En el transcurso de la semana, Eve aceptó cuatro citas más. Una cada día, exceptuando el martes, cuando organizó un debate mental para todas sus neuronas, que exponían punto a punto por qué Desires era una buena o mala idea.
Está de más decir que la mayoría veía como un negocio factible la aplicación. Aquellas que no estaban de acuerdo, fueron forzadas a pensar en un plan de seguridad para él. Desde ese día, una lista de reglas provisionales y una agenda torpe habían sido establecidas.
El miércoles conoció a un hombre en sus treintas, que sólo quería pasar el rato con él en un club nocturno. El jueves conoció a un lamentable hombre que pasaba por un divorcio y lo escuchó llorar por casi dos horas, pero la propina fue buena. El viernes conoció a un chico no demasiado mayor a él, que intentó tocarle el trasero.
Esa fue la primera vez que presionó el botón de emergencia y, después de que la policía apareciera, se le fue compensado con cien dólares por la mala experiencia. Y por otra parte, el sábado fue especial. Ese día conoció a “Blaze”.
Blaze fue, quizás, la experiencia más arriesgada para Eve, quien aceptó el trato sin encontrar ningún tipo de identificación o descripción del rostro del desconocido, además de que este lo había citado en un hotel de lujo. Si bien, era una localización segura, pues este hotel tenía más seguridad que su campus tenía profesores, no conocer el rostro del misterioso hombre lo puso nervioso desde el momento en que entró al lugar.
“Estaré en el bar esperándote desde temprano” fue el último mensaje de Blaze hacia él.
Aquél día, Eve se había vestido para la ocasión. Con los pantalones y camisa más elegantes que tenía, se peinó hacia atrás y se puso sus aretes favoritos. Conforme se fue acercando al bar, se fijó en el único hombre que parecía beber solo y se sentó a dos asientos de él.
Era guapo. Muy guapo. De facciones maduras y cabello con canas. Su barba y corte estaban perfectamente cuidados, su ropa parecía cara y su jodido reloj rolex lo delataba como alguien de mucho, mucho dinero. Entonces él miró a Eve por primera vez y entonces sonrió levemente.
—Puntual. Me gusta — dijo sin más. Se levantó y se acercó un asiento hacia Eve.
—¿Tú eres… Blaze?
El otro asintió y luego habló.
—Eres más atractivo de lo que esperaba.
Eve frunció el ceño.
—¿Gracias?
—Usualmente, los de mejor aspecto cobran más.
—Bueno… no sé si cobrar más de veinte dólares por una hora charlando sea moralmente correcto.
Blaze se rió.
—¿Moral? ¿Aún tienes esa cosa? Te daré un consejo, desaste de ella antes de que te vuelva loco.
—Qué rebelde.
—No te burles de mí — Blaze dejó salir una voz ronca que casi acarició la piel de Eve, haciendo que se erizara —, perdóname si soy un aguafiestas, pero la experiencia habla ¿de acuerdo?
—Mm, ya.
Hubo un silencio donde Blaze no apartó su mirada de Eve. Levantó la mano y el bartender se acercó para recibir un pedido del hombre. Dos tragos más. ¿De qué? Se preguntó Eve. El bartender simplemente sirvió una bebida de color amarillenta en el cristal más pequeño del mundo.
—¿Cuántos años tienes, Eve?
—Veintiuno.
—Joven. ¿A qué te dedicas? Fuera de Desires, me refiero.
—No me gusta mezclar mi vida privada con esto.
—Me agrada tu forma de pensar — Blaze bebió de golpe su trago y miró con aún más interés a Eve —. Yo tengo casi cuarenta y tengo… un buen empleo. Eso es todo lo que diré si te gusta guardar la privacidad entre nosotros.
Eve asintió sin tener algo que responder.
—¿Pero quieres que te cuente un secreto? — Dijo de nuevo, Eve lo miró confundido. — Esta es la tercera vez que intento contratarte.
El menor frunció el ceño.
—¿Tercera?
—Las primeras dos veces no aceptaste mi trato. ¿Acaso no te interesaba?
—No recuerdo…
—”Experiencia ilimitada”.
—Oh… ¡oh! Entiendo lo que pasa. Bueno, yo no…
—¿Qué sucede? ¿Cambiaste el precio? — Lo interrumpió Blaze. — ¿Te diste cuenta de lo mucho que vale un culo como el tuyo?
—Joder…
—Cuéntame, soy todo oídos.
—No. Simplemente no quiero hacer ese tipo de tratos.
Blaze frunció el entrecejo incrédulamente.
—Estás bromeando.
—No, señor, realmente no estoy interesado.
Entonces se volvió a formar un silencio extraño, Eve por fin consumió su trago y se quedó mirando a la barra, sabiendo que Blaze tenía sus ojos clavados en él. ¿Era normal sentirse tan incómodo?
—Me estás mintiendo, pequeño Eve.
Evander lo miró de regreso, mientras Blaze volvía a pedir otros dos tragos.
—No tengo una razón para mentirte.
—Quizás no a mí, pero ¿qué tal mentirte a tí mismo? ¿Tienes alguna razón para hacerlo?
—¿De qué habla?
—Moral, juventud, secretismo… ¿Te niegas a la idea de tener sexo conmigo para mantener alguna de esas cosas?
—¿Qué?
Los tragos llegaron. Blaze no tardó en tomar el suyo.
—El día en que te deshagas de esas cosas, Eve, verás el cielo en persona — Blaze miró a Eve bajar la mirada por medio segundo y luego disimular el acto tomando su trago. Sonrió sabiendo que la victoria estaba cerca —. ¿O es que ya lo puedes saborear?
—Lo único que saboreo es el tequila lamentable que haya probado.
Blaze rió.
—Sabes a lo que me refiero ¿no? — Evander no respondió. — Es por eso que pusiste las opciones más altas en primer lugar. Querías probar el cielo, pero te acobardaste.
—No sé por qué lo hice — dijo, sorprendiéndose de siquiera responderle a Blaze. Evander contaba cada segundo para que la hora terminase. Hacía calor, estaba incómodo y la experiencia entera comenzaba a ponerlo nervioso de una forma extraña.
—En realidad, no es esa la pregunta que deberías hacerte.
—¿No?
—La pregunta que deberías hacerte es… ¿por qué aún no lo he borrado?
Evander miró abajo. Blaze se acercó más al menor y de pronto Eve era consciente de cada exhalación que emitía, de todas sus terminaciones nerviosas y del silencio que existía si la música era ignorada.
—¿Acaso la opción sigue en pie?
Algo pareció invadirlo, algo que no conocía, y algo que Blaze, definitivamente sabía de qué se trataba.
—¿Quieres ver más? — Sí. — ¿Saber más? — Sí. — ¿Sentir más? — ¡Joder, sí!. — ¿Quieres que te lleve a mi habitación y te folle como nunca te han follado antes?
Los ojos de Eve se encontraron con los de Blaze de golpe y su boca se abrió, queriendo insultar y gritar mil cosas, pero algo lo detuvo. Los ojos seductores del hombre, junto con su voz rasposa y sonrisa a medias, tenían jodidamente perdido a Eve, que entonces asintió estúpidamente.
—Palabras, bebé, usa tus palabras.
—Yo…
—¿Mjm?
—...quiero que me lleves a tu habitación y…
—¿Y qué?
Eve tragó saliva y tardó un sólido minuto pero se atrevió a decirlo.
—Y quiero que me folles como nunca me han follado.
Entonces Blaze cortó la breve distancia que los separaba y besó a Eve de una forma tan jodidamente sensual que Evander nunca antes había sentido. Sus labios eran mucho más ásperos que los de Eve y su barba lo hacía sentir cosquillas.
En el estómago de Evander había una sensación todavía más extraña que se agravó cuando Blaze volvió a hablar con su ronca voz.
—Ven conmigo, es hora de conocer el cielo.