Capítulo 4

2411 Words
Un gran trueno hizo que me sobresaltara, una fuerte lluvia comenzó a escucharse, me levanté acercándome a uno de los ventanales, aparté las cortinas viendo la tormenta que se había desatado en un momento. Habíamos pasado de la mesa a los sofás para más comodidad, mientras ellos charlaban sobre otros negocios, Bonnie comenzó a contarme sobre sus hijos, la verdad tenían una hermosa familia por eso querían vender todo en Italia, para marcharse a Estados Unidos de vuelta. — Cuando Gabriella murió, pensé que Matteo jamás volvería a enamorarse—comentó de repente haciendo que la mirase, tenía una sonrisa melancólica— Él sufrió mucho su perdida, realmente fue muy trágico lo que sucedió— — ¿Cómo murió?—cuestioné haciendo que me mirase seria — ¿Acaso no lo sabes?—negué con la cabeza — Apenas habla de ella, y yo no deseo preguntarle por no ponerlo mal—me miró con suspicacia por unos instantes, pero finalmente suspiró — Fue hace seis años, ella estaba en la boda de su hermana, la cual se celebraba en un crucero, una noche antes de la boda, uno de los marineros incendio unas cajas con fuegos artificiales que se usarían en la ceremonia...Las explosiones provocaron que se abriera un boquete en el barco, este empezara a hundirse, a pesar de que intentaron evacuar...Ella no lo logro y se hundió con el barco—sentí como mi pecho se oprimía, había sido una muerte trágica, horrible, miré a mi jefe el cual tenía el rostro serio, no podía hacerme una mínima idea de lo que él había sufrido — Gracias por contármelo—dije casi en un susurro, sentí su mano sobre la mía haciendo que la mirase — ¿Puedes sobrellevarlo?—cuestionó a lo que la mire confusa— Digo la relación, casarte con él sabiendo que en su corazón siempre estará ella, que posiblemente su amor no sea entero hacia ti, en estar compitiendo con un recuerdo—desvió la mirada hacia su marido— Si yo estuviera en tu situación, no sé si podría—sonrió con tristeza, respiré hondo asintiendo, si se diera la ocasión, también dudaba mucho poder soportar estar a su lado, sabiendo que no podría amarme por completo, sería realmente duro y doloroso. Nos sumergimos en un silencio, el cual fue roto a los pocos minutos por mi jefe y el señor Clark, empezaron a hablar sobre el fin de semana, estaríamos con otras tres parejas, se trataba de un pequeño retiro, en el que se ayudaría a afianzar la relación y mejorar la vida s****l. Miré a mi jefe de soslayo, él pareció no perturbarse ante esa información, suspire intentando atender a la conversación, pero no podía, no dejaba de pensar en el dichoso fin de semana y en lo que nos depararía. Cerca de la media noche por fin la lluvia se detuvo y ellos pudieron marcharse, una vez solos nos sentamos en el sofá en silencio, cada uno sumido en sus pensamientos, por mi cabeza solo pasaba lo que me había contado Bonnie. — Será mejor irnos a dormir, mañana tenemos que salir temprano—dijo levantándose sacándome de mis pensamientos, asentí poniéndome de pie, lo seguí hasta las habitaciones, no hacía falta que preguntara donde dormir, pues lo habíamos hablado antes, ambos murmuramos un “Buenas noches” y cada uno se metió en la habitación correspondiente. A la mañana siguiente íbamos en el coche camino de la villa que tenía Arnold en Florencia, allí sería el retiro, miré el reloj, eran las nueve de la mañana, tenía un sueño horrible, apenas había podido dormir algo, por primera vez desde que supe que estuvo casado, me entró la curiosidad por saber cómo era ella. Nada más ver una foto, me arrepentí de haberle hecho caso a mi curiosidad, era guapísima con cabellos rubios, ojos grises y tenía una sonrisa que deslumbraba, parecía encantadora, no era de extrañar que él se hubiera enamorado de ella. Mirar por horas fotos de ellos, solo me llenaba de dolor al saber que nunca me amaría, nunca me miraría de esa forma tan dulce, lleno de amor, fascinación, de solo volver a pensarlo, mi pecho ardía con intensidad. — ¿Te encuentras bien?—cuestionó haciendo que lo mirase— Tienes mala cara, ¿debo parar?— — No, es solo que me costó dormir, no se preocupe—forcé una sonrisa, él solo asintió sin despegar la mirada de la carretera, suspiré apoyando mi cabeza en el asiento, este fin de semana no auguraba nada bueno para mí. Al cabo de unas tres horas más o menos, por fin llegamos, ante una villa enorme de color amarillo rodeada por árboles enormes, estaba bastante aislada de algún pueblo cercano o ciudad, eso daba la sensación de mucha paz y tranquilidad, al bajar del coche, el servicio se encargó de sacar nuestras maletas y meterlas en la casa. Mientras nosotros seguíamos a una muchacha hacia el interior, en el salón nos encontramos con todos, la primera pareja en presentarse fueron Camelia y Amadeo, ambas parecían estar cerca de los cincuenta años, ella era más o menos de mi estatura, cabello castaño corto, bastante blanca, ojos marrones claros, tenía una verruga en el pómulo izquierdo, su marido era más bajo que mi jefe, cabello n***o, ojos marrones, su nariz era algo puntiaguda, cejas un poco pobladas, no era muy musculoso. Los segundos eran Gina y Enrico parecían estar entre los cincuenta o sesenta años, ella tenía el cabello n***o hasta los hombros, ojos azules, tenía una sonrisa cálida, vestía de forma elegante, su marido en cambio era lo contrario, parecía bastante amargado, no sonreía, su mirada era fría, sencillamente parecían dos polos opuestos. La última pareja parecían también rondar la misma edad que las otras, sin duda, éramos los más jóvenes, Rosella y Leandro, ella era de cabello pelirrojo, piel muy clara, tenía pecas y los ojos marrones, su mirada era de desdén hacia el resto, su marido era más bajo que ella, tenía unos cuantos cabello peinados intentando cubrir su calvicie de forma patética, era desgarbado, su mirada era penetrante, me ponía incómoda cuando me miraba, lo hacía con cierta lascivia que me repugnaba. Al invitarnos a sentar, vi con cierto disgusto que solo había asiento al lado de ellos, suspiré con resignación, antes de poder sentarme, mi jefe me agarró del brazo haciéndome a un lado, sentándose él al lado de ese hombre, lo miré algo sorprendida, solo me guiñó un ojo haciéndome sonreír. Durante la presentación dijeron a que se dedicaban o como se conocieron, me toco volver a repetir la historia de cómo inicio “la relación”, también nos dieron unas hojas con las actividades que se realizarían durante hoy y mañana, comenzaríamos con ella después de la comida. Al acabar el momento de información, los demás se dispersaron, y los Clark se acercaron a darnos un abrazo, después una chica del servicio nos guió hacia la que sería nuestra habitación, era preciosa, en tonos claros, con una puerta corredera de cristal que daba hacia un pequeño balcón, al salir se podía ver la parte trasera de la villa dejándome ver el campo, dentro de la habitación había un pequeño sofá color beige, una cama con dosel, era estilo rústico, con un corazón hecho con pétalos de rosas. — ¿Qué vamos a hacer?—cuestioné mirándolo — Tranquila, quédate la cama, yo dormiré en el sofá—dijo con simpleza mientras abría su maleta, solo asentí imitándole. Pronto llegó la hora de la comida, así como su final y el inicio de la primera actividad, estaba hecha un manojo de nervios, pues la primera consistía en vendarnos los ojos y reconocer a nuestra pareja. Los hombres empezarían primero, estaban en fila, nos colocamos delante de quien no era nuestra pareja, para mi mala suerte me tocó delante Leandro, forcé una sonrisa ante eso, aunque por dentro estaba disgustada, también agradecida de que solo pudieran tocar mano y el rostro, podían acercarse a oler para ver si reconocían el aroma del perfume, pero nada más. Cuando sus manos me tocaron, sentí una gran repulsión, estaban calientes y húmedas, internamente rogaba que los cinco minutos que tenían pasaran rápido, cuando su rostro se acercó al mío, tuve que reprimir una arcada ante la mezcla de su aliento pestilente y el de su perfume que olía a rayos. Para mi alivio y de mi estómago, tuvieron que rotar, fue el turno de Enrico, todo paso sin ningún incidente al igual que con Amadeo, cuando fue su turno me tense, al instante que sus dedos rozaron mi rostro, mi cuerpo entero tembló volviéndose gelatina, la sensación de aleteo en mi estómago apareció, en el momento que se acercó a mí, temblé al sentir la punta de su nariz rozar mi cuello aspirando el aroma de mi perfume — Te encontré…—dijo con voz ronca separándose de mí, se quitó la venda mirándome con una sonrisa la cual me parecía hermosa Cuando fue nuestro turno me encontraba más nerviosa que antes, tenía miedo de hacerlo mal y no poder reconocerlo, cuando iba por el tercer candidato, sonreí al reconocerlo de inmediato — Matteo—dije en un susurro, decir su nombre me había causado cierto cosquilleo en los labios, me quité la venda encontrándome con esos hermosos ojos azules — Felicidades, has sido la primera en reconocer a tu pareja—escuché decir a Bonnie, reí levemente sin poder apartar la mirada de él. Después de aquel juego, hubo un momento de tensión dado que dos parejas no se reconocieron, Bonnie y Arnold quisieron aliviar el ambiente hablando un poco sobre las formas que había de hacer disfrutar a tu pareja. Aquella charla me estaba poniendo incómoda, hablaban de posturas, de cómo tocarse el uno al otro, zonas erógenas, me sentía avergonzada por el hecho de estar imaginando todo eso con mi jefe, tenerlo al lado mirándome de vez en cuando, y que al estar sentado juntos nuestros cuerpos se rozaran, no ayudaba a despejar mi mente. Cuando nos dieron el descanso, me levanté rápidamente y salí rápidamente del salón hacia la habitación, una vez allí fui al baño, me acerqué al lavamanos abriendo la llave del agua, sin importarme que estuviera fría, empecé a echármela en el rostro, necesitaba bajar el calor de mis mejillas, y la excitación. Una vez más tranquila, limpié con una toalla cualquier rastro de agua, salí del baño con los ojos cerrados, me recosté en la puerta soltando un suspiro — ¿Todo bien?—ante esa pregunta, solté un pequeño grito de susto — ¿Por qué está aquí?—cuestioné con la mano en mi pecho ante el susto que me había llevado — Porque también es mi habitación—dijo con obviedad— Te fuiste muy rápido, ¿estás bien?—se fue acercando a mí, las imágenes de todo lo que imagine volvieron con fuerza — Sí, estoy bien, no se preocupe—comenté alejándome de él con una sonrisa nerviosa, entrecerró los ojos contemplándome con suspicacia, asintió dirigiéndose hacia el sofá sentándose — De momento lo estamos haciendo bien… Espero que sigamos así hasta que nos marchemos el lunes por la mañana— — ¿El lunes?, ¿Qué pasa con el trabajo?—cuestioné frunciendo el ceño — Soy el jefe, no debo darle explicaciones a nadie y dado que eres mi secretaria, solo me las tienes que dar a mí—asentí en silencio, debía inventar una excusa, por si mis compañeros preguntaban, sobre todo Renzo, pronto quedamos en silencio, vi cómo se recostaba echando su cabeza hacia atrás con los ojos cerrados — Señor, ¿puedo hacerle una pregunta?— — La acabas de hacer—dijo con una leve risa, rodé los ojos ante eso— Hazla— — ¿Por qué me ha traído a mí en vez de a su novia?—suspiró abriendo los ojos, se enderezó mirándome unos instantes — Porque no era mi novia—asentí mordiéndome el labio inferior, volvimos a quedar en silencio, suspiré acercándome al armario sacando mi abrigo— ¿Dónde vas?— — A dar una vuelta por los alrededores—comenté poniéndomelo, asintió poniéndose de pie también agarrando su abrigo— ¿Dónde va?— — Contigo, no puedo dejar que estés sola por ahí—rodé los ojos soltando un bufido — Oiga… No creo que sospechen de nada si doy un paseo sola— — No lo hago por eso, sino porque no es bueno que estés sola, con ese hombre tan repulsivo por ahí, ¿Qué harás si se te acerca y no hay nadie alrededor?—cuestionó haciendo que suspirase asintiendo. Salimos de la casa en silencio, comenzamos a pasear por el enorme jardín el cual se veía completamente hermoso, el suelo estaba lleno de hojas marrones las cuales crujían con nuestros pasos. Mientras paseábamos me quedé quieta viendo a Leandro, miraba la pantalla de su móvil con una sonrisa algo perturbadora, cuando escuchó nuestros pasos, levantó la cabeza mirándonos, al posar sus ojos en mí, rápidamente apareció esa mirada repulsiva que me dedico desde que me vio. — Me alegro de que haya venido conmigo—dije por lo bajo mirándolo, él solo asintió con los ojos clavados en aquel hombre Dio unos pasos hacia nosotros, pero se detuvo ante el grito de su mujer llamándolo, se acercó a él rápidamente, lo agarró de la solapa del abrigo y comenzó a tirar de él hacia la casa, nos quedamos en silencio, nos miramos y entonces empezamos a reinos ante semejante situación. Seguimos caminando hasta que volvía detenerme, una sonrisa apareció en mi rostro, había un columpio bajo la rama de un árbol, volví a caminar pero a pasos rápidos acercándome. Me senté con un poco de miedo por si se rompía la rama, pero no sucedió nada, empecé a balancearme suavemente — Siento que eres como una niña—dijo mirándome con una pequeña sonrisa — ¿Por qué?— — Prácticamente has salido corriendo cuando has visto el columpio—me encogí de hombros ante su respuesta, negó con la cabeza, colocó su mano en una de las cuerdas— ¿Te empujo?—cuestionó haciendo que lo mirase sorprendida, asentí despacio, se colocó detrás de mí, y empezó a empujarme suavemente haciendo que una sonrisa se dibujara en mi rostro.
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