—Dejaremos el auto aquí—estaciona a un costado de la Via Claudia y sonríe al mirar mi expresión de completa felicidad—. ¿Qué quieres hacer primero? —Vayamos al coliseo. Debemos comprar los boletos para poder entrar. Tengo entendido que cierra en dos o tres horas. —Te has informado bastante bien, cara. Pero no compraremos los boletos, ya lo hice yo esta mañana. Además, tenemos pase preferente—responde sacando una tarjeta amarilla—. Es el Roma Pass, con esto podremos recorrer todos los lugares que quieras durante setenta y dos horas. —Siempre estás un paso adelante—miro la tarjetita y se la devuelvo—. ¿Cómo lo haces? —Soy empresario—dice como si eso respondiera a todo—, así de sencillo. —Cierto—salgo del auto y entrelazo mi mano con la suya para caminar por la vereda. Estamos a un peq

