CAPÍTULO 0.2: Pequeña intrusa.

1433 Words
A la mañana siguiente El sol salio sin ningún problema, dando paso a un nuevo día, la noche llegó a su fin, el sol salió poco a poco sin ninguna prisa, iluminado el cielo con tonos admirables e envidiables a la vez, pues hasta parecía una locura ver algo tan hermoso. Un hombre se encontraba pasando por un lugar solitario, en compañía de su compañero de guardia, ambos observaban el lugar con mucho detenimiento, observando hasta el mínimo rincón, sin exagerar tampoco, claro estaba, pues su trabajo era asegurarse que en aquel lugar no hubiera nada fuera de lo normal. Sin embargo, algo captó su atención, de pronto un llanto se escuchó en la lejanía, con confusión ambos se miraron uno al otro. — ¿Haz escuchado eso? — pregunto el hombre mayor. — Si, señor — dijo el compañero empezando a buscar en el lugar. — Busca bien — ordenó el hombre buscando igual que su compañero. — Parece que viene de aquí señor Ivan — dijo persiguiendo el llanto, continuo la caminata hasta llegar a un camino nada habitado. El pasto ya crecido no le daba buena vista, sin embargo, a como pudo lo hizo a un lado para encontrarse en un edificio completamente abandonado y en mal estado. El llanto continuo y la búsqueda también, cada vez se hizo más fuerte, hasta que en medio de una habitación al aire libre se encontraba una pequeña sentada en el piso, llorando desconsolada y con miedo. Al mirar a los hombres su llanto se hizo más fuerte y el temor se miro en su rostro. Era una niña de quizás unos cinco o cuatro años, estaba sola y su ropa estaba manchada al aver dormido aparentemente en el suelo. No necesitaban saber mucho para llegar a la conclusión que se había perdido, pues el lugar era demaciado grande para ella y con facilidad pudo perderse y aparentemente estaba hambrienta buscando a alguien, pero la pregunta era ¿a quien?. — ¿Papá? — se escuchó entre lamentos, respondiendo la pregunta que ambos hombres se hacían en silencio. La pequeña los miro con los ojos llorosos y a la vez con temor, ya que para ella ambos eran unos completos desconocidos, ambos no hicieron mucho solo contemplar y analizar la situación, sin perder otro minuto uno de ellos hizo una llamada. Pues tenían que reportar el encuentro de esta aparentemente intrusa, quien no tenía la menor idea de que hacía en aquel lugar, solo tenía una duda, más nunca fue respondida, aún cuando lo único que salía de su pequeña boca eran sollozos y las siguientes palabras; "¿Dónde está mi papá?, ¿Papá?, ¿Dónde estás?". — Tranquila, pequeña, todo estará bien — intento calmarla el menor de los hombres. — No hables con ella, empeorará todo — dijo el adulto molesto por la situación. — ¿Cómo lo empeoraría?, Está asustada, ¿acaso no lo ve? — respondió con molestia ante la actitud del hombre, pues al parecer lo único que le interesaba era deshacerse de aquella pequeña y continuar con su trabajo. — Todo estaba bien hasta que ella apareció, ¿es que acaso no podía continuar con tranquilidad el día? — expreso con cansancio. — Ya, he hablado, pero al parecer ahora están ocupados — anunció el menor. — ¿Ocupados quienes? — pregunto con molestia el mayor. — Los de seguridad, al parecer salieron con el jefe y estarán disponibles hasta la tarde — dijo mientras exhalaba y volteaba la mirada a la niña, quien al parecer estaba más tranquila, claro, contemplando la conversación de ambos hombres. El mayor volteó a mirarla y al contemplarla exhalo con resignación, de pronto su ceño se alzó. — ¿Y si la dejamos por ahí? — pregunto con cierto tono subjetivo. — Eso no pasará, madure, ya tiene cuarenta siglos vivo —& dijo el menor con cierto tono de burla pero a la vez reprensivo. — De acuerdo, pero luego no te quejes — hablo resignado el hombre. — Podré con ello — hablo convencido, con pasos lentos se dirigió a la pequeña y empezó a hablar con ella para darle confianza. — Espera... ¿me haz dicho viejo? — pregunto después de analizar bien lo que había dicho su compañero. Sin embargo, este otro no le prestó tanta atención, el hombre se dió por vencido y lo único que hizo fue mantenerse a una distancia prudente, pues para él los niños no le eran gratos ni mucho menos lindos, quizás por algunos recuerdos traumáticos para el en su infancia o juventud, no se sabe muy bien. Unas horas más tarde... — ¿Te gustó? — pregunto el menor de los hombres a la pequeña niña que comía placidamente una concha de pan. — mjm — dijo con un asentimiento de cabeza y muy alegre al parecer. — ¿Quieres está otra? — en su mano se encontraba una dona cubierta de chocolate que se veía demaciado apetecible. — No se lo des, la empeorará y terminará haciendo un desastre — advirtió el hombre mayor. Ivan. — ¿Te portaras bien si te lo doy, verdad pequeña? — pregunto el hombre con voz melosa. — Si, si, lo prometo — respondió la pequeña con entusiasmo. — De acuerdo, recuerda que una promesa nunca se rompe, tienes que tener honor y sobre todo determinación para cumplir lo que prometes. El honor ten dará el placer de prometer, sin embargo, la determinación te dará la valentía de cumplir aquello que ha salido de tu boca. — explico cuidadosamente. — ¿En serio crees que te entenderá?, tiene como tres años — hablo Ivan. — cuatro — corrigió la pequeña, mientras con sus pequeños dedos enseñaba la cantidad que había dicho a ambos. — Es lista, si no lo entiende ahora, en algún momento lo entenderá — dijo convencido. — Si es que lo recuerda — atacó el mayor. — Como sea — le quitó importancia el menor y se dedicó a mirar hacía la ventana, esperando paciente a qué la tarde cayera. La pequeña intrusa como había cido apodada por Iván, aunque no lo reconociera, estaba fascinada por su bocadillo, tanto que no pudo sentirse más que feliz por terminarlo, claro, al terminar les dió las gracias a ambos hombres con un abrazo a cada uno. Iván por su parte se mantuvo estático más corto el abrazo al darse cuenta que estaba callendo en los encantos de la pequeña niña. Así estuvieron hasta que dió la noche, la ida a casa se acercaba cada vez más rápido, algo que empezaba a preocupar a ambos por igual. — ¿Y si les hablas de nuevo? — pregunto Ivan. — Bien — dijo mientras tomaba el teléfono y volvía a marcar el número, unos tres timbres sonaron hasta que al fin contestaron. — ¿Sí? — preguntaron del otro lado. — Señor, soy uno de los guardias que cuida el área 19.5 en el suroeste — informó. — ¿Nombre? — Preguntaron del otro lado. El menor le dió todos los datos que pidieron y le informaron que en unos minutos irían por la pequeña, aseguraron que todo estaría bien, así que todo era confiable. Pasaron algunos minutos, para ellos cada segundo pesaba más y más, mientras a la pequeña le ganaba el sueño, tanto que no tuvo de otra que acostarse en uno de los pequeños sillones de los cuales Iván solía protestar por lo pequeños que eran para él, pero en estos momentos eran perfectos para ella y ese pensamiento paso por la cabeza del mayor de los hombres. Un ruido los saco de sus pensamientos, era una camioneta habitual que utilizaban los de mayor rango, así era como se clasificaban en este lugar. — ¿Dónde está? — pregunto el hombre mientras se bajaba del auto. — Adentro, esta dormida, ya la traigo — dijo el menor llendo en busca de la pequeña, más fue detenido. — No hace falta, iré yo — dijo el hombre entrando, cargo a la pequeña al inicio un poco brusco,más fue reprendido por ambos hombres y está vez lo hizo con más cuidado. — No hagas mucho ruido que duerme o le puedes provocar pesadillas — dijo Iván con molestía. — De acuerdo — dijo ahora en voz baja. La subió a la camioneta y segundos después empezó la marcha al lugar al cual verían que hacer con ella, ambos hombres se quedaron en silencio observando como la camioneta se movía cada vez más lejos hasta desaparecer en la carretera, sin dejar rastro alguno.
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