Dante volvió a abrir los ojos lentamente bajo una luz tenue y borrosa que tardó varios segundos en dejar de girar sobre su cabeza. El silencio de la habitación apenas era interrumpido por el sonido constante del monitor cardíaco y la lluvia golpeando suavemente los ventanales del hospital. Sentía el cuerpo pesado, como si todavía siguiera atrapado dentro del impacto, y cada movimiento le dejaba una presión incómoda detrás de los ojos que terminaba mezclándose con el resto de la confusión. Lo último que recordaba era el auto perdiendo estabilidad. Después humo. Ruido. Nada más. Intentó incorporarse apenas y una punzada brutal le atravesó inmediatamente la cabeza. —No se mueva todavía. La enfermera apareció enseguida junto a la cama revisando los monitores mientras Dante volvía a rec

