Un Ebrio Provocador Negué con la cabeza. —Estás ebrio, Max. —Lo sé, pero no ciego. Perdóname. —¿Por qué debo hacerlo? Mejor, no me digas nada. Hablaremos mañana por la mañana. Ven, te darás una ducha bien fría. Obedeció a regañadientes. Se terminó de desnudar en el baño. Cuando lo ví bajo la cascada de agua fría y podía sostenerse sin vacilar, entonces volví a la habitación. Tomé de la mesita un libro que, a veces, leía por las noches cuando no podía conciliar el sueño. Esa noche la razón de mi desvelo era distinto. Se dio un baño larguísimo. Apareció con una toalla atada en las caderas, se dirigió al vestidor, sin mirarme. Di un sonoro suspiro. Se tardó otra media hora en salir, vistiendo un Jersey. Caminó hasta el otro extremo de la cama y se sentó en la colcha, dándome la e

