Capitulo 4. Noticia.

2038 Words
Capítulo 4. *Noticia. Cristian está enojado, muy decidido a poner un alto a la situación; nadie se va a burlar de él. Se levanta para ir a la ducha, siendo detenido por el sonido de la puerta que tocan constantemente con afán. Cristián observa por el visor de la puerta, notando a su tío, quien se ve ansioso por entrar. —Cristian, hijo, eres mi salvador. Vamos, ya te divertiste mucho, tenemos que volver; la cena con los padres de Arancha nos espera. Cristian mira a su tío muy serio al notar él la sangre en la cama. —¿Cristian? —Tío, no es lo que crees, sabes que y… —Su tío interrumpe. Al ver la escena y conocer a Cristian, ve esto como parte de la vida de un hombre, un error de una noche que debe olvidar. —Cristian, deja esto como una aventura de una noche, tienes todo planeado, no te arruines la vida por esto, toma tu bolso y sal de aquí antes de que alguien te descubra. Llamaré a alguien para que limpie esto, todo quedará en el pasado, ya lo verás, en unos meses no lo vas a recordar. * Vanessa llora mientras escucha a su padre gritarle, van en el avión de vuelta dejando atrás todo lo que a pasado en su viaje, su corazón arde y el recuerdo de su abuela viene a su mente al ser la única que la entendía, haciéndola recordar su collar el cual no siente, ni tiene idea donde lo dejo, esto la destroza, saber que a perdido el último regalo que su abuela le dio, le duele profundamente, no recuerda mucho de lo que paso a noche pero una parte de ella recae en que fue la noche más increíble de su vida, se imaginaba perder su virginidad con alguien que amara y la amara, pero Cristian hizo de su momento algo inolvidable, aunque no se volverán a ver, le queda el recuerdo de a ver conocido a un hombre maravilloso, que a tratado como una reina y eso mejora su roto corazón. * Al volver, Vanessa se enfrenta a su madre, que, al igual que su padre, la acosa con preguntas. —¿En qué estabas pensando, hija? ¿Qué hubiera pasado si te hubieran secuestrado o algo así? —Mamá, no me pasó nada, estoy bien. —¿Dónde estabas? ¿Qué hiciste cuando llegaste a la mañana siguiente? Estabas sola cuando mis hombres te vieron bajar del taxi. ¿Con quién pasaste la noche? Vanessa, habla. Vannesa se levanta muy enojada y cansada; pasó la noche más loca de su vida y aún sigue sucia, oliendo al perfume de Cristian que se ha penetrado en su piel. —Estoy cansada, ya te soporté mucho en el avión, creo que no necesito decirte nada más, estoy bien y eso es suficiente, buenas noches. Vannesa se aleja molesta, ignorando los gritos de su padre, quien está fuera de control, loco por no poder controlarla como lo hace con su mujer. Vannesa deja a sus padres en un caos total; al entrar a su habitación, ella se acomoda en su cama con tanta angustia. Todo pasó tan rápido que no puede asimilar el hecho de que está en las manos de sus padres; ellos la manejan como un títere a su antojo, sin importar lo que ella piense ni sienta; la controlan hasta en la manera de respirar. A veces piensa en escapar, pero ni que se esconda debajo de la tierra podrá escapar de la furia de su padre. Vanessa toma una ducha; al tocar su piel, siente los chupones en su abdomen que la hacen jadear al recordar cuando Cristian se los hacía, una noche que sin duda no olvidará. * Dos días tras su regreso y ha sido una tortura; su padre realmente se enfoca en hacerla sentir mal, no tiene salida y se lo demuestra. Para ella, contrató a más hombres de seguridad; ante el poder y las ganas de controlarlo todo, su padre no pone límites, aunque sabe que ella es una mujer adulta; quiere llevar el control de cada situación. Vanessa está cansada; vuelve a su trabajo, que es lo único que la libera del caos de su casa. Su padre se ha vuelto un obsesivo que no le permite ni respirar sola. En el instante en que Vanessa entra a la sala de enfermeras, se ve acorralada por sus amigas que, con mucha vergüenza, la miran con preocupación. —Vanessa, amiga, el vigilante nos contó lo que pasó, lo siento tanto, no debimos dejarte sola, no recordamos qué fue lo que pasó. —Sí, amiga, lo sentimos mucho. Angélica la mira con preocupación y Vanessa a ella. —No se preocupen, no pasa nada, ese viaje y esa noche solo quedarán en el recuerdo, lo siento, las veré más tarde, marcaré mi turno. Ambas chicas se miran apenadas al verla salir sin esperar nada más, y es que para Vanessa es un mal recuerdo que quiere dejar atrás. A pesar de su noche con Cristian, ese viaje trajo consecuencias que la atormentan día tras día. *Dos meses y una semana después* Las semanas para Vanessa sin duda son una tormenta; la vigilancia y llamadas descontroladas de sus padres la atormentan. Están tratando de convencerla de que viaje con su padre y se reúna con el socio de él; eso la saca de quicio, tanto que se queda muchas más horas en la clínica para no volver a casa. A veces dura días sin ir; vive y respira por sus pacientes en la clínica, tanto que la lleva a esforzarse de más, pero todo lo que hace la ayuda a olvidar el caos que es su familia. Vanessa está en el almacén de medicamentos buscando los tratamientos de sus pacientes cuando un mareo extraño la invade, un momento que la hace retroceder tocando su vientre por una extraña sensación; todo empieza a darle vueltas y, sin percatarse, cae al suelo, siendo sostenida por Clara, quien llega para ayudarla. —¿Vanessa? Vanessa, amiga, por favor, reacciona… —La mueve sin éxito. —VANESSA, POR FAVOR, AYUDA, ALGUIEN QUE ME AYUDE, PABLO, DANIEL, ALGUIEN. En ese momento, uno de sus compañeros llega para ayudarla. —¿Qué le pasó? —No lo sé, Daniel, ayúdame a llevarla a la sala privada de emergencia; le avisaré al doctor. —Está bien, ve, yo puedo llevarla solo. El chico la carga como si no pesara nada y la traslada a la sala de emergencia, donde espera hasta que ve llegar a Clara y al doctor de turno. En la sala de urgencias, en la zona privada, espera con angustia Clara Fernández, la mejor amiga de Vanessa Hudgens, quien la observa con preocupación estando ella inconsciente. Justamente en el instante en que Vanessa retoma la conciencia, su doctor guía entra a la habitación con los resultados de los exámenes que le practicaron y que tienen un resultado que nadie esperaba. —¿Clara? ¿Qué pasó? Pregunta Vanessa, muy mareada, despertando de su recaída. —Amiga, te desmayaste. Vanessa la mira con sorpresa ante el hecho de que sería la primera vez que algo así le pasa; está tratando de levantarse cuando su doctor guía interviene en la conversación ante los resultados en sus manos. —Vanessa, no sé si esta sea la noticia que estés esperando, tengo los resultados de los exámenes y… Vanessa interrumpe ante su expresión que la incomoda. —¿Tengo algo malo, doctor? Su expresión es clara, está pálida, pero los nervios la invaden por completo; jamás se ha enfermado y esto es una sorpresa para ella. —Yo no diría que sea algo malo, Vanessa, estás embarazada. Las palabras del doctor son directas y no entran en su mente; todo su mundo se paraliza ante su mentor. Está a nada de sacar su profesión y por fin emprender para ser doctora y, de la nada, todo su mundo se paraliza con la noticia que la hace mirarlo nuevamente, muy sorprendida. —¿Embarazada, doctor? ¿Está seguro de que no es un error? Pregunta con el corazón a mil por segundo. —No, Vanessa, no lo es, tienes las defensas muy bajas, has trabajado más horas que el resto de tus compañeros, es hora de que vayas a casa, descansa, ¿me escuchaste? Vanessa asiente muy preocupada; no sabe qué decir, está en shock ante la noticia, aún no lo cree y no piensa aceptarlo hasta que no lo confirme. —Clara, necesito que me ayudes, necesito que repitas la prueba. —Sí, por supuesto, Vane, iré por los utensilios, no te muevas. Vanessa se queda perpleja; los pensamientos en su mente la consumen. Clara no tarda en volver y tomar las muestras que no tardan en procesar. En una hora y media, ya tenía nuevamente un resultado en sus manos, uno que desconcentra a Vanessa, quien enfoca su mirada en la distancia. —Está listo, amiga. La pelirroja de ojos avellana enfoca su mirada ante Vanessa, quien por fin la enfoca tras minutos en la espera de una reacción. —Por favor, léelo. Dice, posando su mirada ahora en el documento en las manos de su amiga, quien, al ver el resultado, la mira de igual manera. —No es un error, Vanessa, amiga, estás embarazada. Vanessa mira a su amiga sin palabras, no sabe qué pensar ni qué podría hacer; aún no puede creer que algo así le esté pasando. Por Dios, cuando sus padres se enteren, la obligarán a abortar. La conmoción la obliga a levantarse, quiere tomar aire, salir de ese lugar, necesita pensar las cosas. —Lo siento, debo irme, ¿puedes cubrirme? —Por supuesto, cariño, sé por lo que estás pasando, solo piensa bien las cosas, habla con el padre del bebé, quizás todo se solucione. Las palabras de Clara la dejan en agonía, ¿hablar con el padre del bebé? No puede ni decirle quién es el padre del bebé, no sabe ni siquiera quién es Cristian; él fue tan reservado y cuidadoso con todo lo que le dijo, que ella no se imagina ni siquiera dónde vive. Vanessa asiente ante su amiga y toma su bolso sin cambiarse, sale del lugar alertando a sus hombres de seguridad que de inmediato la siguen a dónde va, Vanessa no puede concentrarse más que en sus pensamientos y en el camino devuelta a su casa donde sus padres por suerte no están, al llegar se encierra en sus habitación a llorar pensando en todo esto, en el impacto de la noticia, el padre del bebé y el hecho de que no puede hablar de esto con sus padres, se arruino todo, sus planes, sus metas, todo, en lo único que piensa es en irse, marcharse lejos, es una locura aún no lo cree pero la pequeña vida en su vientre no tiene la culpa de nada, no tiene la culpa de sus errores, debe pensar en una solución y no tiene ni idea de cómo hará las cosas, pero no piensa dar marcha atrás, sabe que ahora tiene que protegerse y consigo al bebé que la necesita, está tan perdida en sus pensamientos que el mensaje en su celular es un motivo más para buscar una salida, cuando la noticia empieza a esparcirse como el viento y no duda que en cualquier momento su padre se entere, debe hacer algo y debe hacerlo ya. *Mensaje de texto* —Vanessa, soy la doctora Sandra, me contaron lo que pasó y quizás necesites con quién hablar; aparte, te pongo una cita en dos días; por favor, no faltes, me gustaría verte. Su mentora, la ginecóloga, lo sabe; están preocupados por ella, es que su reacción en la clínica no fue normal, eso preocupa a todos sus compañeros y amigos, llevándola a una cuerda floja porque ellos no son a los que le teme. Su padre es un hombre irracional que no lo pensará dos veces en destruir todo al enterarse. —Lo entiendo, estaré ahí, muchas gracias, doctora. —A las 8, cariño, descansa y come mucha fruta hasta que nos veamos. —Está bien, lo haré. *Fin del mensaje.*
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