Capítulo 6 - Estamos a mano

1398 Words
Sonreí ante la mirada indignada. —No, pero estás algo quedada. —No dijo nada, me miró con tristeza, esto se está poniendo algo incómodo—. Préstame tu moto, hoy me quedo en El Oasis, mañana ve por ella. Hasta mañana. —No esperé a que dijera nada, arranqué. Llegué al rancho, dejé la moto de la Renacuaja donde he visto que la deja cuando cuida a Isaac, entré puse los pasadores que a Cebolla le gusta poner en su puerta y me dirigí a la cocina a tomar agua o jugo o lo que encuentre. ¿Qué mierda pasó con Lupe? ¿Por qué me miró como si la hubiera ofendido? Abrí la nevera, había jugo, me llené un vaso, en la alacena saqué unos ponqués. —¿Tiene mucha hambre? Sonreí al mirar a la susodicha que me voy a tirar, pero no puede ser aquí, la tengo sentenciada, además Inés se encontraba en esta casa. —¿Sigues en pie? —La atraje hacia mí y la besé. —Nunca me echo para atrás. —Le agarré una teta. —Mañana a las nueve, en la quebrada. —Hecho. La mujer de cabello rubio se fue. Terminé de comer y cuando iba a apagar la luz estaba mi vieja en la puerta con los brazos cruzados. » Acaso eres una bruja. —recibí el primer manotazo. —Miguel me dijo que vendrías y sabes que no puedo dormir si me falta una oveja, lo que pasa es que se me olvida que por muy blanco que seas, eres la descarriada oveja negra de mi rebaño. —solté una carcajada, la cargué, adoro a esta vieja. Es mi madre—. No vengas con esa lambonería Arnold. ¿Por qué llegaste tan tarde? —Porque estaba de héroe, salvé a la Renacuaja. —¿Qué dices? Le conté todo a Inés, una vez terminé de contarle mi hazaña acunó mi rostro, era la típica imagen de unas manos morenas oscuras contra una piel demasiado blanca. —Gracias, esa niña me agrada mucho, tiene algo que me da mucha confianza, la quiero mucho, no la molestes tanto. —Al menos tú no me la chutas como mujer. —No es tu estilo, además ella es mucho para ti. —Lo dijo sin mirarme. —Gracias por entenderme, y por lo que me toca. —Y cuidado con Dina, ten cuidado Mojoncito, porque te doy duro. No se supone que tienes algo serio con esa tal Sandra. —Con nadie y con ella terminé la aventura hace rato, me sigue escribiendo, pero solo será para… —otro guarapazo, hoy fue el día—. Te voy a ser sincero, me gusta mucho la amiga de Sandra, Marcela, es una treintona, modelo, preciosa. —Preséntamela, solo quiero que te ajuicies. —¿Para estar convertido en una pila de mierda? No me desees eso mi negra. Ahora si ya voy a dormir. —Hasta mañana. Esperaba a que llegara la vieja con la que había cuadrado anoche, la vi venir caminando, esta mañana muy temprano llegó Guadalupe sobre mi Majestuoso y con altanería me dijo, —Si tú montaste mi moto, yo también montaré tu caballo. Estamos a manos. Me torció los ojos, desayunamos, luego ella se puso a jugar con el niño. Diana sigue con sus maluqueras, la vi bastante pálida, escuché que las pastillas le habían bajado el ritmo al vómito. Mi negra la consentía, ¿qué sería de todos nosotros sin Inés? Hice cambio de luces con la empleada y a los diez minutos salí en mi caballo a cumplir con una necesidad básica. Y aquí estoy, sumergido en el deseo. Le tocaba los senos a la empleada de la finca de Miguel. Me prohibieron meterme con ellas en sus ranchos, por eso no estoy en ninguno de esos sitios, la tengo a medio vestir en una de las piedras del riachuelo que hay en las tierras de mis amigos, la verdad era que con todo lo que hemos pasado en esta semana, con la quimio de la señora Verónica. El cuidado de los cuatrillizos, y los últimos acontecimientos no había tenido sexo desde entonces, ya tenía mis bolas moraditas. La mujer comenzó a desvestirme, me bajó el jean y comenzó a masajear mi v***a, se arrodilló, cerré mis ojos para disfrutar de la mamada, no creo que se lo alcance a meter todo en la boca. Espero que se ayude con la mano, le agarré la cabeza, presioné un poco, que se lo trague más… estaba tan concentrado… ¡Mierda! ¿Inés cómo fue que me dijo que se llamaba? ¡Qué carajos! Fui claro con ella solo sería sexo. Me dijo que, sin problemas, así era como me gustan las viejas. Intensificó el movimiento y estaba sintiendo cómo se concentraba mi gloria cuando escuchamos una pitadera. —¡Mierda! Miré hacia la carretera, casi nadie pasa por este lado y ¿tenía que ser ella? —¡Dina! La mirada de la Renacuaja no me demostraba nada, estaba seria, aunque siempre mira así, es amargada la niñita. » ¡Tu novio llegó a buscarte en la casa de la señora Diana! Miré a la mujer que hace unos minutos se estaba tragando mi v***a. —Me dijiste que no tenías novio. Odio la mentira, me subí los pantalones, ella ya se había bajado la falda. —Otro día podemos terminar esto. Dijo la muy zorra, porque eso era, no me metía con mujeres comprometidas. —En tus sueños. Respondí enojado, tanto por ella como por la niñita que estaba sobre una moto. No la arremeteré contra la moto, a pesar de ser una motico señoritona se portó muy bien anoche. Después de la reparación por el episodio con la culebra, quedó súper. La mujer se fue caminando, cuando llegué donde la Renacuaja una camioneta se detenía al lado de la muy bandida que hace unos minutos estaba conmigo. Definitivamente, las buenas mujeres escasean. El carro pasó por nuestro lado, Lupe correspondió al saludo de ellos. —Se dice gracias. —arrugué mi frente—. ¿No agradecerás que te libré de un tiro? —¡¿Disculpa?! Se cruzó de brazos. No tengo idea como siempre me pillas en estos momentos. —Él es un policía de Blanco, le estabas haciendo el amor a su prometida y ya estamos a mano. —Mira Renacuaja. —Se puso roja—. No necesito de tu ayuda y solo era sexo, me estaban haciendo una buena mamada, ¡pero como siempre tengo un animalito chismoso siguiéndome para ir con el chisme a todo el mundo! —se puso más roja de la ira y su tono canelita… —¡Mira pendejo!, me tienes de la chingada que me digas Renacuaja, además te estoy devolviendo el favor de anoche. —Se levantó de la moto y me encaró, tiene carácter la pelaíta—. Yo no tengo la culpa que tú seas un exhibicionista que en todas partes pones tu trasero blanco a aire libre. —¡Vaya! Pero si la «escuincla», así les dicen a las pubertas en tu país, ¿cierto? —me crucé de brazos, Guadalupe pasaba del rojo al morado y eso me causó risa—. En fin, lo cierto es que has detallado mucho mi trasero. ¿Acaso te gusta? —No es nada agradable ver dos tapas blancas, pareces un litro de leche, ¡por lo menos broncéate! —A muchas le gusta esta leche. —Lo dije en doble sentido. —A mí me produce reflujo. —Se volvió a montar en su moto y la encendió. —Me imagino que ahora que llegues a la casa le irás con el chisme a Inés. —No hablo de porquerías. Aprovecha el sol de Texas para broncearte. La vi partir, con este es el octavo polvo que me dañas Renacuaja. Me llegará el momento de dañarte tus romances, niñita. Lo de anoche no cuenta, porque el tipo quería joderte, pero cuando te guste alguien me daré el gusto de espantártelo. Vamos a ver quién gana. —Vamos Majestuoso. —Me monté en mi caballo—. Cabalguemos un rato. —miré por donde se había ido la moto y su ocupante—. ¡Ahora estoy lindo!, Inés me dijo pirulo pálido y la Renacuaja nalgas de leche.
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