Capítulo 6: La oficina del señor Miller

1082 Words
Capítulo 6: La oficina del señor Miller Le abrieron la puerta de seguridad tan deprisa que no tuvo ni que detenerse ante ella. La guapa pelirroja de recepción se apresuró a levantarse, a punto de transmitirle alguna información hasta que él sacudió la cabeza con impaciencia. La chica cerró la boca de golpe y se me quedó mirando cuando pasamos por delante con paso enérgico. Menos mal que llegamos enseguida a la oficina del señor Miller porque vaya que lo sentí como una larga pasarela. Su secretario se puso de pie en cuanto vio a su jefe, pero permaneció en silencio al darse cuenta de que no estaba solo. —No me pases llamadas —dijo Miller, haciéndome entrar en su oficina, me quedé impresionada con el espacioso centro de operaciones de Ares Miller. Unos grandes ventanales daban una deslumbrante vista hacia la ciudad entera. Un elegante escritorio y una elegante oficina donde tenía libros y algunas cajas como de unos pedidos. Miller apretó un botón de su escritorio que empañó todos los cristales a nuestro alrededor dándonos completa privacidad ante todos. Estaba nerviosa, mis manos temblaban. Noté como se quitó la chaqueta y me quedé impresionada de ver lo bien que se veía solo con la ropa de abajo, y la colgó en un perchero. Luego volvió a donde yo me había quedado parada como todo un árbol, viéndolo. —¿Quieres tomar algo, Bella? —No, gracias. —murmuré. Señaló hacia el sofá de cuero n***o. —Siéntate. —ofreció. —Tengo que volver a trabajar.—dije. —Y yo tengo una reunión a las dos —replicó—. Cuanto antes resolvamos esto, antes volveremos a nuestros respectivos asuntos. Y ahora, siéntate. Pero que mandón que era este hombre. —¿Qué crees que vamos a resolver? Suspirando, se acercó a mí, su mera cercanía me puso los pelos de punta y mis pezones erectos, pero no me moví, ni siquiera pude pestañear. Él sonrió sabiendo que era el seductor señor Miller capaz de revolverme las hormonas y susurró: —Ya es hora de que hablemos de qué es lo que hace falta para que te me pongas debajo. A pesar de estar nerviosa, no estaba dispuesta a darle el placer de saber que e dominaba. —Un milagro. —Repliqué y di un paso hacia atrás. Él sonrió un poco ante mi respuesta, vaya que era tan candente como el mismo infierno. —¿Eres de esas mujeres que prefieren las mentiras de bajarte las estrellas y todas esas cosas en vez de ser franco en mis intenciones de querer follarte? Me quedo sin aliento, no se si reírme o mirarlo indiferente. —Lo que no quiero es que me traten como si fuera un objeto s****l, como una v****a con piernas como lo haces sentir tu —replico. Miller arqueó las cejas. —Uhm... —¿Terminamos? —pregunté. Agarrándome de la muñeca, dio otro paso hacia mí, su mirada fija en la mía oscurecida. —No. Aquí hay una poderosa atracción s****l, pero ninguno de los dos quiere comprometerse —sus ojos cayeron en mis labios—. Entonces ¿qué es lo que quieres tú... exactamente? ¿Seducción? Dejé de respirar, porque me atraía mucho y que me sedujera empezaba a revolver todo dentro de mí. Pero no se lo iba a demostrar. —Uhm, que aburrido es cuando hablan demasiado del se,xo, como si quisieran hacer de esto un negocio. Él alzó una ceja. —Quiero exponer los términos. Me rio con ironía. —Escúchese, parece que quiere negociar como poner semen dentro de una v****a en términos iguales. Eso le quita toda la pasión. Él da otro paso hacia mi, yo doy uno atrás y me pega la espalda de la pared, dejo de respirar, él sonríe. —Puedo ser una persona muy apasionada, Bella. —Voy a irme al trabajo —refuto sintiendo mi voz temblorosa, me voltee hacia la puerta pero él colocó la mano sobre la mía y sentí su pecho presionar mi espalda. —Señor Miller —jadee en un susurro al literalmente sentirle TODO. Estaba caliente ¿Cómo podía ponerme tan calenturienta un hombre que apenas había conocido hace nada? —Date la vuelta, Bella. Cerré los ojos contra la oleada de excitación que me produjo aquel tono autoritario. Estimulaba el salvaje deseo que yo sentía por él. Le deseaba. Mucho. Pero no me convenía, lo sabía. Sabía muy bien que todo se iría a la mierda si cedía ante él. Apoyé la frente de la puerta. —Déjeme ir —susurré sintiendo que ni siquiera yo quería mi ruego. —Ya lo hago. —dijo en doble sentido. Me rozó detrás de la oreja con los labios, jadee arqueándome contra él. Podía sentir la dureza de su miem,bro contra mí. —¿Por qué tiemblas? —susurró—, ven, mírame a los ojos y pídeme que te suelte. Tragué pesadamente saliva y me voltee hacia él. Él sonrió, como si supiera que ahora estaba mucho más vulnerable que antes, a punto de rendirme ante él y sus peticiones. Joder, pero es que este hombre era capaz de ponerme a mil en un segundo. Él acarició mi cintura y murmuró: —Me muero por besarte, ¿puedo hacerlo? Me lamí los labios secos y entonces mirando sus labios me eché hacia adelante y lo besé intentando olvidar esta tortura del deseo, pero creo que fue peor porque solo la aumenté, suspiré sobre su boca cuando su lengua entró para jugar con la mía, todo empezó a volverse salvaje, más posesivo, sus manos estaban en todas partes. Mi corazón empezó a latirme desenfrenado, mordió mi labio inferior y jadee en su boca cuando colocó una mano por debajo de mi pierna subiéndola y la dejó ahuecando mi culo y apretándome contra su erección. —Te deseo, Bella. No puedo evitarlo. Yo tampoco podía evitar esta dolorosa atracción que sentía con él. Respondí a su beso como si fuera a comérmelo vivo. Sus manos me tocaron sobre la camisa, y luego estaban otra vez debajo de mi falda, alzándola hasta que se dobló sobre mi cintura, separé las piernas cuando su mano fue al medio de mis bragas y sus dedos me rozaron encima de la tela, joder como necesitaba que me tocara debajo de esta. Jadee como una completa demente, y entonces de repente, se apartó de mí, cuando se escuchó una voz dentro de la oficina...
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