—¿Qué proceso? —Me mira a la defensiva. La sola duda me ofende. Aunque trago saliva cuando comprendo que debo decirlo en voz alta, que debo decírselo a él. —El de dejarte ir. El de amarme a mí misma. No te pedí venir aquí para hacerte daño, lo hice para poder tener paz. Para soltar lo último que me ata a ti. Levanta una ceja que me molesta más de lo que debería. —¿Eso que significa? La urgencia en su voz, el pánico, me hacen dudar un segundo. Pero esto es lo que debe hacerse. No somos sanos el uno para el otro. Él tiene el apoyo que necesita, yo debo entender que nunca he sido suficiente. Trago en seco el nudo en mi garganta. Lo miro sin mostrarle mis miedos, mi inseguridad. Sus ojos son la ventana de su alma y hay demasiado allí que no puedo seguir viendo. —Que por mucho que te

