Capítulo 4

1497 Words
Luego de unos días intensos entre el hospital y las clases, resultó que Camila realmente sí tenía un examen ese viernes sobre un caso por el que debía presentar diagnóstico y tratamiento. Así que cuando el soberano engreído de Santiago le pidió confirmación para el jueves, estuvo a punto de declinar, pero pensó en las palabras de Evelyn que mientras más temprano, más pronto terminarían con esa situación, por lo que le dijo, buscándole pelea: 6:05 pm Si te estás arrepintiendo, me lo dices claramente y de una buena vez. 6:07 pm Por el contrario, lo que realmente deseo es adelantar el tiempo y buscarte desde primera hora de la mañana para así pasar el día juntos. 6:10 pm “DIJISTE 7:30 PM Y ESA ES LA HORA, NO INVENTES” –Le escribió en mayúsculas para que entendiera que le estaba gritando muy molesta. Santiago no le respondió, pero la gran sonrisa que apareció en su rostro, daba a entender que estaba disfrutando mucho sacar de sus casillas a “Evelyn”. A las 7:20 minutos de la noche del jueves, Camila se vistió con un mono deportivo, tomó su Tablet donde tenía el caso que debía estudiar, lo cual ya había hecho teniéndolo muy claro y dominado, pero solamente por fastidiar a Santiago era que la llevaba. Al encontrarse, él la recorrió con sus ojos pícaros, sonriendo y negando con la cabeza, abrió la puerta de su automóvil, subió y no pasó mucho tiempo cuando le preguntó el porqué de la Tablet, le dijo que tenía que estudiar y cuando protestó, le respondió: –Tu insististe en verme hoy y yo tengo que estudiar, así que te toca compartir con mis estudios. Si no quieres, me bajo y todos felices. –No Evelyn –respiró profundo antes de continuar–, tú vas a salir conmigo, con tu Tablet, tus estudios y con todo lo demás que quieras cargar. Santiago comenzó a conducir y de pronto ella se dio cuenta de que estaban alejándose de la ciudad, por lo que le preguntó: –Santiago, ¿adónde me llevas? –A un lugar apartado, porque no quiero interrupciones de tus conquistas frustradas –esa respuesta la hizo reír a carcajadas y trató de ser muy ruidosa. Llegaron a un restaurante con una hermosa terraza desde donde se podían apreciar las luces de la ciudad, la mesa que tenía reservada estaba un poco aislada, asegurándoles privacidad, les sirvieron vino y por un momento ella lamentó haber ido tan mal vestida a ese hermoso lugar. Él estaba muy bello con un traje de lino beige y una resplandeciente camisa blanca, sin corbata, pero exhibía una elegancia casual digna de un catálogo de moda masculina. –Bien Evelyn, por favor háblame más de ti, ¿qué música te gusta escuchar?, ¿cuáles libros has leído?, ¿cómo te gusta pasar el domingo? –Me gusta el reguetón, no he leído clásicos porque me aburre el lenguaje y los domingos son para dormir ¿no?, ya basta de interrogatorio, tengo hambre. “Me incomodan sus preguntas, parece que en serio quiere profundizar y conocer a Evelyn, cómo es posible que ella no quiera al menos intentarlo con él, hoy lo noto diferente, realmente está esforzándose por conocerme, bueno a mí no, a Evelyn” –pensó mientras lo observaba de reojo fingiendo que leía algo en la Tablet. “¿Qué pasaría si le respondo con los verdaderos gustos de Evelyn?, la conozco como la palma de mi mano, pudiera decirle todo de ella y si le gusta tengo que decirle que no soy yo.” –se seguía diciendo. –Puedo enseñarte que el domingo puede ser divertido y no malgastarlo solo en dormir. “Ay no, no, no, no. ¿Otra salida?, nooooo” –se dijo alarmada, pero no pudo evitar demostrarlo. –Santiago, definitivamente estás loco, ¿cómo es que tú quieres volver a salir conmigo?, ¿cómo puedes estar junto a mí con lo mal que me comporto? Se nota a leguas que somos muy diferentes, ¿has oído hablar del agua y el aceite?, pues… –Evelyn, sé que has estado fingiendo todo este tiempo –le dijo con frialdad. –¿Cómo? –preguntó con un hilo de voz y estuvo segura de que perdió color en el rostro. –Lo que oíste –le confirmó muy serio. –Santiago escúchame bien, yo no quiero comprometerme ni casarme contigo, de verdad lo siento, después de hoy, no vuelvas a buscarme, ayúdame por favor, dile a tu abuelo que soy insoportable, te juro que yo nunca podría hacerte feliz. –Yo pienso lo contrario Evelyn, eres auténtica, sencilla, sin poses, real y natural, podríamos intentarlo. –No Santiago, no me hagas esto por favor. –Tuvo que rogarle. –¿Tanto te desagrado? –le preguntó muy serio. –Mucho, tú no eres mi tipo para nada –le respondió con todo el dolor de su alma, porque en otras circunstancias sería ella la que le estaría pidiendo una cita. –Entiendo, de acuerdo, no te molestaré más y hablaré con mi abuelo tranquila. –Muchas gracias por tu comprensión, pero sí tengo hambre, ¿podemos comer? –Si claro. –Respondió y pensó: “Ese tipo de reacciones son las que me hacen querer saber más de ella, después de lo que declaró aún me dice que tiene hambre, es única esta mujer”. Pidieron la comida y mientras les servían cada uno se dedicó a sus pensamientos. Ella: “Me siento mal, no volveré a verlo y tengo la certeza de que voy a extrañarlo, ¿por qué Evelyn me metió en esto?, este hombre es una tentación pecaminosa ambulante y tengo que dejarlo ir, porque podría enamorarme perdidamente.” Él: “No soy su tipo para nada dice y ella es la mujer que sería perfecta para mí, con quien podría pasar el resto de mi vida porque no sabría que esperar de ella cada día. Estoy seguro de que la amaría sin reservas.” Comieron en silencio, de vez en cuando sus miradas se encontraban, pero sus ojos se esquivaban, terminaron, él pidió la cuenta, subieron al auto y Santiago tomó rumbo a la casa de Evelyn, un ambiente tenso los envolvía, al llegar ella se desabrochó el cinturón de seguridad y él también, volvieron a mirarse y él con una mano la tomó por la cintura y con el otro brazo le rodeó los hombros. Debido a la sorpresa ella se apoyó con sus manos en su pecho y sintió un estremecimiento recorrer todo su cuerpo, Santiago se acercó y tomó su boca en un beso suave, tímido, pero cuando ella separó sus labios para responderle, él intensificó la caricia y se convirtió en un beso demandante, ella fue la primera en separarse y le dijo muy quedamente: –Debemos olvidar que esto pasó –seguidamente abrió la puerta del auto y se bajó apresuradamente sin voltear atrás. –No voy a olvidarlo Evelyn, mentiste al decir que no soy tu tipo para nada, tu boca respondiendo a mi beso me reveló todo lo contrario –le contestó, aunque ella no pudo escucharlo. “¿Por qué permitiste ese beso Camila?, porque lo deseaba mucho, además fue despedida. Si claro.” –Se preguntó y se respondió mentalmente a sí misma. Camila entró a la casa y subió rápidamente a la alcoba de Evelyn, esta se encontraba durmiendo a pierna suelta, por lo que la despertó dándole unos almohadazos. –¿Qué pasa?, ¿por qué me atacas? –Terminó Evelyn, puedes estar tranquila. –¿En serio amiga?, cuéntame, ¿qué le hiciste para que te odiara? –No le hice nada, estaba planificando una tercera cita cuando me exalté mucho y le dije que estaba loco, le confesé que no era mi tipo para nada y prácticamente le rogué para que hable con su abuelo y le diga que no podemos estar juntos, finalmente aceptó y me prometió hacer lo que le pedí. –No fue capaz de hablarle del beso. –¿Entonces ya soy libre de Santiago Altamirano? –Totalmente, ahora me voy a dormir porque tengo una prueba muy temprano jovencita. –Gracias amiga de mi corazón, significa mucho para mí, lo que has hecho. –Gracias no, te dije que me ibas a deber una muy grande y algún día te la cobraré. –Y te pagaré encantada, te lo aseguro. Camila salió de la casa de su amiga conduciendo su auto lentamente porque seguía sintiendo en sus labios el beso que compartió con Santiago, había vibrado con su contacto, se estremeció con solo sentir su mano en su cintura. Desde que lo vio se imaginó un beso de su boca y lo logró sin pensar que sería el primero y el último, realmente lamentaba mucho las condiciones en que lo conoció, ahora tenía que resignarse a no volver a verlo.
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