CAPITULO XIX

1316 Words
3 MESES DESPUÉS ISABELLA ¡Bang! Bang! Bang! Los disparos dan justo en la cabeza del blanco que tengo frente a mí. —¡Joder! Harper, te has vuelto muy buena en esto —el agente Samuel Sallow, el mismo que me habló con desprecio aquel día, se ha convertido en mi mentor. He entrenado sin descanso, aprovechando la oportunidad que me dieron, una que tuve que ganarme a pulso. —¿Qué has sabido de Black? —pregunto, quitándome los protectores de los oídos. —Nada hasta el momento. Parece que se lo hubiera tragado la tierra —responde, dejando su arma en la encimera. Aprieto los puños con fuerza, sintiendo las uñas hundirse en mis palmas, pero el dolor físico es insignificante comparado con el torbellino que ruge dentro de mí. Meses atrás, se organizó un operativo para capturarlo en la mansión donde me mantuvo cautiva. La esperanza de verlo caer, de verlo pagar por todo lo que hizo, me sostuvo en aquel momento. Pero el muy maldito ya no estaba ahí. Siempre un paso adelante. Siempre escapando como la sombra que es. La frustración me asfixia. Cada pista que seguimos se convierte en cenizas entre mis dedos. No dejo de preguntarme si algún día podré alcanzarlo… o si él regresará primero para terminar lo que empezó. Como si la cacería no fuera suficiente, se ha desatado una guerra entre la mafia rusa y Dominic. No sé qué la provocó, pero el derramamiento de sangre ha sido brutal. Calles convertidas en campos de batalla, cadáveres abandonados como advertencias, alianzas que se desmoronan bajo el peso de la violencia. Es una masacre sin control, y lo peor es que Dominic no parece dispuesto a detenerse. ¡Joder! Me limpio el sudor de la frente, sintiendo mi pulso acelerado. He exigido demasiado de mí en estos 3 meses, empujándome al límite una y otra vez. No hay espacio para el descanso, no cuando el peligro acecha en cada esquina. Pero… ha valido la pena. Cada movimiento, cada sacrificio, cada herida ha dado frutos. Estoy más cerca que nunca. No pienso detenerme. Miro la hora. Se me hizo tarde. Beatrice debe estar esperándome. Tomo una ducha rápida en los vestidores y me pongo ropa ligera. Me convertí en agente de la DEA, y gracias a la información que poseía sobre Dominic, hemos logrado interceptar varios cargamentos. Lo estamos acorralando poco a poco; el muy infeliz debe estar desesperado. Tuve que mudarme de aquel pueblo y traje a Beatrice conmigo. Jack era todo lo que ella tenía, así que tomé esa responsabilidad para mí. Es una ternura de mujer que se ha ganado todo mi amor. Salgo en mi auto y conduzco de vuelta a casa. Al llegar, Beatrice está sentada en el sillón de la sala de estar. Luce hermosa. Se ha arreglado el cabello y sostiene un enorme ramo de flores entre sus manos. —Llévame con él —me dice con los ojos cargados de tristeza. Asiento con la cabeza. Tomo su brazo y la guío de vuelta al auto. Cuando la ayudo a acomodarse en el asiento, subo al lado del conductor. Hacemos esto cada semana, y nunca deja de ser difícil. El dolor permanece intacto. Después de un rato, llegamos al cementerio. Salimos del auto y camino junto a Beatrice, sosteniéndola del brazo. Me fue permitido darle sepultura a las cenizas de Jack. Decidimos enterrarlo junto a su madre. —Hijito… —Beatrice se sienta sobre la tumba con mi ayuda y coloca las flores frescas, retirando las marchitas. Su llanto, como en otras ocasiones, se apodera de ella. En cuanto a mí, he llorado tanto que ya estoy seca. Lo único que me mantiene firme es el deseo de venganza contra el monstruo que me arrebató al hombre que amaba. Mi mano va hasta su espalda y la acaricio suavemente. —Tranquila, viejita. Todo estará bien —susurro. Me incorporo de nuevo, cruzando los brazos y mirando las copas de los árboles moverse con el fuerte viento. "Quiero besarte… tocarte… y hacerte el amor como ningún otro hombre lo ha hecho, conejita" "Quiero venerar cada centímetro de tu cuerpo y tratarte como lo que realmente eres... un valioso tesoro" La voz de Jack inunda mi mente, igual que tantas otras veces, haciéndome suspirar. El recuerdo de mis labios sobre los suyos sigue intacto, y la fantasía de una vida a su lado, que nunca podré tener, amarga mi corazón. ¿Y si nos hubiéramos conocido en otras circunstancias? ¿Seríamos felices? ¿Tendríamos hijos, una familia… vidas normales? —Perdóname, hijo. Debí decírtelo todo —los sollozos de Beatrice me devuelven a la realidad—. Tu madre me hizo jurar antes de morir. —Beatrice… ¿estás bien? —Su cuerpo se estremece con fuerza. Me arrodillo frente a ella y la tomo por los hombros—. Tranquila, viejita. ¿Qué pasa? ¿De qué estás hablando? —Debí decírselo. La abrazo y luego la ayudo a levantarse. Cuando está más calmada, la llevo a una cafetería. Es allí donde me revela una verdad que no esperaba. El hombre que Jack creyó su padre durante años… no lo era. Por eso el desprecio y el maltrato hacia su mamá. Ella lo engañó con otro. ¡Joder! Esto me ha caído como un balde de agua fría. Mi mente comienza a maquinar. —Entonces… ¿quién era su padre? —pregunto, observándola negar con la cabeza. —No lo sé —suspira—. Ella nunca me lo dijo. Yo tampoco había hablado sobre esto hasta hoy. Quizás si Jack lo hubiera sabido, su vida sería otra… No lo sé. Toma la taza de té frente a ella y bebe despacio. ¿Quién podría ser ese hombre? Mi mente empieza a sacar conclusiones alocadas… ¿Y si Jack y el maldito de Dominic son hermanos? No, no, eso no sería posible… ¿o sí? Salimos de la cafetería cuando la oscuridad ya ha cubierto el cielo. Vamos de vuelta a casa. Al llegar, preparo una cena rápida para Beatrice. Estas salidas la agotan por completo y debe descansar. Siempre la vi llorar, pero pensé que era solo porque extrañaba a Jack. Hoy me doy cuenta de que no es solo eso… Se siente culpable. Piensa que, si al morir la madre de Jack él hubiera buscado a su verdadero padre, su camino habría sido otro. Pero… ¿y si su padre era Sebastian Black? El mismo enfermo que crió a Dominic y lo convirtió en el monstruo que es. Al fin termino de preparar la comida y la llevo hasta su habitación. Ella sigue sentada en la cama, pensativa. —¿Y tú ya comiste, Isa? —sonríe con ternura. Escuchar la forma cariñosa en la que dice mi nombre me llena el corazón. —Trataré de hacerlo, lo prometo. La verdad, en los últimos meses mi apetito ha desaparecido, pero debido a la exigencia física me veo obligada a alimentarme constantemente. Aunque no quiera y cada bocado me resulte insoportable. Salgo de la habitación para dejarla comer tranquila. El móvil suena en la mesita de la sala de estar. Corro a contestarlo. En la pantalla aparece el nombre de Arian Brunner. —Habla Harper. —Tenemos información de que Dominic Black va a reunirse con otro hombre en un bar nocturno esta noche. Hemos preparado un operativo para capturarlo. Te veo en una hora. —Allí estaré. Cuelga sin decir nada más. Con el tiempo, me he acostumbrado a la frialdad de Arian. Habla solo lo necesario, no es muy sociable, pero es un excelente agente. Escribo de inmediato un mensaje a la chica que se queda con Beatrice cuando yo no estoy, para que venga y pase la noche con ella. Camino al baño para prepararme. Esta noche vas a caer, Dominic. Esta vez no podrás escapar de mí.
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