La Despedida La casa estaba envuelta en una oscuridad densa, como si los muros quisieran retener la noche para siempre. Emilia cerró la maleta con manos temblorosas, asegurándose de que el clic metálico no rompiera el silencio sepulcral de la mansión Márquez. Había pasado horas sentada frente a la carta, tachando frases, reescribiendo párrafos, arrancando hojas y arrugándolas hasta convertirlas en pequeñas esferas de frustración que ahora descansaban como testigos mudos junto a la papelera. Finalmente, había logrado escribir la carta, y la había dejado en la mesita de noche, bajo el peso de un libro. Un lugar donde Lionel la encontraría en cuanto notara su ausencia. Su última versión había sido breve. Un adiós sin muchas explicaciones. No podía decir mucho, solo lo necesario. Debía

