Al día siguiente
Addely
Mi despertador sonó dándome a entender que ya era hora de despertar, me senté en la cama para poder repasar lo que haría hoy.
Era mi último día de clases en esa escuela y debía disfrutarla, sin embargo, me llenaba de tristeza, pues en ese lugar tenía viejas amistades y me había acostumbrado a todos los de mi clase, sin duda sería un pasó muy grande el cual debía de dar.
Me restregué las manos en los ojos bostezando al mismo tiempo, desasiéndome un poco del sueño.
Me levanté al fin y me dirigí al enorme closet en el cual solo había algunas mudas de ropa, dejando un enorme espacio vacío, no tenía mucha ropa y no mentía, pues mi padre había mandado a comprar algunas mudas, ya que prácticamente vine sin nada, solo con lo que llevaba puesto ese día.
Sin embargo, al no saber mi talla exacta y mis gustos compraron ropa que me quedaba algo grande, entre ajustada y muy monesca en algunas prendas.
Al terminar de bañarme y colocarme todo lo que debía fui a mi armario envuelto en una toalla.
Busque algo que no me pareciera tan malo y al fin lo encontré, había una blusa como de color hueso, ya que no era completamente blanco y una falda negra, intenté buscar un pantalón, pero casi no había y los que se encontraban aquí no eran muy lindos.
Tome unas botas no muy altas ni muy extravagantes y empecé a vestirme.
Al terminar me senté en el tocador que había en mi habitación y me arregle un poco dejando mi cabello suelto, cuando terminé me mire al espejo, nunca había sido de las que se ven todo el tiempo, sin embargo, está vez lo amerita y es que me veo muy bien, cosa que no suelo aceptar a diario, pero es que hoy me pase, en serio.
Trabajando en mi autoestima.
Me observaba detalladamente pensando en cómo llegué a verme así, el recuerdo de palabras insultantes y lastimosas llegaron a mi cabeza, sin embargo, fueron interrumpidas cuando escuché un golpe en la puerta.
— Adelante – conteste alejándome del tocador.
Mis pensamientos fueron interrumpidos por Luisa y vaya que le agradezco, si no seguiría torturándome y no acabaría nunca hasta terminar llorando, era una posibilidad.
— Adde, tu padre te espera linda, apúrate si no llegarás tarde — dijo mientras me miraba desde el marco de la puerta de mi habitación.
— ¿Padre me llevará? — pregunté extrañada, fruncí el ceño ante lo dicho.
Mi padre era un hombre ocupado y aunque también tenía tiempo para mí era muy extraño que quisiera ir conmigo, es decir, sale desde temprano y se me hace raro que aún esté en casa.
Luisa me responde asintiendo con la cabeza, dándome un sí por repuesta.
— Si — vuelve arrepentir, ante mi silencio y mi incredulidad.
— Está esperándote en el comedor para desayunar, apúrate, anda — dijo aplaudiendo con las manos y no pude hacer más nada, que apurarme.
— Ahora bajo, solo déjame acomodar algunas cosas – dije buscando mi mochila apurada.
Cuando termine de acomodar todo la tomé y baje.
Mi padre se encontraba sentado y con la vista al periódico, en cuanto entre, me miró y sonrió, me dio los buenos días y yo también.
Ambos desayunamos tranquilamente, entre plática y unas que otras risas, en cuanto terminamos nos encaminamos al auto que esperaba por ambos.
Ya en el camino
El trayecto fue silencioso, no un silencio incómodo, sino uno agradable y es que me quedé mirando a la ventana del auto, ya que conforme avanzamos se veía el cielo pintado de muchos colores, entre ellos un color rosa, azul, rojo, naranja, amarillo y el blanco.
Todos en una perfecta combinación.
Y entre el hermoso cielo se sumaban los bellos paisajes, algunos de diferentes flores, otros con árboles grandes y hermosos.
Toda una obra de arte, por parte de la naturaleza.
Después de un rato divisé el lugar a donde se encontraba la escuela y es que es como un pueblo, pero no acabado, sino uno como las pequeñas ciudades.
Después de unos minutos habíamos llegado a la escuela.
— Bueno y aquí estamos — dice mi padre sacándome de mis pensamientos.
— Si – suspire antes de darle una mirada a la escuela y volver a ponerla en mi padre. – deséame suerte – dije dándole una sonrisa de medio lado.
— Suerte cariño, todo saldrá bien, ¿Si? — solo asentí y me despedí de él.
Al bajar del auto sentí como algunas miradas se posaban en mí, por no decir todas, pase por la multitud que estaban en la entrada, mientras oía que murmuraban.
— Genial – dije para mis adentros.
Camine directo al salón que me correspondía como si nada pasara y me senté en mi lugar, algunos de mis amigos me saludaban y otros solamente me ignoraban.
Eso sin duda era algo nuevo.
Unos minutos pasaron cuando llegó es maestro y comenzó la clase.
Las horas pasaron y pasaron hasta que fue hora del descanso.
Entonces fui a la cooperativa y compré algo, volví a mi salón como ya era de costumbre, estaba tan sumergida en mis pensamientos que no me di cuenta hasta que alguien me saco de estos, dándome una sacudida, enseguida mire y me di cuenta de quién era.
— Pero vaya niña, sí que te pierdes en tu mundo – yo me eche a reír junto a ella y es que era mi amiga Saraí, una de mis buenas amigas, la conocí desde hace ya varios años.
— Disculpa Sara, lo que pasa es que tengo tantas cosas, pero bueno, ¿Cómo has estado? — dije con una sonrisa amplia, mientras nos abrazamos.
— Muy bien cariño ¿y tú?, ¿Cómo va todo?.
— Mucho mejor, mejor de lo que me he imaginado — ambas comenzamos a tener una conversación y después se nos unieron, Sofi, Laura y zhashi.
Estábamos tranquilas comentando cosas de chicas hasta que salió el tema que menos esperado.
—¿Qué les parece si la mañana hacemos como un pícnic escuelero?, Cada quien trae algo y lo juntamos, mientras hablamos de temas triviales, ¿Qué les parece? — propuso Sara con un entusiasmo que contagia, pero eso habría sido en otra ocasión.
— Si, me parece una idea increíble – dicen las demás, excepto yo y ahí fue cuando todas me miraron, era incómodo sentir todas las miradas de las chicas.
— Mm… Yo – suspiré e inhalar. – chicas necesito contarles algo, yo… Yo.
— Cuenta ya chica, suéltalo – dice Laura
— Me cambiarán de escuela y mañana inicio en la nueva escuela — dije desviando sus miradas.
Zhashi estaba mirándome con sorpresa, Sarai con una mirada de dolor, Laura no tenía ninguna expresión y Sofi, ella estaba confundida, se notaba.
Todas se miraron entre sí y después a mí, sé que me estaban escaneando, querían saber si estaba jugando y si era broma pero no, y lo notaron.
— Dinos que es solo una jodida broma Addely – Laura es quien habla y yo no puedo mirarla, solo asiento con la cabeza agachada, está me toma de la barbilla despacio y sus ojos se cruzan con los míos. – Dinos que es una broma — vuelve a repetir y está vez hablo.
— Que más quisiera yo, pero no, desgraciadamente no — ella me suelta e intenta controlarse.
— Lo lamento, pero es por mi seguridad, además no puedo ir y venir todo el tiempo, ella podría encontrarme y sería peor — las lágrimas amenazaban en salir y entonces todas me abrazan.
— Lo sabemos, pero es que te queremos y te extrañaremos si te vas – Sofi es quien habla, mientras se agarra de mi cintura, yo las abrazo, como si no hubiera un mañana.
— Tranquilas, me pueden ir a visitar, yo mandaré al chófer por ustedes y si las dejan incluso podremos hacer pijamada — seque mis lágrimas al igual que ellas y ahí estaba, de nuevo esas bellas sonrisas.
— Está bien, pero promete que no nos olvidarás — habla zhashi.
— Jamás las olvidaría, son como mis hermanas, además estaremos en contacto, ¿Si? — dije ya más calmada y separada de ellas.
— Entendido – todas asienten y nos damos un último abrazo.
Todas nos tomamos de las manos y caminamos, dispuesta a pasar el último día como el mejor, pues aunque estuviéramos en contacto no sería lo mismo.
En el camino ambas vamos riendo, recordando las tantas cosas que pasamos juntas, las vergüenzas que pasamos juntas y todo lo demás que vivimos en esta escuela.
Estaba tranquila caminando cuando siento que me agarran de los hombros y me voltean, me sorprendo al instante y es que no puedo créemelo.
Un tío está parado y parece tallado por los mismos dioses, su cabello es como castaño oscuro, no lacio, pero tampoco muy rizado, ojos color café oscuros, vestido completamente de n***o, un cuerpo nada mal, pero el sueño de toda chica en esta preparatoria.
— Hola linda, mucho gusto soy Arthur — agarra mi mano y besa la parte de arriba de esta.
Yo me quedo sorprendida ante esto y es que me está hablando ¿A mí?, Si considero que estoy alucinando.
Pero todo pensamiento que llevan a qué es un sueño se esfuman cuando dice algo que me quita toda ensoñación ante él.