso ruido que proviene desde su casa me hace soltar la botella llena junto a mi cajeta de cigarros. Las luces de su cuarto se encienden, y la sombra de él batiendo cosas es vista por mis ojos.
—Necesito...
—Ve—indica—. ¡Ve, Ash!
Salgo de la habitación, corriendo por las escaleras. La risa de mi hermana se detiene mirándome raro, pero la ignoro tomando las llaves de la casa abriendo la puerta. Salgo de la casa a la luz de la noche, y el frío golpea con fuerza mi cuerpo, estremeciéndome. A trates rápido, llego a su puerta, tocando el timbre una y otra vez. Una melodía fatal que suena llega a mis oídos atormentándolos cuando aún no abren la puerta.
Escucho gritos, y cosas rompiéndose. Está perdiendo el control. Una vez más, toco el timbre pero siguen sin abrir. Por suerte, al tocar el pomo y girarlo a la derecha, la puerta se abre. El miedo y pánico me inunda, haciendo que de ligeros tembleques, pero entro a la casa grande mirando las escaleras.
Subo trotando, y los sonidos y gritos se hacen cada vez más fuertes con cada paso que doy. Trago saliva al ver una puerta marrón entreabierta, y los gritos con gruñidos provienen de ahí. ¿Qué hago aquí? ¿Por qué estoy aquí?
Tarde. He abierto la puerta, y observo la escena con horror. Ignoro la mirada del que me imagino es el padre de Aleix, y me poso de rodillas delante de él. Asustada, empiezo a tocar su cara en busca de algún indicio más de otro golpe, y me fijo en la manera que aprieta sus puños.
—¿Aleix? —le llamo—. Aleix por favor escúchame,deja de hacerte daño, ¿sí? Deja... deja de hacerte daño Aleix por favor.
No cede.
—¡Aleix! —le grito—. Cariño, ¿me escuchas? Cálmate, soy yo, Aisha, ya pasó, ya pasó... estás bien.
Sus pupilas vuelven a su tamaño normal y suelta el vidrio. Sus ojos grises–verdes impactan con los míos y siento como mi estómago se revuelve de felicidad.
—¿A–aisha? No llores...
¿Estoy llorando? Estoy llorando. Lágrimas aún descienden por mis mejillas y decido quitarlas de manotazo. Me siento nerviosa bajo la mirada de Aleix, observo su mano cortada llena de sangre. La herida no podría ser profunda.
—Aquí está el kit médico—doy un respingo del susto—. Es un milagro que hayas podido controlarlo. Normalmente dura una hora o media hora así. Soy Antuán Van Damme.
Se presenta.
—Yo... soy Aisha Jasso, la vecina de al lado—doy una sonrisa tensa.
—Los dejo,espero que puedas controlarlo bien—dice, riendo y siento nervios.
Se va.
Cuando dirijo mi mirada Aleix,él ya no está en su lugar. Me desespero mirando a los lados, y observo otra misma puerta abierta. Respiro de alivio.
—¿Aleix? —llamo—. ¿Puedo... pasar?
Se escucha un ligero pero ronco «sí» y paso. Se encuentra lavando la herida en la palma de su mano.
—¿Qué haces aquí? —me pregunta, mirándome frío. Usando aquella máscara que lo hace ver intimidante, pero conmigo no funciona—. No deberías...
—Cállate—le corto—. No digas ni una sóla palabra sobre irme, ¿de acuerdo? Déjame curarte eso.
Mágicamente, se queda callado mirándome fijamente. Alza un poco las comisuras de su labio, y siento alivio aún más. Estira la palma de su mano, y la tomo, sintiendo descargas eléctricas en mi ser. Tomo un pico de alcohol, y la vierto.
—Auch, auch—se queja, y no puedo evitar reír. Aleix se está quejando como niño por alcohol—. Ten cuidado, me arde.
Pide, y sonrío. Una capa de cabello oscuro cae en mi rostro tapando la sonrisa boba. Tomo ahora gasas, y con cuidado lo enrollo al rededor de su mano y pulgar. Cuando veo que todo está en orden, lo suelto.
—Gracias—me dice—. ¿Por qué viniste?
Desvío la vista. ¿Y qué le digo ahora?
—No lo sé—espeto. Es lo único que se me ha pasado por la cabeza—. Creo que... debo irme.
Hago ademán de darme la vuelta pero sujeta mi brazo con suavidad. Me da escalofríos, y él lo nota. Devuelvo mi vista a Aleix, mirándolo nerviosa. Su toque me pone realmente nerviosa.
—Quédate—pide. Mi boca se entre abre, impactada por lo que me acaba de pedir—. Por favor.
¿Y ahora?
Aturdida, asiento levemente,mirándolo fijamente a esos ojos grises que me traían completamente loca. Pareció soltar un suspiro de alivio, y se dió la vuelta caminando hacía su cuarto. Me giré mirándome en el espejo que colgaba en su baño, hice de mi cabello un moño desaliñado. Abrí el grifo, me lavé el rostro y por último, un truco de Ariana, mi dedo lo mojé de agua para rizar mis pestañas con éste. ¿Me estoy arreglando para él?
El corazón se me oprimió en su lugar.
Cerré el grifo, y me devolví a su cuarto. Aleix estaba tendiendo la cama, y en el suelo había un colchón inflable.
—¿Aleix? ¿Piensas dormir en el piso? —pregunto extrañada.
—Sería de mala educación dejar a mi invitada dormir en el piso—respondió, parando de fundar las almohadas. Me sonrió mostrando sus perfectos dientes blancos.
—No te preocupes por mí—dije rápido—. Podemos dormir en la misma cama, digo, es muy grande,¿no crees?
¡Para! ¡Detente! ¿Qué estás haciendo?
—Tienes razón—concuerda—. Pero prefiero que duermas aún más cómoda.
¿Acaba de rechazarme?
—Dormiría más cómoda contigo... —susurré, y esperé que él no lo haya escuchado.
—¿Sabes qué? —musita—. Guardaré ese colchón.
Una sonrisa se asoma en mis labios, y siento cómo me ruborizo de cuello hasta mis pómulos.
Aleix guarda nuevamente el colchón y coloca las almohadas en su cama, se recuesta y yo con nervios, me siento al borde. j***r, ¿en qué me he metido? Siento los nervios en Punta.
Julia se ha quedado sola en mi casa, quizás se haga pasar por mí si de casualidad entra mi padre a darme las buenas noches.
Intenté relajarme, tomé aire y me acosté a su lado, tumbada, hacia arriba mirando el techo. Tenía su aroma impregnado en mi nariz, a Paco Rabanne y a sus mentas.
Huele delicioso.
Y me embriaga. De reojo lo observo y su pecho baja lentamente y tranquilo. Tenía sus ojos cerrados, su brazo estaba sobre su estómago y parecía ya haberse dormido.
Entonces, intenté relajarme yo también para quedarme dormida. Intenté aprovechar que estaba a su lado, él estaba durmiendo, íbamos a dormir juntos...
Y caí rendida en los brazos de Morfeo, durmiendo plácidamente y seguro feliz.
Aleix si es inteligente .
Qué buena decisión la del guardar el colchón.
¿Que les va pareciendo la novela?
¿Les gusta?
Dejenmelo saber plisss
Muchas gracias por seguir leyendo, un beso