El camino hacia mi casa fue un no parar de información de ambos, al llegar y abrir la puerta de mi apartamento, mis ojos se agrandaron con sorpresa, rápidamente lo empujé fuera impidiéndole el paso, cerré la puerta apoyándome en esta contemplando avergonzada el auténtico caos que tenía
— ¿Qué demonios?—se quejó al otro lado
— Lo siento señor… Deme unos minutos—dije quitándome el abrigo, me acerqué a al sofá dejándolo junto a mi bolso, rápidamente comencé a recoger todo lo que pude.
Una vez que todo parecía “decente”, fui hacia la puerta abriéndola, al hacerlo le vi con una mano apoyada en el marco, tenía el rostro serio mirándome fijamente, parecía enfadado, sonreí de forma nerviosa, él suspiró cerrando un momento los ojos
— ¿Ya puedo pasar?—cuestionó a lo que asentí haciéndome a un lado permitiéndole la entrada.
Miraba todo a su alrededor con curiosidad, me sentía nerviosa por el simple hecho de que estuviera aquí, jamás pensé que él pisaría mi casa, sin decir nada dirigió sus pasos hacia mi habitación, rápidamente me adelante cerrando la puerta impidiéndole el paso, el suspiro con cansancio
— Alessia…—un escalofrío me recorrió la espalda al escuchar mi nombre salir de sus labios— No tenemos tiempo para esto, si está desordenado, no importa—
— Lo sé señor, pero—
— Matteo—dijo haciendo que lo mirase sin comprender, volvió a suspirar rodando los ojos— A partir de ahora, nada de señor, ni de hablarme de “usted”, comienza a tutearme, ¿entendido?—
— Será complicado, pero lo intentaré—dije no muy convencida de poder hacerlo en tan poco tiempo
Finalmente se quedó en el salón mientras guardaba en una maleta algunas cosas como ropa, zapatos, cepillo de dientes, maquillaje, una vez lista salí de la habitación viéndole mirar las fotografías que tenía en el mueble de la televisión
— ¿Realmente es necesario que lleve todo esto?—pregunté haciendo que diera un pequeño bote, fruncí los labios evitando reír a toda costa, pues la mirada que me dedicaba auguraba un posible despido— Después de todo, ellos no van a revisar los armarios, además el viaje solo será un fin de semana—
— La mentira durara hasta que los terrenos que él vende, sean míos—dijo con determinación, suspire ante eso
— ¿Puedo saber por qué le interesan tanto esos terrenos?—cuestioné sin comprender su actitud tan tozuda, vi cómo se tensaba
— Eso es algo personal…—su voz salió algo ronca causándome un escalofrío, sin decir nada más salimos de mi casa.
El viaje hasta la suya estaba siendo realmente incómodo, podía notar lo tenso que estaba, no me atrevía a pronunciar ni una palabra, temía una posible regañina, pareciera que esa simple pregunta, había sido como si insultara a un m*****o de su familia o algo peor.
Cuando el coche se detuvo miré a mi alrededor estábamos en un barrio bastante bonito, lleno de árboles, las casas eran bastante bonitas, miré la que tenía delante, era de estilo moderno, con grandes ventanales.
Al entrar en la casa quede maravillada, la decoración era en tonos claros, haciendo que todo se viera mucho más amplio, me hizo una visita guiada, contaba con tres habitaciones aunque una de ellas fue convertida en gimnasio, la cocina era abierta dejando ver todo el salón.
Colocamos en su armario todo lo que había traído de casa, al verlo por dentro me sorprendí, era enorme, con un montón de trajes, zapatos, relojes, corbatas, sencillamente era impresionante.
— Póntela—dijo de repente ofreciéndome una camisa suya
— ¿Para qué?—cuestioné a lo que suspiró
— Solo hazlo, por encima de tu ropa estará bien—asentí haciendo lo que me pidió, se acercó a mí poniéndome algo nerviosa, colocó sus manos en mi cabeza y comenzó a alborotarme el cabello
— ¿Pero qué hace?—cuestioné alejándome mirándolo confusa
— Tiene que parecer que estás recién levantada—
— Señor, si me dice lo que pretende, terminamos antes—dije peinándome con los dedos
— Una foto, debe parecer que estamos recién levantados, así que también quítate el maquillaje—comentó señalándome el baño— Y deja de decirme “señor”—suspiré asintiendo, me di la vuelta caminando hacia el baño
Al entrar agarre mis toallitas desmaquillantes, me miré al espejo comenzando a quitarme todo, ¿Qué diablos estaba haciendo?, ¿de verdad estaba haciendo toda esta farsa solo por una maldita cita?, me quedé quieta mirando mi rostro sin una gota de maquillaje, suspiré apoyando mis manos en el lavamanos, odiaba las mentiras, pero aquí estoy inventando una gran farsa por una cita, mentí a Renzo por esto, ¿realmente merecía la pena?
Volví a suspirar saliendo del baño, me quedé paralizada, mis mejillas se sonrojaron violentamente, las manos empezaron a sudarme, y maldita sea… Sentía la excitación crecer ante la gloriosa imagen que tenía ante mis ojos. Estaba sin camisa dejándome ver su abdomen bien trabajado, se encontraba acostado en la cama con una mano detrás de su cabeza, y otra con el móvil, era una pose demasiado sensual.
— ¿Se puede saber qué hace sin camisa?—cuestioné mordiéndome el labio inferior, grabándome en la cabeza cada parte, mis ojos se detuvieron en su brazo izquierdo, tenía un tatuaje, consistía en una brújula con algo escrito a los lados, pero también era una flecha
— No babee tanto señorita Giordano—dijo con una sonrisa ladeada haciendo que se viera más atractivo, rápidamente desvié mis ojos
— N… No diga tonterías, y responda mi pregunta—a mis oídos llego su risa, aquello hizo que algo en mí se sintiera derretir aún más, en los dos años trabajando para él, solo la había escuchado una vez y fue por casualidad
— Duermo sin camisa—
— Pero no es excusa para…—me quedé callada respirando hondo— ¿Sabe?… Olvídelo, tomemos las fotos de una maldita vez—insegura me acerqué a él sin mirarlo
Nos hicimos varias fotos en diferentes posiciones, para mí estaba siendo incómodo, tenso, me sentía ansiosa, nerviosa, suspiré sintiéndome agotada ante la situación y prácticamente no había ni comenzado el espectáculo.
Se sentó en la cama, suavemente tiró de mi mano haciendo que me sentara en sus piernas, erróneamente lo miré a los ojos quedando perdida en su mirada, escuché el sonido de la foto, pero ninguno se movió en absoluto, tenía dos impulsos barajando en mi cabeza, por un lado quería correr y alejarme, pero por otro, tenía unas enormes ganas de comerle la boca hasta que mis labios dolieran.
Finalmente, opte por levantarme con intención de alejarme, era la mejor opción, pero su mano volvió a sentarme haciendo que lo mirase confusa
— Una última foto—dijo con voz ronca, asentí sin mirarlo, pase mi mano por su cuello aferrándome a él— Mírame—más que una petición sonó a una orden, pero aun así suspiré haciéndolo
Me sorprendí ligeramente de tenerlo aún más cerca de mi rostro que antes, podía sentir como su respiración chocaba contra mi piel erizándome todo el cuerpo, sus ojos no se despegaban de los míos, la punta de su nariz toco la mía causándome un ligero estremecimiento, cerré los ojos inclinando levemente mi cabeza, y entonces sin más sucedió, sus labios rozaron ligeramente los míos.
Ese leve contacto hizo que mi cuerpo se estremeciera, y sintiera un cosquilleo en los labios, aquello fue suficiente para hacer que despertara, y me alejara de él, como si se tratase de una piedra ardiendo
— No, no y no… Esto no—dije negando con la cabeza sin atreverme a mirarlo
— ¿Por qué no?—cuestionó a lo que fruncí el ceño mirándolo— Tenemos que aparentar ser una pareja, no besarnos sería extraño—
— Lo comprendo, pero… Es demasiado para mí—comenté sintiendo como mi pecho se oprimía— Esto para usted es una farsa, pero lo que yo siento, lo que me hará sentir… Para mí no lo será, y entonces… Sufriré—sentía como mis lágrimas se agolpaban en mis ojos, cerré los ojos con fuerza— Creo que esto no es buena idea, lo siento, pero no creo poder hacerlo—me quité su camisa de camino al armario
— No, por favor no me hagas esto ahora—me agarró del brazo haciéndome girar— Necesito esos terrenos—
— ¿Por qué?, ¿Qué tienen de especial para que los desee con tantas ganas?—cuestioné mirándolo a los ojos, suspiró soltándome, fue hacia la cama sentándose de nuevo
— Hace siete años, fui con mi mujer a la villa que Arnold tiene en Sardegna, a ella le encanto tanto la tranquilidad, lo cerca que estaba del mar, y a la vez de la montaña, me dijo que si algún día él vendía esa casa, ella la quería para vivir ahí plácidamente hasta envejecer—su mirada era ausente, tenía un brillo de gran tristeza, suspiré sintiéndome triste, me acerqué a la cama sentándome a su lado
— Así que lo quiere por ella—dije a lo que asintió con amargura, respiré hondo asintiendo— Está bien, lo ayudaré a conseguirlo—me miró con cierta felicidad, me dedico una sonrisa que era realmente encantadora haciendo derretir mi corazón— Pero por favor, no quiero cruzar esa delgada línea, en la que pueda ilusionarme, para después darme de bruces contra el suelo—me agarró la mano dándole un leve apretón
— Besos no—dijo a lo que asentí
Después de ese tropiezo, seguimos contándonos cosas que podrían preguntar, no solo debíamos prepararnos para la cena, sino para el fin de semana en la villa de los Clark, eso sería un verdadero dolor de cabeza.
— Bien último repaso, ¿Qué sabes de mi familia?—cuestionó serio, faltaban diez minutos para que llegaran
— Tiene un hermano menor el cual está casado y vive en Portugal llevando su propio negocio, tiene dos sobrinos, sus padres están dando la vuelta al mundo—dije casi con aburrimiento— Esto yo ya me lo sabía—
— No está de más repasar, bien tú tienes dos hermanos, eres la pequeña, tu hermano mayor Marco es policía como tu padre, mientras que tu hermano Piero es militar—
— ¿Y mi madre?—
— Tiene una floristería—comentó con una sonrisa, como si fuera un niño que contesta bien las preguntas del profesor, sonreí ante eso— Sigamos, eres alérgica a los frutos secos, de pequeña te decían pulga dado que eras muy bajita—
— Hice mal en contar eso—dije con el ceño fruncido a lo que él comenzó a reír
— Ya es tarde para eso, pequeña pulga—
— ¡No me digas así!—exclamé pellizcándole el brazo haciendo que su risa aumentara— Oh dios, tengo la sensación de que me molestaras con eso hasta el infinito—
— Dalo por hecho—negué riendo levemente, pronto nuestras risas cesaron ante el timbre de la casa, los nervios se apoderaron rápidamente de mi cuerpo, lo miré casi con miedo— Lo haremos bien, no estés nerviosa—dijo a lo que asentí, se levantó del sofá caminando hacia la entrada
Respiré hondo levantándome también, decir que estaba nerviosa era poco, estaba aterrada no quería hacerlo mal y que él no consiguiera su objetivo, ahora que sabía su motivación, estaba decidida a ayudarlo.
Pronto por el pasillo aparecieron los tres, la esposa del señor Clark era una mujer rubia, de estatura media, tenía una cálida sonrisa en el rostro, vestía de forma elegante
— Buenas noches, señores Clark—dije con una sonrisa tendiéndoles mi mano, ambos se miraron un instante
— Nada de señora Clark querida, llámame Bonnie—comentó dándome un abrazo
— De acuerdo, yo soy Alessia—me presente con una sonrisa
Después de las presentaciones, pasamos a la mesa la cual ya estaba servida, habíamos encargado la comida en un restaurante, con todos los preparativos nos olvidamos por completo de cocinar.
Poco a poco fueron haciendo preguntas sobre nosotros, por suerte eran cosas que nos preparamos, pero pronto nos cayó un balde de agua cuando Bonnie hizo la única pregunta a la que no teníamos repuesta, pues no lo habíamos hablado
— ¿Cómo inicio la historia de amor entre ambos?—con una sonrisa algo nerviosa miré a mi jefe que también me miraba
— Cuéntales lo que sucedió, me encanta escuchar como lo relatas—dijo con una sonrisa maliciosa
— Claro…—carraspee intentando formar alguna idea en mi cabeza, pero me sentía bloqueada, mire a mi jefe pidiéndole ayuda con la mirada, pero solo tenía esa estúpida, pero sensual sonrisa— La verdad fue todo muy repentino, un día estaba redactando una carta que él me estaba dictando, de repente se quedó callado por unos minutos, murmuró un “no puedo aguantar más”, se acercó a mí y me beso—
— Oh que bonito, ¿y qué pasó después?—cuestionó Bonnie con una amplia sonrisa
— Me pidió perdón por el beso, y me pidió una cita la cual acepte—fue mi turno de mirarlo con una sonrisa maliciosa
— Que ternura, me recuerda un poco a nuestros inicios—comentó mirando a su marido el cual sonrió agarrándola de la mano
— Cierto, tú también eras mi secretaria, y me enamoraste con tu encanto—se acercó a ella dándole un beso en la mejilla haciendo que rieras
— ¿Qué tendrán las secretarias que nos vuelven locos?—miré a mi jefe ante esa pregunta, me sorprendí al darme cuenta de que también me miraba con una pequeña sonrisa, aquello hizo que mi corazón se agitara, y una pequeña, pero peligrosa llama de esperanza apareciera.