— Parece que me equivoque… Ese beso, iba cargado de muchos sentimientos—abrí los ojos al escuchar a Gina, me separé de mi jefe sin atreverme a mirarlo, la conversación siguió su curso, pero no podía dejar de pensar en ese beso y en todo lo que me había hecho sentir.
Al poco tiempo del beso, todos comenzamos a retirarnos para dormir, el trayecto a la habitación fue silencioso, incluso en ella no hablamos, evitaba mirarlo.
Una vez con el pijama puesto, me metí en la cama, mire hacia el baño donde se estaba cambiando, lleve mis manos a mis labios, aún podía sentir los suyos moviéndose, de solo recordarlo mi corazón empezaba a agitarse, sacudí la cabeza no queriendo pensar más, pronto la puerta del baño se abrió, mire en esa dirección.
Ambos nos mirábamos, desvié la mirada sintiendo como mis mejillas se acaloraban, escuché como se movía por la habitación, lo miré de reojo viendo como agarraba la almohada que estaba a mi lado
— Espere—dije antes de que se marchara— No hace falta que duerme allí, ese sofá tiene pinta de incómodo—
— ¿Entonces donde pretende que duerma?—cuestionó alzando una ceja
— Podemos compartir la cama, es lo suficientemente grande para los dos además, somos adultos sabemos comportarnos—se quedó callado mirándome fijamente
— ¿Está segura?—
— Oiga, me sé comportar—comenté frunciendo el ceño, rodó los ojos soltando un suspiro
— Quería decir, ¿Qué si estás segura de que compartamos cama?—
— Ah…—me sonroje de vergüenza— Si claro, no tengo problema—dije de forma torpe, él asintió volviendo a colocar la almohada en su sitio
Me acosté mirando al techo, me sentía nerviosa, iba a dormir con él, suspire mordiéndome el labio, esperaba no roncar o darle alguna patada, me tensé al sentir su cuerpo rozar el mío al introducirse en la cama
— Buenas noches—dijo pagando la luz de la lámpara
— B… Buenas noches—
Nadie dijo nada más, todo estaba en absoluto silencio, ambos mirábamos al techo, tenía miedo a moverme, escuche un fuerte suspiro de su parte, volvió a encender la luz, se sentó en la cama pasándose la mano por el rostro
— Lo siento, no debí besarte, sé que—
— No se preocupe—dije interrumpiéndolo, también sentándome— Era algo necesario, tenía razón, no podemos fingir ser una pareja y no besarnos—sonreí intentando tranquilizarlo, asintió sin dejar de mirarme, iba a decir algo, pero un gemido me lo impidió
Nos miramos sorprendidos, pronto comenzaron a escucharse más y más fuertes, junto a golpes de una cama, empezamos a reírnos ante la situación
— Parece que a alguien le ha servido como solucionar los problemas en el sexo—comentó a lo que asentí sin poder parar de reírme
— Solo espero que no sean de Rosella y Leandro, de solo imaginarlo se me revuelve el estómago—dije haciendo una mueca de asco— Ese hombre es repulsivo, me pregunto qué le ve su mujer—
— Dinero… Eso le ve—lo miré sin comprender— Leandro, está metido en la industria del petróleo, es muy rico—
— Comprendo—dije analizando sus palabras, suspire negando— Pero por muy rico que él sea… Es repulsivo, no estaría con él ni por todo el dinero del mundo—
— Bueno, eso es porque tú, eres una chica muy dulce como para aceptar algo así—me quedé asombrada ante sus palabras, me dedico una pequeña sonrisa la cual le devolví, nos quedamos en silencio el cual fue roto rápidamente por los gemidos, volvimos a reír
— Hablemos de algo, dudo mucho que podamos conciliar el sueño con semejante escándalo—dije entre risas
— ¿De qué deseas hablar?—
— De usted—me miró algo sorprendido
— ¿De mí?—cuestionó a lo que asentí con una tímida sonrisa— ¿Por qué?—
— Bueno, es que me genera muchas dudas… Por ejemplo su comportamiento—
— ¿Qué tiene de malo?—preguntó alzando una ceja
— No es como pensaba, quiero decir, en la oficina siempre está serio, es frío, distante… Sin embargo cuando estamos solos, no lo es, en cierto modo diría que es… Tierno—susurré la última palabra con cierto temor
— En la oficina soy el jefe, no puedo hacer bromas con mis trabajadores, ni ser su amigo, sería algo malo—asentí entendiendo su punto— ¿En serio has dicho tierno?—cuestionó con una pequeña sonrisa
— No era la palabra correcta—dije desviando los ojos algo avergonzada, escuché su leve risa
— ¿Entonces que querías decir?—me mordí el labio sin saber exactamente qué contestar
— Pues… Que parece menos ogro—
— ¿Así que menos ogro?—preguntó en tono serio, rápidamente mi cuerpo se tensó, trague saliva mirándolo algo nerviosa, tenía el rostro serio, sus ojos parecían molestos
— Y… Yo señor lo siento muchísimo, no quería dec—detuve mis disculpas ante su risa
— Era una broma—me dio un leve empujón— Relájate mujer, no voy a despedirte ni nada por el estilo, creo que he dicho eso muchas veces en estos últimos días—negó con la cabeza sin borrar su sonrisa, solté un suspiro de alivio, al hacerlo sentí como toda la tensión que acumule en un segundo salía dejándome con una sensación de debilidad
— Eso ha sido… Cruel—
— Posiblemente, pero me gusta ver lo tensa que te pones, y el hecho de que pienses que voy a despedirte—lo miré con los ojos entrecerrados, me guiño un ojo haciendo que las mariposas en mi estómago revolotearan— ¿Algo más que desees preguntar?—cuestionó haciendo que me quedara pensativa por unos segundos
— ¿Cómo conoció a su esposa?—pregunté mirándolo, vi como su sonrisa desapareció casi de golpe, sus ojos adquirieron un brillo de tristeza— Perdón por preguntar algo que a mí no me incumbe—dije levantándome de la cama sintiéndome una estúpida por preguntar
— Fue una noche de verano—detuve mis pasos ante sus palabras, me giré contemplándolo, tenía la mirada perdida en algún punto de las sabanas— Había terminado de cenar con Emmanuel y su novia, esperaba que el aparcacoches trajera el mío, cuando eso pasó antes de poder dar algún paso, sentí que alguien se colgaba de mi brazo, miré en esa dirección y la vi, ella era realmente hermosa, pero no me di cuenta de eso hasta el día siguiente que fue nuestra primera cita—una triste sonrisa se dibujó en sus labios
— ¿Por qué se colgó de su brazo?—pregunté volviendo a la cama
— Un hombre llevaba persiguiéndola unos diez minutos, así que la ayude haciéndome pasar por su novio, y la lleve a su casa, como agradecimiento me invito a un café—se quedó callado, su sonrisa se hizo más amplia, no tenía rastro de tristeza— Cuando apareció en aquella cafetería, me quedé helado al verla, su hermoso cabello rubio brillaba intensamente con el sol, sus ojos grises parecían una tormenta, por un instante… Me pregunté si lo que veía era real, si ella era humana o un precioso ángel que se cruzó en mi camino—escuchar esas palabras hizo que mi corazón sé oprimiera fuertemente— Cuando la perdí… Mi mundo se derrumbó por completo, sentía que moría de dolor, había perdido al amor de mi vida… Y la única mujer que amaré hasta el final de mis días—sus ojos se clavaron en los míos, forcé una sonrisa asintiendo despacio, sentía como mis ojos escocían con fuerza
— Ya se han callado… Será mejor dormir—dije intentando que mi voz no se escuchara dolida, él asintió, me miró por unos instantes y se acomodó.
Volví a acostarme dándole la espalda, la luz fue apagada y con ello mis lágrimas empezaron a salir en silencio, sentía como si mi corazón fuese estrujado con tanta fuerza que explotaría, dolía… Dolía demasiado.
No sabía cuánto tiempo había pasado, pero su respiración se volvió pesada, limpie mi rostro con las manos, despacio me levante de la cama agarrando mi almohada, arrastre mis pies hacia el sofá, me acosté como pude y me arrope con la sabana he intente conciliar el sueño, aunque mis lágrimas que volvían a salir, no me dejaban.
Miraba como amanecía a través de los árboles, era una imagen espectacular, en cualquier otro momento sonreiría, haría fotos, pero mi corazón estaba dolido, no podía ni forzar una sonrisa, había sido una estúpida, sin querer me comencé a ilusionar con todas sus acciones, palabras, pero lo de anoche, me hizo aterrizar en la realidad, esto solo era una mentira, él jamás se fijaría en mí.
Mire el reloj de mi móvil, faltaba una hora para que el desayuno se sirviera, suspiré levantándome del suelo, en silencio fui hacia el armario, saqué algo de ropa de mi maleta y entre en el baño.
Al cabo de unos minutos salí completamente lista, miré hacia la cama viendo que estaba despierto, sus ojos estaban clavados en el sofá donde estaba la almohada, y las sabanas
— ¿Has dormido allí?—cuestionó sin mirarme
— Si—
— ¿Por qué?—me miró completamente serio, suspiré desviando la mirada
— No estaba cómoda en la cama—dije encogiéndome de hombros, me acerqué al sofá colocándome las zapatillas deportivas, la actividad que teníamos después del desayuno era senderismo
No volvimos a decir nada, espere que estuviera listo contemplando las fotos que nos habíamos hecho ayer, era preciosas, le di a eliminar, pero me quedé quieta indecisa si darle a “confirmar” o “cancelar”, suspiré dándole a cancelar.
Pronto la puerta del baño se abrió, nos miramos unos segundos, volví a suspirar levantándome de la cama, camine hacia la puerta abriéndola saliendo de la habitación.
En todo momento tuve que fingir una sonrisa, sentir como me tocaba, abrazaba, o besaba mi mejilla, me era completamente incómodo. Caminábamos por el sendero en absoluto silencio, solo se escuchaba a los pájaros cantar, el viento soplar haciendo que las hojas de los árboles se mecieran, escuché como suspiraba, detuvo sus pasos, me agarró del brazo haciendo que lo mirase
— ¿Qué te ocurre?—cuestiono mirándome serio
— Nada—intenté soltarme, pero afianzo su agarre impidiéndomelo
— No puedes mentirme, estás distante, noto como te tensas cuando te toco, rehúyes mi mirada, así que dime ¿Qué pasa?—preguntó a lo que suspiré desviando la mirada
— Dije que nada señor—me miró con suspicacia, suspiró asintiendo, me soltó por fin y retomamos el camino.
Finalizamos todas las actividades en silencio y en tensión, después de la cena, la última actividad consistía en ver una película todos juntos, no preste atención a lo que reproducía la pantalla, solo podía pensar en una decisión que me estaba rondando la cabeza, desde que amaneció.
Deseamos las buenas noches a todos y nos fuimos hacia la habitación, entre primero al baño para ponerme el pijama, después fue su turno, me metí en la cama esperando que él saliera, me tense al escuchar como salía, sus pasos acercarse, como la cama a mi lado se hundía, ambos nos acomodamos para dormir, apagamos la luz y murmuramos un buenas noches.
Al día siguiente el ambiente era aún más tenso, nos despedimos de todos los otros invitados, cuando fue nuestro turno de despedirnos de los Clark nos dieron un gran abrazo a ambos
— Con respecto a los terrenos—
— Te los venderé no te preocupes, mucho debes desearlos para haber inventado toda esta mentira, y haber arrastrado a tu secretaria a esto—comentó Arnold con una sonrisa, ambos nos miramos sorprendidos
— ¿Co… Cómo lo habéis sabido?—cuestione atónita, él comenzó a reír
— Tengo cinco hijos, casi diez nietos, llevo 40 años siendo un hombre de negocios, no es fácil engañarme querida—dijo sin borrar su sonrisa— Aunque he de decir que hubo momentos en los que me confundisteis, sinceramente parecíais enamorados el uno del otro—miré de reojo a mi jefe, también me miraba, suspire desviando la mirada
— Siento mucho haberos mentido, me siento avergonzado de mis actos—dijo a lo que Arnold negó con la cabeza
— No te preocupes muchacho—comentó dándole una palmada en la espalda— Pero te diré una cosa…—se aceró susurrándole algo al oído que me fue imposible de escuchar— Toma mi consejo y sé feliz—él asintió despacio, sus ojos se posaron en mí, mirándome de esa forma que no lograba comprender, pero aun así me gustaba.
Finalmente nos despedimos de ambos y subimos al coche, íbamos en silencio, cada uno metido en sus pensamientos, no podía dejar de pensar en muchas cosas, pero sobre todo en aquella decisión que había tomado por fin
— Cuando volvamos, ¿Cuándo quieres que sea la cita?—pregunto de repente haciendo que lo mirase, me quede en silencio unos instantes, suspiré volviendo la mirada a la carretera
— No habrá cita—comenté
— ¿Cómo qué no?, fue un trato lo que hicimos—respiré hondo asintiendo
— Así fue… Pero ya no deseo la cita, lo hice por ayudarlo, así que olvídelo—forcé una sonrisa, aunque por dentro mi pecho ardía con gran intensidad
— No lo comprendo, tú lo deseabas, sinceramente no entiendo tu cambio de actitud, estás así desde—se quedó callado de repente, suspiró murmurando un "mierda", sin previo aviso hizo el coche a un lado, se giró mirándome fijamente— Lo siento, soy un idiota te herí con mis palabras, te juro que esa no fue mi intención ni mucho menos—suspiré forzando una sonrisa, aguantándome las ganas de llorar
— No se preocupe, lo que dijo era solo la realidad, nada que yo no supiera—
— Aun así… Lo siento mucho—asentí desviando la mirada, nos quedamos en silencio, volví a suspirar limpiando la lágrima que había conseguido escapar
— Al volver… Presentaré mi renuncia—dije por lo bajo, pero lo suficientemente alto para ser escuchada por él
— ¿Qué?—cuestionó, gire la cabeza mirándolo, se veía impactado ante mis palabras
— Es lo mejo—
— Te lo suplico no te vayas de mi lado—dijo interrumpiéndome, agarró mi mano entrelazándola con la suya.