Me quedé mirándolo, por un momento, Ray parecía ausente, hasta que volvió a pronunciar las palabras.
- Lewis, él... Creo que él... Me gusta - las palabras de Ray penetran más a hayá de mis oídos, el corazón me da un gran salto - desde hace cuatro años - continuo diciendo mientras bajaba la cabeza. Un gran silencio cubre toda la atmósfera a nuestro alrededor, me quedo mudo ante semejante declaración.
– Es raro ¿No? Quiero decir, me gusta un chico. ¿Piensas que doy asco ahora?
– ¡NO! - grito sin querer - lo siento, me dejé llevar, sólo, quiero decir que no es malo, tampoco es raro y, no me das asco, Ray.
– Gracias, pero, sería bueno que sólo ese sea el problema. Quiero decir, a demás de que me gusta un chico, a él le gustan las chicas y, es mi mejor amigo, solamente puedo quedarme viendo cómo las chicas se le declaran y, sólo puedo esperar que el las rechace.
– ¿Has pensado en decirle?
– No, jamás le diría, ¿Y si me rechaza? Nuestra amistad terminaría, él sólo me ve como a un amigo. Al principio pensé que me conformaría con sólo eso, pero me volví codicioso, ahora ya no quiero ser solamente un amigo para él, no soporto ver cómo los demás se le acercan, pero tampoco puedo decirle, soy demasiado egoísta ¿No?, No puedo decirle lo que siento, pero tampoco quiero que los demás lo hagan.
Escuchar a Ray pronunciar esas palabras hacen que mi corazón duela. Cuatro años guardando un sentimiento como ese, es muy doloroso.
– Ray, si no le dices, ¿cómo sabrás si lo que dices es real?, ¿Sabes? Los sentimientos, mientras más los guardas, más fuertes se vuelven, una vez que los dejas salir, una vez que los gritas, si no se alimentan, se esparcen y con el tiempo se disuelven como espuma de mar.
– Tengo miedo, ¿Y si a él le doy asco? Y si piensa que soy repugnante...
– No lo ará, y si lo hace, quiere decir que él no era el indicado. Ray, enfrenta a tus propios sentimientos, ve y dile lo que sientes.
– No puedo hacerlo, no es tan fácil.
– ¿Por qué no lo es?
– Porque él es un chico y, yo no soy una chica.
Esas últimas palabras me dejaron mudo, no entendía porque Ray estaba tan triste, o porque se negaba tanto, no lo entendía, hasta que dijo esas palabras.
– Ray, lo sé, pero eso no quiere decir que lo que sientas no es real, Lewis no te verá con desprecio y, mucho menos le darás asco.
– Entonces ¿me sugieres que sólo le diga y que pase lo que tenga que pasar? No es tan fácil.
– No es fácil, lo sé, tómate tu tiempo, piénsalo, si decides hacerlo o no, yo te apoyaré.
No pronunció otra palabra por un momento y, de repente, el silencio fue roto.
– Está bien, dame tiempo, se lo diré, pero no ahora, tú me ayudarás.
– Bien.
Ray se fue de vuelta con los demás, había dicho que estaba bien, pero mientras él se alejaba, en su entorno podría sentirse el peso de un amor no correspondido y del miedo que se sepa la verdad. El viento sopló y, solamente pude ver a un Ray solitario alejarse.
El descanso terminó, todos regresemos a nuestras aulas. El resto del día transcurrió tan rápido, y así como ese día fueron los demás, cuando pude darme cuenta, una semana había pasado, luego dos, después tres. Desde ese día, no toqué el tema otra vez.