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Addely
Ahí me encontraba, estaba sentada en una silla metálica algo incómoda, esperando pacientemente a que me nombrarán para poder entrar a mi consulta.
Había llegado más temprano de lo habitual al parecer pues no hubo tanto embotellamiento, era un Miércoles demaciado tranquilo la verdad, demaciado a como estoy acostumbrada.
Contemple el reloj que se encontraba colgado en la pared, 7:40 marcaron las manecillas, muy pronto me dejarían subir.
Los minutos pasaron haciendo que me sintiera algo impaciente, provocando que tronara los dedos de mis manos constantemente. El tiempo transcurrió y al fin me llamaron.
El tiempo pasó muy rápido, después de pasar una hora platicando con mi psicóloga, resolviendo pequeños problemitas y demás cosas, salí y me encaminé a la camioneta, dónde me esperaba pasientemente mi abuelo.
— Hola abu — dije dándole una pequeña sonrisa.
— ¿Cómo te fue pequeña? —pregunto él ya cuando estuvimos ambos dentro del auto.
— Bien, todo bien — dije haciendo una pequeña pausa, para después suspirar.
Mi mirada se dirigió a la ventana contemplando cómo gotas de lluvia resbalaban en el vidrio formando una pequeña competencia de quién caía primero.
La camioneta empezó a marchar con el destino de ir a casa y a decir verdad no es que tenga algún lugar mejor al cual ir.
No es porque algo baya mal, sin embargo no me siento con muchos ánimos de ir a algún lugar hoy, o incluso hablar y al parecer mi abuelo lo entendió ya que en el camino todo fue silencioso.
En fin después de darle las gracias a mi abuelo de traernos y decirle que lo veré después, ya que no es que estemos viviendo tan lejos, esa es una de las cosas por las cuales me regaña.
Ya que no le escribo o voy a ver casi, a decir verdad e estado tanto en mi mundo, por la escuela y todo los problemas que cargó ahora, mañana tengo que asistir y en verdad no me apetece pero tampoco quiero faltar, debo ponerme al día o reprobare
y eso no es una opción.
Ya en la tarde
Mis ojos se empezaron a abrir, lo primero que ví fue el techo de mi habitación, no sabía que hora era o si había dormido todo el día, tomé mi celular y mire la hora eran las 6 de la tarde.
Y es que me e dormido y caído como piedra, el insomnio y las levantadas desde temprano no ayudan mucho, en lo absoluto.
Me levantó con mucha pereza, pero lo ago, me doy una relajante ducha y salgo del baño a mi habitación, colocándo me algo lindo pero cómodo ya que entre tanto relajamiento han dando las 7, lo cual significa hora de la cena y es que tengo un hambre inmensa que si pudiera me como todo un banquete, de esos que suelen preparar para reuniones o fiestas importantes.
Al bajar me encuentro con Luisa la ama de llaves una fiel empleada y por supuesto amiga y aunque para la edad que tengo o como suelen decir que " soy muy joven como para tener amistades que me doblen o tripliquen la edad" y es que es algo que no me importa en nada, al contrario me encanta es una forma de intercambiar información y sentirse más agusto.
Y es que Luisa es excelente al igual que muchos empleados más con los cuales me llevo muy bien. Ya que han sido mi compañía en estos duros meses y en verdad no sé que e hecho para merecerlos a todos, son geniales.
— Su padre la espera en el comedor — dice Luisa sacándome de mis pensamientos.
— Muchas gracias Luisa, pero ya te e dicho un sin fin de veces que me titubees — digo cruzando me de brazos y haciendome la molesta.
— Y soy consiente de eso add pero es que me encanta hacerte enojar — dice riendo, lo cual no tardó en seguirla.
— Ay Luisa deberás contigo — digo calmadamente y mas tranquila.
— Si bueno, es mejor que te apresures, tu padre quiere hablar contigo, suerte — dice marchando se y dejándome con la duda.
Entro a la gran habitación en la cual se encuentra en gran comedor, es tan espacioso y las paredes están pintadas de un color blanco, adornos en oro se encuentran pintados, las cortinas que adornan las grandes ventanas con mirada al jardín son de color vino tirando aún rojo intenso que a decir verdad queda muy elegante, lo que no entiendo el porque tiene que ser tan grande el comedor, simplemente no me cabe en la cabeza, ya que solo somos el y yo, bueno también cuando viene la familia pero eso es rara vez, tampoco somos un número grande de personas en la familia.
Al llegar me siento y me acomodo colocando la servilleta de tela en mis muslos.
Mi padre se encuentra ahí y en cuanto tomo asiento me da las buenas tardes y me pregunta cómo e estado y si e dormido bien, lo cual yo contesto animadamente con un muy bien.
Los minutos pasan y no hablamos de más ya que sirven la cena, -gracias- digo con una sonrisa a la persona que me sirve la cena, hasta que se marchan y me quedo de nuevo a solas con mi padre en cuál no dice nada y por su mirada de impaciencia se que tiene algo que le carcome y está pensando en hablar o no.
Entonces me atrevo a iniciar por el.
— Luisa me dijo que tenías que hablar conmigo — lo ánimo y el asiente con la cabeza.
— Si y es que e pensado bien en lo que sucedió — se queda callado y toma una bocanada que aire para continuar — se que es difícil hablar de esto y te entiendo pero quiero que sepas que estoy dispuesto a luchar por ti y darte lo mejor, eres mi único hija y aunque se que en el pasado cometí un error solo quiero que sepas que quiero tal vez no suplirlo con el presente pero quiero apoyarte y estar contigo, como cuándo no estuve para ti y quiero hacer todo lo necesario porque estemos bien — yo me quedo callada y por un momento bajo la mirada a mi plato y viene a mi mente las palabras de mi psicóloga y es que tengo que dar el paso más grande en mi vida.
— Entiendo y aprecio mucho lo que estás haciendo y créeme por mi el pasado está en el olvido, se que no lo hiciste porque quisieras, que el enojo te sego, pero ahora hay que estar mejor y apoyarnos mutuamente — digo mirándolo a los ojos, los cuales de ellos amenazan unas lágrimas por salir, tomo su mano para darle confianza y hacerle saber que todo cambiará para bien o para mal, pero estaremos ambos para los dos.
— Bueno quiero decirte que te cambiaré de escuela y por lo tanto e peleado tu custodia total, no quiero que ella se acerque a tí y aga lo que hizo esa vez, no quiero ponerte en peligro de nuevo ¿si?
— Si, tienes razón — digo con algo de tristeza y es que recordar el miedo, impotencia y vergüenza que pase ese día en la escuela por su culpa, tan solo me da dolor de cabeza y una mala sensación.
Vuelvo de mis espantosos recuerdos y tan solo asiento a lo que a dicho mi padre y es que tiene razón, tengo que empezar de cero, y aunque ese día me ayudaron mucho mis maestros y la directora, al igual que se disculparon por lo sucedido pues ellos no sabían nada y los comprendo, aún que me sorprendió que mis compañeros no dijeran o preguntarán del tema y eso lo agradezco, los extrañaré mucho, mañana será mi último día con ellos y después a la nueva escuela, a petición mía, le doy gracias a mi padre y me voy a mi habitación mañana tengo un día complicado.