Omega

1773 Words
Kaire Igave aguardó con paciencia que su mujer e hijos se durmieran, se colocó el abrigo y se encaminó rumbo al bosque que limitaba las tierras de los Upiros y la de los lobos, si todo salía como esperaba, tendría el tiempo preciso para regresar y dormir al menos una hora. No contaba con que la persona a la que citó se adelantara a su encuentro aguardándolo en el camino, al lobo no le gustó la intromisión, el olor a sangre que despedía la criatura demostró que acaba de comer. —No te preocupes, cubrí el aroma con magia, pero tú y yo somos diferentes, por eso puedes percibir lo que otros no. —¿Aceptarás mi propuesta? —Kaire no quería exponerse a un problema mayor, suficiente con la posibilidad de perder a su hijo. —¿Pagarás el precio? —el nigromante era una de las figuras más respetadas entre los Upiros, sin embargo, desde que conoció a Igave supo del lazo que existía entre ellos. Con los años y los pocos momentos compartidos, el lobo sabía que no importaba el lugar o el tiempo, Sarata siempre lo encontraría con sólo invocarlo. Por eso aceptó la propuesta del Upiro, su vida por el futuro de su hijo era un mínimo precio. —¿Lo entregarás a los Deum cómo te lo solicité? —Nunca me negaré a tus deseos —dijo Sarata quitando la capucha de su cabeza, Kaire sonrió porque seguía igual que la primera vez que se vieron—. Te advierto, los tiempos que vienen no serán fáciles y el cachorro tendrá que elegir entre la manada y su destinado, ¿deseas continuar con el trato? El lobo se aproximó al vampiro deslizando su mano por el perlado cabello, bajando por el blanco cuello para detenerse a acariciar la marca en la base de la nuca que le hizo en su primer celo. Igave conocía la verdadera historia del origen de sus razas, corrió con la suerte de encontrar a su destinado en el vampiro que le miraba con los labios entreabiertos y mostrando ligeramente sus colmillos mientras sus ojos grises brillaban, darse un regalo como ese antes de morir era también la despedida del lazo que sostenía con Sarata. Pasó de nuevo sus dedos por la única mordida que hizo cuando podía reconocer que era un Alpha de la categoría de los cazadores y tenía la oportunidad de combatir por el mando de su manada; sin embargo, prefirió ceder el rango a su hermano y unirse a Line, la Beta que tenía como esposa, de igual manera, rechazó la posibilidad de pelear en contra de la r**a a la que por años le presentaron como su enemiga, y tan sólo por la presencia del hombre que tenía en frente con la mano extendida e invitándolo a perderse en la lujuria propia de las temporadas de “celo” que durante años compartieron. Kaire avanzó con cuidado, se quitó la prenda y se transformó en el gigante lobo canela que de inmediato fue montado por el nigromante que recogió el abrigo para aferrarse al suave pelaje. Sarata comprendía que era la despedida, por eso compartieron sin decirse más palabras, como siempre no hubo promesas, sólo la satisfacción de unir sus cuerpos y llenarse del delicioso sabor que el orgasmo oscuro producía junto con el nudo que se formaba una y otra vez entre jadeos y leves aullidos. Al amanecer Igave se irguió para regresar a su hogar, la próxima vez que se encontraran la situación sería diferente. —Son quince días, esa noche esperaré hasta una hora antes de que Hap se ponga en el horizonte —anunció el nigromante—, debes convencer a tu hembra que lo traiga para el ceremonial. —Aquí estaremos —el nigromante negó explicándole que el pacto se cobraría en el instante que el cachorro fuese sacrificado; el lobo sonrió, era de suponer que los Upiros asegurarían el pago. Kaire escuchó lo que pasaría la noche de la presentación, el rol que cumpliría y la elección que Line debía hacer. No había forma de retractarse, abrazó al Upiro y le besó en los labios agradeciendo la ayuda. —Lo daré a los Deum para que le críen, servirá al rey de estas tierras y tendrá las mismas ventajas que tú a pesar de la jerarquía. Te prometo que lo protegeré. El lobo se despidió sin notar el dolor en los ojos grises de Sarata, estaba por dar el paso más difícil porque la propuesta implicaba que su mujer tendría que elegir entre su actual vida y una nueva en donde el nigromante le aconsejara, sus hijos también se verían afectados, recordó a Julia Maior y a Augusto Decius, los amaba a ambos por ser la representación de todo lo que Line le había dado, pero en el momento que vio a nacer al cachorro tan similar a su amado Upiro de inmediato conoció el destino que le esperaba. El aroma propio de los Omega inundó el lugar, sólo los padres podían sentirlo, y aunque la loba lo supo, decidió negar la posibilidad, así la familia seguiría sin problema alguno. Los años pasaron y el temor se volvía más fuerte, el niño era diferente a los demás, se notaba en sus gestos, en su mismo cuerpo, ya que, a pesar de acercarse a los cinco años, era tan delgado y pequeño, que muchos pensaban que estaba enfermo, por eso creció aislado por los de su edad, y si alguno se le acercaba, eran los padres de estos quienes le prohibían estar con él. Antes de llegar a la aldea prefirió bañarse en el río, cazar algo y llevarlo a la casa, cuando salió del agua, la presa se encontraba lista para ser preparada, un regalo de Sarata, lo recogió y siguió su camino. Line se regocijó por la carne disponiendo todo para prepararla con la ayuda de Julia, la loba mostraba un liderazgo nato que pronto desplazó a la mayor para tomar las riendas de la cocina, a sus catorce años demostraba que estaba lista para asumir riesgos, así que decidió quitar una de las cargas en la decisión de su cónyuge. La niña escuchó la propuesta de su padre mientras despellejaba el venado, de vez en cuando hizo una que otra pregunta, concluyó con su labor y lo colocó encima de la piedra para despresarlo. A la hora del almuerzo Julia profirió su decisión, Line derramó algunas lágrimas y aceptó sin demostrar que desconocía lo hablado por padre e hija. Dos días después marchaban a Turmeni, la adolescente sería educada por las damas de la corte, terminada la primera fase Julia tendría la posibilidad de continuar con su capacitación en una de las áreas de conocimiento Matemáticas, Humanidades, Artes o Salud, a diferencia de los vampiros, los lobos desarrollaron un fuerte apego a la ciencia y la tecnología, Sarata decía que la magia y la ciencia eran la misma cosa con diferente nombre, por eso si su hija quería seguir esa línea, deseaba que Line la apoyara. Al momento de despedirse, le entregó una carta a la abadesa, Julia debía recibirla en quince días, de igual manera dejó saldada la totalidad de la educación. Conociendo el poco tiempo que tenía, fue donde su hermano, la manada le dio la bienvenida, el menor de los Igave oyó su petición. —Hace años no nace un Omega en nuestro grupo, ¿por qué no lo traes? —Las implicaciones son muchas, por eso te pido que estés pendiente de la educación de mi hija y de Augusto, él irá como escudero de los caballeros de Turmeni —expuso Kaire a su hermano—, al menos eso se decidió cuando cumplió los nueve y ya hablé con Uwin para que se lo llevé antes de la noche de clasificación. —¿Te das cuenta que dejas a tu mujer sin forma de negarse a la petición? —el lobo asintió, siempre tuvieron una buena relación de hermanos y él era el único que conocía su secreto, por eso sabía que no lo juzgaría—. Bien, queda decidido, espero verte en el mundo de Maute cuando llegué el momento. Un abrazo y la despedida. De regreso a la aldea, Kaire Igave sabía que lo único que debía hacer era aguardar por lo inevitable. Así se cumplió el tiempo y con este la tristeza de no tener a sus hijos en la clasificación del pequeño Constancio Cicerón, esa noche de la mano de sus padres el Omega disfrutó de los juegos, la comida, los dulces y las presentaciones de los malabaristas, juglares y escupidores de fuego, vio a su padre participar en el minicampeonato de arco y flecha, mientras su madre reía y sin darse cuenta lo soltó de la mano cuando avisaron las carreras de corceles. El niño se confundió entre la gente y terminó solo en la orilla del camino sin saber a dónde dirigirse, no podía llorar, pero sentía que fue abandonado. —¿Te perdiste? —alzó su cabeza para ver un ser encapuchado a su lado donde brillaban dos ojos rojos—. Soy Sarata no tienes por qué temerme. Iba a responder, pero el grito de alguien detrás de ellos llamó su atención, era un chico con el cabello del color de Hap y en su mirada se veía un poco de cansancio. —Mi lord por favor salude a nuestro pequeño invitado, se ha extraviado de su grupo —el mayor lo observó con interés aproximándose para luego tocar su cabeza provocando un estremecimiento en el cachorro. —Es un lobo, debemos alejarnos de él —repuso el chico de unos doce años mientras Constancio se aventuró a ubicarse detrás de Sarata liberando un aroma sólo detectable por el nigromante que de inmediato separó al Upiro menor protegiendo al cachorro. Sin embargo, el chico extrañado preguntó lo que confirmó la suposición del albino—. Tu sangre despide un aroma diferente a los otros lobos, es como a… ¿manzanas verdes? El pequeño se asustó, sus padres le advirtieron nunca dejarse oler y ese vampiro descubrió su fragancia con sólo acercarse. Una nueva voz se oyó a lo lejos, Kaire y Line le buscaban, el cachorro hizo una reverencia y corrió con dirección a las luces de las antorchas, por su parte, los dos vampiros siguieron su camino al altar donde esa noche se llevaría el pacto. Sarata lo único que deseó fue que el joven a su lado no rechazara la oferta, de lo contrario todo estaría perdido, y él le fallaría a su único amor.
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