Joseph caminaba por los pasillos de su empresa, las personas solo bajaban su rostro demostrándole respeto, mientras daban un saludo prudente, él era uno de los empresarios más reconocidos y respetables de New York, estaba al mando de una de las empresas más consolidadas en el sector tecnológico.
Él se había hecho cargo de la empresa cuando su padre murió, su madre se dedicó al hogar y su hermano ocasionalmente tomaba decisiones en este lugar. Joseph estaba enfocado en los negocios, no había nada más importante que poder crear nuevos productos, tener clientes y ser el número uno en todo.
Joseph es la envidia de muchas personas por su carrera, por su inteligencia y sus logros. Es tan exitoso que prácticamente ya tiene su vida resuelta en muchos sentidos, mientras que su vida privada es todo un misterio, él cuida que ningún detalle se filtre, en especial sus más oscuros y placenteros secretos... Esos que no todas las mujeres tienen la dicha de probar y repetir. Él era un casanovas, nunca tenía una relación sería, estaba acostumbrado a tener a la mujer que se propusiera.
Joseph entró a su oficina, lanzó la corbata mientras pasó su mano por la frente, estaba realmente agotado, siempre que había crisis él no dormía y no podía pensar en nada diferente a eso. Mira su teléfono que suena insistentemente, esa mujer que conoció unas noches atrás en el hotel, no dejaba de insistirle para que se vieran de nuevo, eso sin duda hacía que Joseph se molestará, a él no le gustaba para nada que las mujeres lo estuvieran acechando.
—Señor —dice su secretaria—. Quiero confirmar la junta que tiene en veinte minutos.
—Claro, no podría faltar —habló él, luego la miró y le dijo que se sentará—. ¿Cuándo te irás?
—En un par de días… El bebé está por nacer —ella responde, Joseph rueda sus ojos, a él no le gusta estar cambiando de secretaria. Adicional ya la conocía a ella, se había adaptado perfectamente a él.
—Necesito que hables con el de recursos humanos, necesito tu reemplazo hoy mismo. ¿Está claro? —ella asiente con un movimiento rápido de su cabeza—. No quiero que algo se escape por andar con carreras, adicional que tenemos que ser muy meticulosos.
—Precisamente están desde ayer entrevistando mujeres para el cargo.
—Eso espero, quiero que le dejes muy claro a tu reemplazo como me gustan las cosas a mí.
Joseph se puso de pie, era momento de tener una reunión con su equipo.
Mientras tanto, Ariana estaba completamente feliz porque su hermana había logrado que consiguiera una entrevista en esa enorme empresa. Ella no tardó mucho en llegar, se ubicó enfrente de aquel lugar, un edificio extremadamente grande, ella pasó saliva y entró.
Al decir que venía recomendada no tuvo mucho que hacer, solo respondió las preguntas que la persona que la entrevistó le hizo, para luego firmar un contrato. Ella se puso de pie mientras la condujeron hasta un piso diferente.
—Tienes mucha suerte muchacha, preciso hoy estamos buscando una secretaria de manera urgente, por lo que veo tienes todas las aptitudes para poder desempeñar el cargo. —Ariana sonríe, nunca en su vida había trabajado como secretaria, pero ella estaba completamente segura de que le iba a salir todo bien, ella siempre se esforzaba por hacer que todo le saliera bien—. Espero que seas igual de eficiente que tu hermana.
—Le agradezco, en verdad no tiene idea de cuantas ganas le voy a echar al trabajo. —Aquel hombre le dio una cálida sonrisa.
—Solo quiero decirte que no te rindas, no será fácil a la primera, el jefe es bastante estricto y un poco serio. No pienses que las cosas se tornan personales —él le advierte, Ariana en todo momento evita colocar algún problema ante las palabras de aquel hombre—. Este es el puesto de trabajo.
Ariana le da una sonrisa sincera a la mujer que está allí, puede notar que será posiblemente su reemplazo, aquel hombre se va y las deja a ellas allí para que puedan organizar todo.
Ariana apuntaba cada cosa que ella le decía, los nervios estaban a mil, era la primera vez que trabaja en algo así, se sentía orgullosa por estar creciendo laboralmente.
—Bueno, iré a terminar unos pendientes del señor Stewart, tú debes quedarte acá, cuando él termine su junta le llevas café, no olvides presentarte.
—Claro, te agradezco por eso.
—Él no es tan malo como parece, con el tiempo lo vas a apreciar. —Ariana le da una cálida sonrisa.
Ariana se quedó allí organizando unas carpetas que su compañera le había dicho, unos minutos después entró la llamada de su jefe.
—Necesito mi café, adicional necesito las carpetas para firmar lo más pronto posible.
—Ahora mismo —ella responde.
—¿Quién eres?
—La nueva secretaria. —Él resopla.
—Espero y le hayan informado todo, no me gusta tener falencias y personas incompetentes. —La llamada se cuelga, Ariana suspiró. Seguramente el hombre no había tenido el mejor de los días.
Ella tomó las carpetas que habían dejado con anterioridad lista, luego preparó un café oscuro para entrar a esa imponente oficina. Ella respiró y acomodó su cabello, sin embargo, la sonrisa se borró de su rostro cuando vio al hombre que estaba frente a ella, aunque estaba algo ebria, podría reconocerlo. ¿Quién podría olvidar a un hombre como él?
Joseph levantó la mirada, allí estaba la chica que había visto el día anterior, esa que le había hecho pasar el peor de los ratos en su vida.
—¿Esto es una maldita broma? —él habló, con una sonrisa sarcástica. Ella se detuvo de inmediato, ¿Preciso él era el jefe? —No me diga que usted es el reemplazo.
—Lo soy. Acá le traje su café y sus carpetas —dijo, ignorando la reacción obvia y colocando una sonrisa. Él se puso de pie y caminó hasta donde ella, el aroma de Joseph inundó las fosas nasales de Ariana—. ¿Necesita algo más?
—Sí, necesito que me explique ¿Qué hace en este lugar? en especial después de todo lo que me hizo. —Ella pasó colores, es claro que se había pasado con sus actos, pero era entendible, sufrió una terrible decepción y era humana… se equivocó.
—Mire, le puedo asegurar que no tenía idea que usted era el jefe —ella dijo, luego soltó las cosas y puso sus manos en la cintura—. Créame que lo último que haría sería buscarlo para verlo. Le puedo asegurar que ha sido un terrible error, más para mi que para usted.
—No voy a permitir que aparte de burlarse de mí como lo hizo en la calle ayer delante de todas esas personas, lo venga a hacer también en mi empresa.
—¿Por qué piensa que estoy aquí por usted? ponga un poco de sentido común, usted no es el único hombre en el mundo, ni el más interesante para andar buscando la manera de verlo. —Ella arrugó su frente, mientras que la postura de Joseph era inquietante. Ariana estaba segura que un hombre como él no merecía unas disculpas.
—Tendré que llamar a la persona que la contrató, porque no comprendo como pueden creer que una mujer como usted está cuerda, es claro que tiene algún problema en su cabeza —él comentó con burla, ella de inmediato se puso roja de la rabia, levantó su mano para darle una bofetada, ya era suficiente de aguantar hombres como él, prepotentes e idiotas.
Sin embargo, no contaba que él le detuviera el brazo, para luego acercarla a él.
—Nadie me golpea ¿está claro? así que lárguese.
—Eso es lo que voy a hacer, preferiría dormir debajo de un puente antes que trabajar con usted. —Joseph sonrió sugestivamente, su instinto cazador salió a la luz. Porque él podría darle una lección a esa mujer.
Esas palabras a Ariana le salieron llenas de rabia, aunque la verdad era otra, renunció en el bar y no era tan fácil buscar un trabajo tan buen pago como lo era este.
Cuando ella iba a dar media vuelta, él la agarró del brazo y luego la dejó frente a frente, sus ojos impactaron en los de él, ella tenía una mirada deslumbrante. Joseph dio unos cuantos pasos hacia delante, a él no le gustaba mucho las mujeres que lo retaran, porque estaba seguro que luego de darle su merecido, se cansaría muy rápido de ellas y a él, le gustaba jugar el tiempo necesario. La observó de arriba a abajo, sin el vestido blanco podía observar las curvas de ella que se marcaban a la perfección, sus labios carnosos le generaba la intención de morder. Él caminó hasta hacer que ella retrocediera, Ariana puso sus manos en la mesa para evitar caerse.
La respiración de Ariana comenzó a acelerarse, su pecho subió y bajó por la cercanía de ese imponente hombre.
—Estaba pensando y usted no se puede ir así… Dañó mi traje, también me hizo perder una reunión con un socio, haciendo que perdiera una gran cantidad de dinero —él dice con ironía, mientras el rostro de ella se pone tenso—. La verdad no puede irse así, al menos hasta que me compense por todo lo que hizo.
Ariana pasó saliva, por unos segundos sus ojos se desviaron en los labios de él, pero al notar como la comisura de sus labios se curvó despabiló.
—¿Quiere que me disculpe? lo siento. —Él negó con su cabeza.
—Quiero que me compense. Trabajará para mí, pero no solo será mi secretaria, hará lo que le pido, será mi sombra y tendrá que verme 24/7. —Ella arrugó su nariz.
—¿Está loco?
—¿Usted me cuestiona eso? sabiendo que lo que ha hecho no ha sido muy coherente. Solo quiero que se de cuenta que conmigo no se juega, que nadie se mete conmigo. Ahora, le propongo algo… Si no quiere trabajar, puede pagar por los daños. —Ella bufa por esas palabras—. Por lo visto, escogerá la opción de darme el dinero, entonces le haré la cuenta rápidamente, empezando por mi traje que cuesta al menos unos siete meses de su trabajo, supongo que es mucho dinero, algo que una mujer como usted no tendrá claramente.
Joseph era consciente que una mujer como ella, no tenía esa cantidad de dinero. Adicional sería diversión para él, al menos por unos días, hasta que él se hartara de ella para luego sacarla de allí.
Él hombre era un cretino, seguramente estaba acostumbrado a hacer su voluntad, pero ella no iba a permitir que esas cosas la hicieran sentir mal o menos.
Ariana era consciente que no podía pagar esa cantidad, tenía que pagar mensualmente las cuotas de la casa, no las cuotas de un traje.
—Claro que seguiré trabajando. —Ella levanta sus cejas—. Vamos a ver quien se cansa primero.
—Le aseguro que no seré yo y en ese momento la veré de rodillas. —Él la observa de arriba a abajo.
Joseph ríe, lame sus labios, porque es claro que siempre él se sale con la suya. Se separa de ella, le era inevitable no imaginarla gimiendo en su escritorio, mientras él agarraba su trasero. Ella se separa de él, fue un momento sofocante, su cuerpo sudaba y su respiración se aceleró. Por lo visto, ella caería tan rápido como las otras según él, no había mujer que se negara ante él y a sus peticiones.
Ariana dio media vuelta y dejó las carpetas allí, ella se había empeñado en no dejarse ganar de él y no tenía claro que fuera una muy buena idea. De repente, la puerta se abrió, entraron entre risas una pareja. Cuando Ariana vio esa escena, sintió como su mundo se venía abajo, desmayándose en el momento, cayendo a los brazos de Joseph.