Capítulo 7

3150 Words
Mis ojos se agrandaron ante sus palabras, mi corazón palpito con fuerza, sacudí ligeramente la cabeza saliendo del shock en el que me encontraba, respiré hondo, hice fuerza de todo mi autocontrol, solté mi mano de su agarre, mire al frente — Debo poner distancia… No es bueno para mí estar a su lado—dije contemplando los coches pasar a toda velocidad — No quiero perderte—mi corazón se detuvo un segundo, para después volver a palpitar fuertemente— Eres una gran secretaria—esas palabras dolieron, gire el rostro mirando hacia el lado opuesto, mis ojos se estaban humedeciendo — Podrá encontrar una mejor que yo, alguien… Que no se enamore de usted—dije sintiendo un fuerte nudo en la garganta — No quiero a otra—comento tajante, sus manos se posaron en mi rostro haciendo que volteara mirarlo— Estoy acostumbrado a ti, a tu presencia, a tu torpeza…—sus ojos adquirieron ese brillo que con el que veces me miraba, y no lograba comprender— Dime… ¿Qué puedo hacer para que te quedes a mi lado?—cuestionó, suspire apartando sus manos de mi rostro — Nada… Es lo mejor—se quedó contemplándome unos segundos, finalmente suspiro asintiendo Se colocó en el asiento mirando hacia el frente, volvió a suspirar poniendo el coche en marcha de nuevo, apoye mi cabeza contra la ventana viendo como el paisaje pasaba, mientras me sumergía en mis pensamientos. A mitad de camino, nos detuvimos en un restaurante para comer, el ambiente entre ambos era incómodo, no nos mirábamos, no nos hablábamos y si lo hacíamos, eran preguntas, que eran contestadas con monosílabos. Contemplaba mi plato vacío, no había podido parar de pensar en lo que implicaba marcharme del trabajo de un día para otro, tenía que ser realista en una cosa, encontrar buenas condiciones laborales como las que tenía, no era fácil y eso si las encontraba. No quería volver a estar con contratos temporales, ni aguantar a jefes explotadores que pagaban una miseria o babosos que te querían en su cama para un ascenso, irte de un trabajo era fácil, lo difícil era encontrar uno que mereciera la pena. Suspire masajeándome la sien, la cabeza comenzaba a dolerme ante todo el maldito estrés que estaba teniendo, suspire de nuevo abriendo los ojos, encontrándome con los suyos azules que me miraban de forma penetrante. — ¿De verdad que no puedo hacer nada para que te quedes?—preguntó haciendo que me quedara en silencio — Hay algo…—dije con cierta vacilación — ¿El qué?— — Quiero que se comporte como siempre, no me llame por mi nombre, no me sonría o me toque, quiero que vuelva a ser otra vez distante, frío, un ogro—comenté sin despegar mis ojos de los suyos, los cuales me miraban con cierto asombro — ¿Eso quieres?—cuestionó a lo que asentí con seguridad — Está bien, todo volverá a ser como antes—dijo en tono serio, incluso su tono parecía molesto, pero no debía importarme, no si quería arrancar estos sentimientos, que solo me estaban complicando la existencia. El resto del viaje sentía que estaba siendo una tortura, pues el ambiente se volvió mucho más incómodo, tenso, pesado, incluso yo me sentía pesada, no volvimos a pronunciar una sola palabra, tenía unas enormes ganas de llegar a casa. Cuando por fin llegamos, ambos nos quedamos quietos, no nos miramos, tampoco decíamos nada, solo quietos como si esperásemos que el otro dijese algo. Suspire quitándome el cinturón de seguridad, agarré mi bolso junto a mi abrigo, antes de que pudiera hacer algún movimiento para abrir la puerta, su mano me agarró de la muñeca, tiró de mí acercándome a él, antes de que algún sonido de protesta saliera de mis labios, posó los suyos sobre los míos comenzando a besarme lentamente. Me quede estática de la sorpresa, una vez que salí de mi estupor, sin pensarlo solté las cosas que tenía en las manos, las coloque en su cuello, cerré los ojos correspondiendo el beso con la misma intensidad, sintiendo como una descarga eléctrica salía de mi estómago a todas las partes de mi cuerpo, haciendo que me estremeciera. Su mano se posó en mi espalda, fue ascendiendo despacio hasta mi rostro, acariciándolo como si se tratase de algo sumamente frágil que temiera romper. Poco a poco nos fuimos separando ante la necesidad de volver a llenar nuestros pulmones de oxígeno, nos quedamos en silencio con las frentes unidas, solo se escuchaba nuestras reparaciones agitadas junto a la radio de fondo. Al cabo de unos segundos, se alejó haciendo que abriera los ojos contemplándole, tenía el rostro serio, me acomode en el asiento mirando hacia el frente — Mañana… No llegue tarde— — No se preocupe… Llegaré a mi hora—comenté volviendo agarrar mis pertenencias, baje por fin del coche, abrí la puerta de atrás sacando mi maleta, iba a cerrarla, pero me detuve— Vaya con cuidado—él solo asintió sin mirarme, suspire cerrando la puerta Nada más hacerlo, el coche se puso en marcha alejándose rápidamente, respiré hondo ignorando la opresión de mi pecho, y las ganas de llorar que tenía, quedarme a su lado no era bueno para mí, ni para mi corazón, lo mejor sería, buscar otro empleo cuanto antes. Miraba de forma ausente por la ventana del autobús, después de estar cinco minutos deliberando si asistir o no a la oficina, gano el hecho de asistir, pues me había llegado la factura de la luz, sin lugar a duda ser pobre era una gran mierda, suspire saliendo de mis pensamientos, presione el botón de para mientras me ponía de pie. De camino a mi puesto saludaba a algunos compañeros, al llegar de forma instintiva miré hacia su oficina, se encontraba con la cabeza metida entre papeles, suspiré dejando mis pertenecías en su sitio, con cierto miedo en el cuerpo me acerque a su puerta, toque dos veces haciendo que levantara la mirada, me hizo un gesto con la mano y entre — Buenos días, señor—salude a lo que él me respondió con una inclinación de cabeza— ¿Desea que le traiga algo?—cuestioné sintiéndome ligeramente nerviosa ante su mirada — No, puedes ponerte a trabajar—asentí dándome la vuelta saliendo de su despacho Me senté en la silla soltando un suspiro, a pesar de que yo se lo pedí, de que era mi decisión, dolía ese tono frío y distante, sonreí sacudiendo la cabeza, no podía ponerme a pensar en eso, lo mejor para olvidar era trabajar. Los días iban pasando, sin darme cuenta ya era viernes, pasaba mis horas de comida con Renzo, aunque también se acercaba a mi mesa para charlar un poco e invitarme a un café, sinceramente era un amor, cada vez que lo miraba me lamentaba muchísimo que él no fuera el hombre del que me enamore. Una bolsa pequeña de color blanco fue colocada delante mi, con curiosidad miré a la persona que la había dejado, era Renzo, tenía una sonrisa enorme en sus labios — ¿Qué es?—cuestioné sonriendo también — Para saberlo, tendrás que abrirlo—negué con la cabeza sin deja de sonreír, me sorprendí al ver una cajita negra de tamaño mediano, lo saqué abriéndola, me sorprendí de ver una pulsera, era sencilla, una cadena posiblemente bañada en oro, tenía un corazón en medio con pequeños cristales dentro— Feliz cumpleaños adelantado—lo miré impresionada, sonreí ampliamente levantándome de la silla — Muchas gracias—dije abrazándolo con fuerza— No creí que te acodaras— — Siempre me acuerdo—reí levemente— ¿Te la pongo?—cuestionó a lo que asentí dándosela, con delicadeza me la colocó— Sabía que te quedaría perfecta—acariciaba mi mano con suavidad — Les recuerdo que estamos en un lugar de trabajo—ambos nos sobresaltamos al escuchar esa voz, me di la vuelta viendo como mi jefe miraba fijamente a Renzo, tenía las manos en sus bolsillos, ninguna expresión en el rostro, pero su tono de voz era gélido — Lo sentimos mucho señor—dije, pero me ignoro por completo, se acercó colocándose delante de Renzo sin dejar de mirarlo — Esta semana he perdido la cuenta de las veces que te he visto por aquí— — Lo lamen— — Tengo dos teorías del porqué es así—comentó interrumpiendo las disculpas— Número uno, está molestando a una compañera de trabajo— — No, eso no es—me quedé callada ante la mirada que me había lanzado — Número dos… Tiene poco trabajo y por eso se da el lujo de estar de un lado a otro, dígame cuál de las dos es, para ponerle remedio a ambas—su tono era amenazante, miré a Renzo de reojo, estaba tenso — No es nada de eso, solo quería darle su regalo de cumpleaños— — ¿Acaso no podía dárselo en la hora de comer?, ¿o a la hora de salida?—cuestionó arqueando una ceja — Tiene razón, lo siento mucho, no me verá por aquí salvo por trabajo— — Eso espero, váyase a su puesto de inmediato—Renzo suspiró asintiendo, se dio media vuelta, me dedico una pequeña sonrisa que le devolví, y se marchó dejándonos solos — De verdad que lamento esto señor—dije haciendo que sus ojos azules se clavaran en mí — ¿Cuándo?—preguntó de la nada haciendo que lo mirase confusa— ¿Cuándo es tu cumpleaños?— — El domingo—comenté algo sorprendida de la pregunta, sin decir nada más dio media vuelta caminando hacia su despacho dejándome descolocada. Solté un suspiro volviendo a mi silla, empecé a trabajar de nuevo intentando olvidar lo sucedido, a los pocos minutos escuche sus pasos, levante la cabeza viendo que llevaba puesto su abrigo — Me ha surgido un asunto urgente, volveré más tarde, cancela todas mis citas—dijo sin apenas mirarme — Claro señor—nada más decir eso, se marchó. A la hora de la comida, Renzo me mandó un mensaje, me esperaba en el ascensor, sonreí ante eso, ahora temía acercarse y que apareciera de la nada, me levante agarrando mis pertenencias. Mientras comíamos, hablábamos de su pequeño sobrino que había nacido unos días atrás y él iría a casa de su hermano para conocerlo en persona — Es una lástima que me pierda tu cumpleaños—comentó arrugando la nariz, reía ante eso — Pero debes ir a conocer a una personita muy especial— — Eso si—ambos reiremos, de repente él se detuvo, me agarró de la mano haciendo que lo mirase— ¿Me concederías una cita la próxima semana?—preguntó haciendo que me sintiera algo nerviosa ante su penetrante mirada — Claro que si—una amplia sonrisa apareció en su rostro ante mi respuesta, sin que lo esperase, se acercó robándome un beso, haciendo que me sonrojara y él comenzara a reír Después de la comida nos despedimos en su puesto de trabajo, de camino al mío, vi en mi mesa una bolsa de color verde con un lazo rojo, me acerque mirándola con curiosidad, no podía nada, miré hacia el despacho, él se encontraba allí sentado en su sillón con los ojos cerrados, suspiré agarrando la bolsa, me acerqué a su puerta llamando haciendo que me mirase, hizo un gesto con la mano y entre. — Señor, no sé a quién debo enviarle esto, no pone nada—dije colocándolo encima de su mesa, sin dejar de mirarme se puso de pie rodeando su escritorio acercándose a mí — No debes enviarlo… Debes abrirlo—lo miré sin comprender, él rodó los ojos, agarró la bolsa entregándomela— Es tu regalo de cumpleaños—mis ojos se agrandaron ante la sorpresa, sonrió con cierta ternura, agarró mi mano dejando la bolsa en esta Algo dubitativa lo abrí, dentro había una caja de terciopelo color granate, era grande, con cuidado lo saqué, al abrirla me quede impresionada, era un collar, la cadena era fina y sencilla, pero tenía un corazón con lo que aprecia un diamante — Esto es… Precioso—dije sin poder despegar la mirada — No más que lo que estoy mirando—levante la cabeza encontrándome con sus ojos, tenían aquel brillo, además de una hermosa sonrisa en el rostro, sentí como algo en mi estómago se removía, mi corazón se aceleraba, y mis mejillas se calentaban así que desvié la mirada — No… No hacía falta que se molestara—comenté algo nerviosa cerrando la caja— Además es demasiado—se la tendí, se acercó cogiéndola, la abrió sacando el collar — No puedes rechazarme un regalo—dijo colocándose detrás de mí, con cuidado aparto mi cabello, al hacerlo me estremecí al sentir sus dedos rozar mi piel— Nada es demasiado…—dijo a mi oído haciendo que volviera a estremecerme, aunque no sabía muy bien si fue por eso, o por sentir sus dedos otra vez, o por el frío de la cadena Una vez que lo termino de poner, me di la vuelta mirándolo, sus manos se posaron en mi cintura pegándome más a él, el aroma de su perfume llego a mí con fuerza, cerré los ojos aspirándolo todo lo que pude, amaba su aroma, me enloquecía no podía negarlo, sentí sus dedos posarse en mi mentón haciendo que levantara la cabeza, antes de poder abrir los ojos, sentí sus labios sobre los míos. Sus labios se movían con lentitud, pero con pasión, me aferré a su chaleco correspondiendo con la misma intensidad, por mi cuerpo corría aquella descarga, sentí una de sus manos viajar por mi espalda hasta colocarse en mi nuca profundizando más el beso. No sabía cuánto tiempo llevábamos así, solo sabía que no me quería separar, pero pronto nos vimos obligados a hacerlo, apoye mi frente en su pecho sintiendo como subía y bajaba agitado ante el beso, me estrecho más contra él, como si quisiera que fuésemos solo uno. — Esto no era parte de lo que habíamos hablado—dije sin separarme — Lo sé… Pero no puedo hacerlo—me separé un poco mirándolo — Será mejor que vuelva a trabajar—murmuré sin hacer un solo movimiento por alejarme, él asintió, pero tampoco se movió, a los segundos con cierta reticencia ambos nos separamos, agarre la bola, camine hacia la puerta sintiendo su mirada, antes de salir me giré— Gracias por el regalo, me ha encantado—dije con una sonrisa, la cual me devolvió, nos miramos unos segundos más, volví a darme la suelta saliendo por fin. El resto de la jornada apenas cruzamos palabra, pero si miradas, sonrisas, me sentía como una adolescente cuando coqueteaba con el chico que le gustaba. Suspire frotándome los ojos hacia un buen rato que no despegaba la mirada de la pantalla, tenía que mandar algo urgente y me había olvidado por completo, unos golpecitos en mi mesa llamaron mi atención, era él mirándome serio — Apaga todo, es hora de ir a casa—lo mire sorprendida, mire el reloj del ordenador, tenía razón, ya era la hora, suspire recostándome en la silla — Debo quedarme, tengo que enviar algo— — Lo envías mañana, es hora de ir a descansar—comento agarrándome de la mano haciendo que me levantara, pero me solté — No puede ser enviado mañana, debe ser hoy, no se preocupe señor, no me falta mucho—se me quedó mirando unos segundos, suspiró asintiendo — Está bien, ve con cuidado a casa— — Claro, usted igual—dije con una sonrisa, me miro unos instantes, volvió a suspirar y se marchó murmurando algo que no entendí, me encogí de hombros volviendo a sentarme. Salí del ascensor suspirando, finalmente me había llevado más tiempo del que quería, ya eran casi las nueve de la noche y la hora de salida eran las siete, salí del edificio sintiendo como el frío de la noche envolvía todo mi cuerpo, me estremecí abrazándome a mí misma, empecé a caminar hacia la parada del autobús, la calle daba algo de miedo estaba completamente desierta, algo normal después de todo estábamos en una zona solo de oficinas y prácticamente todo el mundo, estaba ya en casa, suspire añorando mi coche, maldita suerte la mía ante el hecho de que se estropeara y no tuviera arreglo. Iba tan sumida en mis pensamientos, que me sobresalte al sentir como era agarrada de la mano con cierta fuerza, lo primero que vi fueron unos ojos azules conocidos, enfoque mejor dándome cuenta de que era mi jefe — Señor que— — No tenemos tiempo para preguntas, sube al coche de inmediato—dijo interrumpiéndome, mirando detrás de mí, iba a girarme, pero me lo impidió— No lo hagas, solo sube al coche después te explico—extrañada hice lo que me pidió, una vez que subí, me tense al ver por el espejo a tres hombres mirando en nuestra dirección, sentí como mi jefe se subía y rápidamente nos alejaba de allí — ¿Qué fue eso?— — Te estaban siguiendo prácticamente desde que saliste de la oficina—lo miré sorprendida — ¿Cómo lo sabe?—cuestioné hacendó que me mirase un momento — Te estaba esperando, entonces los vi, empecé a seguirlos por si acaso me equivocaba, pero no fue así, te detuviste varias veces y ellos también, tenía que sacarte de allí cuanto antes—un escalofrío me recorrió ante la idea de lo que hubiera pasado, si él no me hubiere esperado — Gracias, por esperarme, y salvarme—dije mirándolo, dado que estábamos en un semáforo en rojo, me miró — Siempre que pueda, lo haré—sonrió haciendo que mi corazón palpitase, desvié la mirada, sonreí colocándome un mechón de cabello detrás de la oreja. A los minutos llegamos a mi casa, me quite el cinturón, me quede quieta sin intención de bajarme, lo mire dándome cuenta de que él también me miraba, una sonrisa boba se me escapo, para mi sorpresa correspondió — Gracias otra vez— — No me las des—me dio un toque en la nariz haciéndome reír— Espero que pases un buen cumpleaños— — Gracias…—asintió sin borrar su sonrisa, agarre mi bolso, iba a bajar, pero me detuve, me gire hacia él tomándolo de su abrigo acercándolo a mí, uní nuestros labios en un beso, rápidamente me separé iba a salir, pero su mano me lo impidió — Si vas a robarme un beso, que sea en condiciones—susurró contra mis labios haciéndome estremecer, sonrió uniendo otra vez nuestros labios.
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