Un hotel de lujo en la 19 Avenue Kléber en París. Cuando llegamos no tuvimos tiempo de mirar nada, caí rendida sin darme cuenta cómo y llevando la misma ropa con la que llegue. No sé cuántas horas han pasado ni que día es, miro la hora local y son las cinco de la tarde. No sé si dormí mucho o es solo la diferencia horaria, así que me levanto de la inmensa cama y voy hacia el baño, la ventana frente a la cama está abierta, la vista es espectacular.
Soy una mujer casada, no he visto a mi esposo pero sé que él está por ahí. Sus cosas están distribuidas de forma ordenada en la suite, sus papeles están regados sobre la mesa de centro frente a los enormes y finos sofás. Camino por fin hacia el baño, es bastante privado, es todo transparente pero si se cierra la puerta no puede verse.
Me doy una ducha rápida, muero por recorrer París. Me pongo un vestido sencillo, botas y una chaqueta. No puedo salir, intento abrir la puerta de la habitación pero es imposible. Suspiro un poco irritada pero decido revisar por toda la habitación, debieron dejar alguna tarjeta por algún lado, reviso todo de arriba abajo y no hallo nada.
Decido tumbarme sobre el sofá a esperar, empiezo a sentir hambre, admiro mi anillo de casada en mi dedo. Se abre la puerta. Me levanto enseguida, es Luis, mi guardaespaldas. Mi sexy y rubio guardaespaldas.
—Señora ya se levantó. Fui por algunas cosas ¿Quiso salir? Me lleve la llave.
—Me asuste un poco, pensé que mi marido me mantendría encerrada ¿Dónde está él?
—En una reunión.
—Ah claro.
Al menos sabía eso, el lugar de nuestra luna de miel sería París porque tenía muchos asuntos de trabajo que atender en la ciudad.
—Puedo pedir comida para usted.
—¿Hablas francés?
—Italiano y ruso también.
—Impresionante—admito.
—Puedo enseñarla—sonríe, mantiene la distancia y el porte, es alto y de facciones amables.
—¿Qué edad tienes?
—Veintiocho.
Asiento y le sonrío.
Dejo que pida la comida, mientras se ofrece a hacerme un recorrido por la calle donde está el hotel, me dice que Marcel le pidió que me atendiera, que me llevara a pasear si eso quería. Comemos entre chistes y anécdotas, solo pedí una hamburguesa y papas fritas, no quise arriesgarme a pedir nada más.
Mi escolta come Soupe à l'oignon y Boeuf Bourguignon, que no es más que sopa de cebolla y un estofado de carne de buey con vino, huele delicioso y sabe mejor, me deja probar.
—No debía temer de pedir estos platos—rie.
—Ya lo sé para la próxima.
—Las papas fritas son las mejores—dice señalando mi hamburguesa.
—Suelo meterlas dentro del pan sobre la carne, sí—rio.
Se abre la puerta de la habitación, ambos miramos en esa dirección, él se pone de pie y limpia con elegancia su boca y sus manos, es Marcel y Raúl.
—Huele muy bien—dice Marcel.
—Sopa de cebolla y estofado señor—dice Luis—, o no creo que se refiera a la hamburguesa de su esposa.
Marcel y Raúl ríen.
—No, defectivamente no. Hemos comido ya, pero comeremos en otra ocasión, huele muy bien—dice Marcel.
—Los dejamos—dice Raúl.
Él y Luis salen conversando. Me quedo por primera vez sola con Marcel en una habitación de hotel, el corazón se me acelera un poco, es mi esposo, aunque no lo sea de verdad en el sentido de que pretendamos consumar el matrimonio.
—¿Cómo te fue en tu reunión?—pregunto.
Se sienta en el sofá donde antes me senté yo, observo su anillo de casado. Suspira y sonríe.
—Bien, me felicitaron por la boda pero regañaron por trabajar cuando debería estar de luna de miel—dice burlón.
—Luis es muy agradable y guapo, ¿A caso quieres que me seduzca o algo?
Se carcajea.
—Me haces reír mucho, eso es un bono en este matrimonio—suspira—, no, si te parece atractivo y lo suficiente para ti para cumplir con necesidades físicas, puedes, pero lo he elegido porque es culto, inteligente, divertido y joven, te hará compañía, no quiero que te aburras o te vuelvas más tonta.
No se cómo tornarme lo de hacerme más tonta, debería ofenderme. Trago grueso y sin embargo prefiero callar.
—Quiero conocer la ciudad.
—Luis te acompañará.
—Excelente, quizás si me lo folle en algún callejón—digo molesta aunque trato de contenerme.
Ríe.
—¿Por qué en un callejón? Pueden usar la cama, más cómodo y más seguro, por cierto, no lo obligues ni que sea nada por lo que pueda demandarnos por acoso, es empleado, no lo olvides.
Una lágrima me recorre la mejilla y no sé por qué, me molesta estar afectada por sus palabras y su indiferencia.
—Mi guarda espaldas, que es más listo y culto que tu esposa. Debiste casarte con él—espeto.
Ríe de nuevo.
—Alexis, estoy a punto de llamar a mi abogado para pedirle doblar las cifras de nuestro acuerdo prenupcial, me haces reír mucho, eso debe valer más.
—Si te la chupo debería costar el triple—digo molesta. Mi cara está encendida y agradezco que sea ciego y no pueda ver mi turbación.
Suspira. Se pone serio.
—¿Estás de malcriada?
—Y si quiero sexo contigo.
—Ya lo hablamos Alexis.
—No, al final no supe en qué quedamos.
Se levantó.
—Anda fóllate a Luis, a Raúl también si estás muy necesitada.
Va hacia el baño y lloro sentada frente a la hamburguesa a medio terminar, no debería afectarme lo que me dice, pero es muy hiriente, desconozco como será nuestra dinámica, pero no me debería dejar faltar el respeto. Trago grueso, dejo la comida allí, me limpio las lágrimas y me maquillo, salgo a buscar a Luis.
Él me mira sorprendido pero asiente, son casi las siete de la noche ya, caminamos por las calles de parís como dos enamorados, pero es solo mi guardaespaldas, mi esposo está en la habitación, ciego y solo. Soy muy ingenua, me doy cuenta, creí que esto sería como un cuento de hadas y no es nada parecido. Si me voy a coger a Luis, decido, pero no hoy, no aún. Con alguien tengo que tener mi primera vez.