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Y una vez más se encontraban en esa cómoda posición, Sylas y Magnolia tan cerca que sus respiraciones se mezclaban, sus ojos no miraban a ningún otro lado que no fuesen los ojos del otro, sus manos comenzaron a subir lentamente hasta sus nucas. - que pase lo que pase, sea lo que sea, no te asustaras y no me dejaras- al terminar de decir aquello, Magnolia subió al regazo de Sylas para poder estar más cerca y besar aquellos labios, esos labios que hace unos días la estaban atormentando y juzgado, que la buscaban desesperadamente y necesitaban de ella. Mordidas, toqueteos y suspiros se hacían presente en ese momento, por un momento Magnolia recordó el instante en donde su profesor comentaba sobre el celo de la hembra, quien liberaba feromonas para atraer al macho y poder reproducirse, pero en este caso Magnolia creía que era al revés, Sylas era quien se le hacía en extremo irresistible y simplemente quería estar con el todo el día y todos los días de su vida, o al menos hasta que el ciclo terminara. Sylas estaba respirando cada vez más fuerte, se estaba agitando y estaba siendo un poco más brusco, rápidamente se separó de la chica y se limpió sus labios con su lengua, miro el suelo como consuelo y poder olvidar aquello. Se estaba controlando a mas no poder, sabía que si seguía en esa situación, no sería capaz de controlar lo que le hiciera a Magnolia, y por el motivo que sea, aun no era momento de que la chica se enterara, al menos no así. Magnolia quedo un poco aturdida por la repentina acción del muchacho, al parecer no era el momento ni el lugar para actuar de esa manera, y la verdad tenía razón. - ¿sabes porque huelo a perfume barato de vainilla? - levanto su mirada y comento burlón. - ¿porque tenías a esa rubia pegada como una goma de mascar? - parpadeo repetidas veces para dar un aura de falsa inocencia - porque tu olor a fresas me aturde la mente- el chico quito su abrigo y lo dejo descansar sobre su hombro mientras comenzaba a caminar para alejarse de aquel lugar sin decir nada más. Magnolia se tardó unos segundos en procesar aquella información ¿acaso tenía aroma a fresas? podía creer que tal vez sí, pues si su lociones y colonias eran de aquella llamativa fruta roja, pero era lo que Camille había ordenado, quería que fuera un aroma sutil y no tan empalagoso, por esa razón eligió aquella fruta, pero lo que más le sorprendió de todo eso, era que Sylas había prestado atención al aroma de la chica, pudo persistir aquel aroma como si nada. Respiro profundamente y exhaló todo lo que tenía acumulado, a pesar de decir algo tierno o darse cuenta de un detalle tan insignificante, no quitaba el hecho de que el idiota había estado hacer unos segundos atrás con una rubia despeinada y cabellos ondulado revoloteando por todos lados, no sabía si sentir rabia o frustración, o felicidad, pero lo que, si sabía, es que ese chico la sacaba de quicio, pronto se volvería loca. Al llegar a casa estaba todo en orden, Sylas molestándola de vez en cuando como de costumbre, Kayn igual de indiferente y depresivo que siempre, Doran mirando la televisión con Camille y Raiven jugando a las damas con Magnolia. Mañana seria fin de semana y dia de casa para los Collin, ordenes de Camille, pues según ella Magnolia debía conectarse con el entorno y naturaleza, aunque a ella le emocionaba el hecho de salir y disfrutar del bosque, un pequeño miedo se hacía presente. Al subir a su habitación para dormir miro el libro una vez más, estaba lista quería saber que era lo que estaba pasando realmente entre todo este caos. Las primeras páginas no eran nada interesantes, solo historias de tribus antiguas que luchaban contra animales salvajes y ya, pero era más que eso, al parecer, habían dos grandes tribus que dominaron el territorio, las cuales se dividieron por pensamientos diferentes, unos fueron a vivir más cerca de la cordillera y otros más cerca del bosque, vivieron en paz por muchos años, hasta que la codicia de querer tener todo el terreno para una sola tribu apareció, guerras y disputas se firmaron entre ambas tribus. Se decía que ambos contaban con grandes guerreros, estos guerreros tenían fuerza descomunal, ojos grandes y buen olfato al igual que oído, básicamente todo lo que un humano puede ser, pero potenciado por cincuenta o mil veces más. Las tribus estuvieron en disputa largos años, hasta que ya no quedaban muchos herederos ni guerreros para seguir peleando, así que hicieron un tratado, la paz volvería a ellos y solo se volvería a romper si es que esta paz se viera en disputa nuevamente por la llegada de un macho y una hembra alfa pusieran en peligro el tratado. Ahora todo tenía un poco más de sentido, los Collin y los Sitka tenían ascendencia de aquellas tribus que peleaban constantemente por las tierras, y la disputa sigue hasta hoy, solo que no con super guerreros. Magnolia pensó en las características de cada persona de la familia, lo curioso es que realmente tenían alguno de estos rasgos, podían olfatear bien, escuchar y un carácter frívolo. Quizas los chicos eran antepasados directos de los super guerreros que tenían antiguamente los Collin, pero eso no resuelve el asunto de que ahora las cosas entre ambas familias estuvieran más a flor de piel que nunca, porque razón comenzarían nuevamente a discutir si no había al menos una pareja de alfas. Claro, Magnolia solo conocía la situación por el lado de los Collin, pero no de los Sitka, quizás ellos ya contaban con una pareja alfa y se estaban preparando para poder comenzar nuevamente esta disputa, pero claro, ahora no sería con muertes y guerra como hace unos cuantos miles de e años atrás, ahora eran personas civilizadas, así que hablarían las cosas como tal, o al menos eso era lo que Magnolia tenía en mente, pero en el fondo sabía que no podía ser así, quizás era muy pronto para suponer como eran ambas familias, quizás si abrían muertes, y lo peor de todo, es que ella estaba involucrada en eso sin tener ni idea de aquello, eso era lo peor.
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