Capítulo 2

2681 Words
Luka No sabía cuántas copas llevaba, quería olvidar la mierda de vida que vivía, quería que mi cerebro fuera una goma de borrar como esas que usaba en el colegio cuando era pequeño, quería borrar todo y empezar de cero hasta que la vi, pero no podía seguir mirándola, desvíe la mirada a mi copa y mientras mi cerebro rememoraba parte de mi historia mis ojos se quedaron en blanco. (Dos horas antes) — ¡Si me dejas te arruino la vida! ¡Te vas a acordar de mí por el resto de tus días! ¡Jamás tendrás paz, porque yo no lo permitiré! — Naysa…— respiré profundo e intenté mantener la calma —.Las personas nos enamoramos, nos casamos, tenemos hijos… —«en nuestro caso fue al revés» pensé—. Construimos una familia…, pero a veces ese amor y ese compromiso de seguir siendo una familia se transforma. Nosotros no lo hemos sabido hacer…, no te estoy culpando de nada, los dos hemos tenido que ver en esta relación. Lo único que te pido es que hagamos las cosas bien, tenemos un hijo, y quizás tú y yo no volvamos a ser pareja, pero siempre seremos los padres de Kai. —Siempre seremos pareja Luka, yo no permitiré que te largues como haces siempre y me dejes, y… deberías de pensarlo mejor si quieres seguir viendo a Kai—los gritos de Naysa perfectamente podían romper el tímpano de mis oídos, por lo que llevé mis manos por instinto y los cubrí. — ¿Piensas que me vas a seguir reteniendo con la amenaza de no ver a mi hijo? Recuerda que siempre seré su padre. —Un padre ausente, un padre que siempre está en sus misiones, un padre que si no está conmigo tampoco estará en la vida de su hijo. — ¿Sabes que en nuestras discusiones anteriores me replanteaba las cosas cuando me decías esto? Pero ahora ya no, ahora he entendido que mi hijo siempre será mío, así que has lo que creas conveniente, en algún lugar habrá alguien que me escuchará y me dará la razón. —Papá… ¿Estáis peleando de nuevo? —No campeón, papá y mamá solo dialogan. — ¿Dialogan? ¡No me hagas reír! —clavó su mirada en Kai—.Tu padre se va de la casa Kai, pero no por ese maldito trabajo que tiene, nos deja, ya no somos importantes para él, la nación es más importante que nosotros —Naysa se había transformado completamente después de tener a Kai, por un lado, habían sidos los años más felices de mi vida como padre de un ser maravilloso, pero por el otro, nuestras vidas era un infierno, nunca debimos casarnos y por eso fue por lo que decidí irme, a mi hijo no le hacía bien esos enfrentamientos. —Hijo…—me agaché a su altura y lo miré a los ojos—. ¿Recuerdas lo que hemos hablado? ¿Recuerdas que te he dicho que tienes que ser fuerte? ¿Recuerdas que tú eres lo más importante de mi vida? ¿Qué esto que estoy haciendo es para que los tres estemos bien? —Kai asintió con la cabeza, tenía casi siete años, era un niño muy inteligente. Lo cogí en brazos y lo llevé a su habitación, me quedé junto a su cama hasta que se durmió, cuando lo dejé dormido cerré la puerta con cuidado y regresé al salón, Naysa estaba con una copa de whisky en sus manos. —Lo único que te voy a pedir es que no pongas a mi hijo en mi contra, porque no sabes de lo que soy capaz. — ¿Me estás amenazando? —preguntó con burla. —Tómalo como quieras—dije y me dirigí a la habitación a recoger las pocas cosas que me quedaba, hacía tiempo que los hoteles se habían convertido en mi casa, esa ya no lo era. Mientras hacía las maletas para dejar la casa en la que casi no había vivido desde que nos casamos, de eso hacía casi ocho años volví sobre mis recuerdos. Naysa era una mujer hermosa, aún lo era, a pesar de haber sido madre seguía conservando esa belleza, por eso aquella noche le tiré los tejos y un polvo de unos minutos en el baño de una discoteca se convirtió en un matrimonio sin amor de casi ocho años y un hijo de casi siete. Fuimos irresponsables y Naysa se quedó embarazada por lo que tuvimos que hacer frente a un matrimonio y a una vida en común, solo que por mi condición yo había disfrutado muy poco de esa vida. Tuve que taparme los oídos, nuevamente porque los gritos de Naysa llegaban y me torturaban. Había tomado la decisión más difícil de mi vida, pero no se podía vivir en el infierno y mi mujer era el infierno, así que después de dejar las maletas en el coche conduje sin rumbo fijo, esa noche quería desaparecer, quería ser alguien desconocido, esa noche quería olvidar quien era, la miseria en la que se había convertido mi matrimonio. Era consciente de que vendrían tiempos difíciles, consciente de que vería a Kai cuando un juez así lo dispusiera si no llegaba a un acuerdo con Naysa, consciente de mi condición, consciente de que las leyes de España brindan mucha protección a la mujer y más cuando el padre no cuenta con tiempo suficiente para estar con su hijo, como era mi caso, pero yo era su padre y eso nadie lo podría cambiar, ni siquiera Naysa, la mujer que se había convertido en alguien muy diferente a esa dulce chica que un día llegó muerta de miedo a contarme que estábamos esperando un hijo. Mientras conducía sin rumbo fijo tenía la extraña sensación de estar solo en medio de la nada. Las luces de Madrid me parecían muy lejanas, la noche era fría, lluviosa, no había una sola persona en la calle. Me hubiese tirado toda la noche conduciendo de no ser por el letrero en neón que estaba delante, en el, se podía leer; Noches Vip, un trago me haría olvidar todas mis mierdas, mis miedos y ver algo diferente, así que aparqué mi coche y entré, me dirigí a la barra y pedí una copa mientras miraba a la mujer que se deslizaba por el tubo como si hubiera nacido encima de él. Había tanta compenetración entre mujer y tubo que mis ojos no se podían apartar. Lo hice cuando el camarero me habló. — ¿Es guapa no? —dijo el camarero en forma de pregunta. —Tiene una muy buena relación con el tubo —contesté obviando su pregunta. —Sí, es la mejor, baila el Pole Dance como ninguna, pero no te hagas ilusiones, ella solo se entiende con el tubo, ¿Ves todos esos señores sentados en primera fila? —preguntó el camarero señalando con un dedo —. Vienen siempre que ella actúa y ninguno ha logrado llevársela a su terreno. —Querrás decir a su cama. —Es lo mismo. Me quedé observando con la profesionalidad que terminó su número y se dirigió a las mesas donde estaban sentados los señores que mencionó el camarero y a leguas se podía ver que todos la querían para ellos. La miré un momento, la verdad que la mujer era hermosa y tenía un culo que daban ganas de perderse en él, pero esa noche mi problema no era la falta de una mujer, mi problema era librarme de una sin hacer daño a mi hijo, ni a ella. Pero los ojos nunca hacen lo que se les ordena, porque los míos seguían mirándola a pesar de decirle que no, que no pasaran su mirada por ese cuerpo de infarto y ese culo que pedía ser mordido. La mujer tenía un color de piel escandaloso, era un bronce precioso, debía ser su color natural o los potingues esos que usan las mujeres tenían más trucos que cualquier mago para hacer que la piel se le viera de esa manera. Cuando se acercaba a una de las tantas luces que brillaban en el club su piel cambiaba de color, pero seguía siendo irreal, tan irreal que me pasé las manos por mis ojos cansados, no de mirarla, sino de mirarme yo, mirar quien había sido hasta ese momento. Escuchaba en lo gritos y vítores de los presentes que se llamaba Malena, otros gritaban Lola, no estaba seguro de cuál era su nombre real, deduje que era un misterio al igual que sus ojos, su piel y su forma de comportarse. Dejé de mirar a la mujer del tubo y tomé un trago de mi copa, volví a rememorar por unos segundos mi vida, lo que había sido, lo que soy y en que no quería convertirme. No quería ser un hombre infeliz por el resto de mi vida, no quería seguir viviendo el infierno que acababa de dejar atrás, Naysa ya me odiaba desde antes, porque solo quien odia es capaz de comportarse como ella lo hacía. No me consideraba una persona egoísta por tomar tal decisión, todo lo contrario, lo que había hecho ha sido por el bien de Kai, la unica persona que me importaba. Quería que mi hijo fuera un hombre con valores, capaz de enfrentar las adversidades, tal como yo lo hacía y en el hogar que le estábamos dando no lo iba a conseguir, solo se convertirá en un ser inseguro, con miedos y yo no quería eso él. Perdí la cuenta de las copas que me tomé, pero no estaba borracho, el club seguía a reventar, miré mi reloj y marcaba las cuatro de la madrugada, pensé que ya era hora de volver a mi hotel y echar la mona. Pagué la cuenta y me dirigí a la salida, pero antes de llegar a la puerta cambié de dirección, no sabía a donde iba, solo quería verla por última vez. Si salía mal podía justificar que estaba borracho, pero yo sabía que no, sabía perfectamente lo que hacía. Empecé a abrir y cerrar puertas hasta que vi una donde la luz se colaba por debajo y allí estaba ella, desnuda, hermosa, altiva, al parecer se estaba cambiando de ropa para irse. De cerca era más hermosa, esa mujer no parecía real, ojos claros, labios carnosos que me pedía que los besara. Nos miramos a los ojos, tenía ganas de tocarla a ver si era real, pero no pude moverme de donde estaba. Levanté la mano para tocarla y la bajé de nuevo, todo aquello me parecía una locura, pero cuando bajé mi mano y la metí en mi bolsillo ella levantó la suya, tenía unos dedos largos con unas uñas que no encajaba con el baile, eran cortas, arregladas y tenían un esmalte crudo. ¿Qué coño quería? ¿Qué hacía yo allí, pareciendo un novato? tan solo quería… ¿Qué quería? No lo sabía, no sabía ni siquiera que hacía en ese club, menos en esa habitación. — ¡Que mierda! —gruñí acercándome. Tenía que tocarla, era más fuerte que yo Mis dedos solo tocaban la yema de los suyos, pero nuestras miradas seguían en la misma dirección, nos fuimos acercando, en realidad no sé si fui yo quien se movió o fue ella, el hecho es que llevé una de mis manos a su pecho, sus pezones parecían puntas de estrellas, estaban erectos y sentir su dureza resquebró la poca cordura que tenía, así que llevé mi boca a la suya y nuestras lenguas empezaron un juego s****l mientras que mis dedos seguían tocando la punta de sus pezones. Detrás de ella había un tocador con un gran espejo donde me vi, ese hombre no se parecía a mí, yo intentaba ser un tipo normal, pero ese que me miraba parecía un animal salvaje, ¡que mierda! Era precisamente lo que quería ser, un salvaje para no pedir permiso. La cogí por el costado y la subí en el tocador, sentí como todos los potingues caían derramados por el suelo. Sus piernas estaban a cada lado de mi cuerpo. Era un cabrón lo sabía y encima con unas cuantas copas en el cuerpo, eso no justificaba mi acción, pero para que algo funcione solo hace falta dos personas y no había visto un atisbo de negación por parte de ella. La mujer llevaba una diminuta braga, la cual bajé por sus interminables piernas sin ningun problema, era experto en muchas cosas y bajar bragas era una de ellas. Era un diminuto hilo que guardé en el bolillo de mi chaqueta. Metí uno de mis dedos. Estaba completamente húmeda, el olor que desprendía era como una droga para mis sentidos. Seguí oliéndola, llevé mi cara hasta su nuca, el olor de su coño se mezclaba con su olor corporal y era una maldita droga para mis sentidos, tenía ganas de beberla toda, por completo. Llevé mi boca a sus tetas y lamí su areola, a medida que lo hacía la mujer se entregaba toda por completo, la tenía en mis manos y en mi boca para hacer con ella lo que se me diera la gana. La miré a la cara, tenía los ojos cerrados, no quería hablarle, no quería decirle que abriera los ojos a una mujer de la que solo sabía que bailaba como los dioses y que se escondía detrás de nombres falsos. Llevé una mano a sus ojos y los abrí, quería que me mirara, quería que no se le olvidara mi cara, quería que viera lo que pensaba hacerle y cuando se derramara que viera quien se lo había provocado. La miré de nuevo para asegurarme de que observaba mi próximo movimiento. Sin dejar de mirarnos llevé mi boca a su coño y sustituí mi mano, empecé darle sexo oral y ella se movía tanto que tuve que llevar mis manos a su cintura para mantenerla quieta. Se abrió como una flor y fue la puta sensación más perversa que había tenido, cuando se derramó era una marioneta en mis manos. Yo llevaba ventaja sobre ella, por lo menos sabía dónde bailaba, sabía de su relación con el tubo, pero ella de mí no sabía nada, tan solo era un hombre que había entrado a ese lugar a tomar unas copas para no quitarme de en medio por la vida de miseria que estaba dejando atrás. No tenía pensado encontrarla, cuanto menos tener sexo, pero nada estaba escrito, así que, si lo encuentras encárgate de ser agradecido y hazlo bien. Con ese pensamiento coloqué sus piernas en mi hombro y me introduje despacio, sin dejar de mirarla. Fue la sensación más jodida de mi vida, tenía unos cuantos meses que no tenía sexo, la relación con mi mujer estaba muerta desde hacía mucho, esa no era una excusa, cuando me apetecía lo encontraba, pero hacía semanas que estaba en una misión secreta y solo mi mano me acompañaba en las noches frías y oscuras. Sentir mi pene apretado dentro de ella fue como una catarsis, por lo que empecé a entrar y salir desenfrenadamente. En ningun momento dejamos de mirarnos, de besarnos de saborearnos de dar lo que teníamos, yo no tenía nada, tan solo era un hombre roto, ella no sé qué tanto tenía para dar. Las cosas buenas no duran para siempre y me derramé como nunca. No recordaba haberlo hecho de esta manera, así que me llené de miedo, estaba saliendo de un matrimonio complicado y eso era lo que menos falta me hacía, Saqué mi pene flácido y la miré a los ojos, no habíamos hablado media palabra, nuestras cuerdas vocales solo habían emitido suspiros y gritos de placer. Subí mi vaquero, la miré de nuevo y salí sin una despedida, sin un ha sido un placer, sin un nos volveremos a ver, y ni siquiera un me gustó ver tu relación con el tubo, ¿Me había comportado como un hijo de puta? Lo era, esa era mi seña de identidad.
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