—Diego ¿Qué haces aquí?— Pregunté asombrada. —Vine porque se te quedó esta chamarra en la mansión, pensé que quizás la necesitarías— Respondió mientras permanecía aún de pies frente a puerta. —Te lo agradezco, pero no debiste de haber venido. —¡Así es! Isabella tiene razón, no debiste de haber venido, con tu presencia solo me doy cuenta de que estás enamorado de esta grandiosa mujer pero de una buena vez te digo que no la mereces— Respondió Rodrigo, se metió en la conversación sin ser llamado. —Veo que tan solo te fuiste de la mansión y corriste a los brazos de este hombre, soy un tonto por venir a buscarte—Diego estaba celoso, después de decir eso se dio la vuelta para irse pero lo seguí. —¿Diego a que viniste realmente?— Pregunté con interés. —A nada importante, solo me doy cuenta

