- romper el tratado de paz, así que cuida tus acciones- Claramente Kayn estaba molesto y no lo ocultaba, sin embargo, Magnolia no entendía el porqué, quizás solo era por el hecho de que si cruzaba estaban obligados a ayudarla en caso de que algo malo ocurriera, que romperían el tratado soplo por ella y eso significaría una nueva guerra, pero ya son seres humanos pensantes y maduros, no llegara a otra guerra absurda.
- ¿Y porque viniste tu? - Magnolia sabía que no le agradaba por completo a Kayn, o al menos eso parecía, pue siempre ponía expresiones faciales extrañas y desagradables cuando la veía.
- lamentos si la verdad esperabas a Sylas- comento mientras le quitaba los lejos a la muchacha y los llevaba el.
- no me refería a eso, y lo sabes- Lo que al parecer le parecía molesto era que Magnolia fuera más cercana a Sylas y Raiven, pero eso no era su culpa, el mayor de todos era quien se alejaba y mantenía su distancia.
- soy más rápido que los demás, y al parecer también te conozco más-
El regreso fue en extremo silencioso, se podría decir que, hasta un poco incomodo, Magnolia de vez en cuando miraba a Kayn y notaba un rostro lleno de tristeza y enojo, frustración. Quizás al ser el mayor era quien estaba a cargo de todos, había sido muy desconsiderada, Kayn solo estaba preocupándose por ella y cuidando la, si algo malo pasaba seguramente él era a quien regañaran más. Además, era casi la mano derecha de su padre, seguramente también tenía problemas que resolver en el negocio familiar. Decidieron tomar unos troncos más y seguir su camino hasta la cabaña. La cena estaba lista, era estofado de conejo y la chimenea ya estaba calentando, era una bella imagen para la chica, una familia real compartiendo un bello momento entre hermanos, aunque claramente Doran no era hermano de sangre, fue tratado como igual.
Ya que era muy tarde y los chicos tenían planeado ir de pesca y casa mañana decidieron ir a descansar temprano, cada uno fue a su habitación para poder dormir. Magnolia se encontraba subiendo las escaleras cuando de reojo entre la oscuridad diviso a Sylas acechándola, en ese momento Magnolia no quería hablar con él, sabía que el chico sacaría en cara y preguntaría porque razón Kayn y ella llegaron juntos, no quería discutir por aquella estupidez, estaba lo suficientemente triste por haber hechos sentir mal a Kayn.
- ¿Porque llegaste con él? -
- solo fue a ayudarme con los lejos, no es nada del otro mundo-
- ¿porque no me lo pediste a mí? -
- ¿Debía de pedirlo? -
-¿dices que es mejor que yo? -
- Sylas no dije eso-
- ¿entonces porque sientes lastima por él? - susurro mientras se acercaba a la chica peligrosamente
-Ya basta de tus juegos por favor-
- eres mi Magnolia, completamente mía, ¿porque eres la única que no se da cuenta? Estoy completamente loco por ti, y no me gusta en absoluto que estes cerca de aquel idiota- los ojos de Sylas se habían oscurecido por completo, dando un aura un tanto tenebrosa.
-Es tu hermano- Magnolia simplemente intento evitar lo que Sylas había dicho, pero la verdad no podía, estaba pensando y procesando aquellas palabras, las ganas de llorar la invadían, pero debía de ser fuerte, Sylas no podía seguir jugando con ella de esta forma siempre que quisiese.
- no me hagas esto, no me hagas sufrir por amor- las palabras parecían ser sinceras, Sylas acaricio lentamente su mejilla y beso esta con suavidad, se alejó un poco y miro en dirección a la puerta de su habitación. - es una lástima que Raiven duerma conmigo, pudiste haber Sido tu- no dejo decir a Magnolia ninguna palabra más, se retiró rápidamente en direcciona su habitación y cerró la puerta tras de él.
Sylas era un tanto bipolar, la trataba muy dulce y cálido, pero de repente simplemente decidía ignorarla o estar con rubias delgadas sobre su regazo. Pero sentía que esa noche algo era distinto, como si hubiese estado un tanto celoso de Kayn y su intimo encuentro que simplemente fue buscar lejos para la chimenea. Tal vez pensó que algo ocurrió entre Kayn y ella, que se habían besado como ellos alguna vez, pero Kayn odiaba a Magnolia, porque Sylas estaría celoso de su propio hermano. Nuevamente estaba siendo consumida por su mente, decidió dejar todo de lado y saltar a su cómodo colchón y dejarse llevar. Su mochila cayó al suelo por aquel salto dejando ver a aquel libro asomarse, decidió que ya era tiempo de saber todo, tenía que hacerlo. Las cosas que Camille decía, que Sylas y Kayn comentaban también estaban siendo más obvias, miro su reloj de noche y era las diez en punto, era bastante tarde y debía de descansar, pero las ganas y saber a qué se estaba enfrentando ya eran más grandes que el cansancio que estaba sintiendo. Decidida a saber finalmente se armó de valor y comenzó a leer las páginas del vejo libro.
Las horas pasaban rápidamente y la noche dejaba de ser tan noche, el sol amenazaba con salir y el frio disminuía poco a poco al igual que las hojas del libro, Magnolia tenía su ojos rojos y llorosos por no descansar y su boca entreabierta por tal cantidad de información que se le había sido proporcionada. Cerro el libro lentamente y se acomodó en posición fetal sobre su cama, esto no era posible, esas cosas solo pasaban en los libros de terror y películas adolescentes que leía cuando tenía unos quince años. Podría jurar que su corazón dejo de parir por unos largos segundos, que sus pulmones no se expandían más y que sus sentidos se agudizaron, se sentía como una presa, como aquel conejo de la cena de ayer sobre la mesa colocada con una cantidad exagerada de ensaladas y decoraciones comestibles a su alrededor. En este caso ella era la Caperucita roja y todos los chicos presentes en la cabaña eran los lobos que comerían de ella in dejar rastro. Era ella quien estaba encerrada con cuatro depredadores feroces así alrededor, pero como dijo Camille, no creas todo, la mente puede jugar malas pasadas, ver para creer, ¿No?